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Miércoles , 24.04.2019 / 23:48 Hoy

Apuntes pedagógicos

Red de formadores de docentes

Alfonso Torres Hernández

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El énfasis en la concurrencia y la consiguiente competitividad en las políticas educativas plantean un eventual conflicto entre las estrategias de formación docente desarrolladas por lustros, en el sentido más amplio del término, y las propuestas de innovación del ejercicio docente que se han venido impulsando fuertemente en los últimos años. Ante esta tensión, surge la interrogante ¿Cuál debe ser el sistema de formación docente más apropiado para un nuevo orden mundial cuyo principal valor de referencia es la competitividad? Una tendencia hacia una formación docente reflexiva y crítica, parece ser una respuesta.

En este sentido, el modelo hermeneutico-reflexivo supone a la enseñanza como una actividad compleja, en un ecosistema inestable, sobredeterminada por el contexto –espacio-temporal y sociopolítico—y cargada de conflictos de valor que requieren opciones éticas y políticas. El docente debe enfrentar, con sabiduría y creatividad, situaciones prácticas imprevisibles que exigen a menudo resoluciones inmediatas para las que no sirven reglas técnicas ni recetas de la cultura escolar. Vincula lo emocional con la indagación teórica. Se construye personal y colectivamente: parte de las situaciones concretas (personales, grupales, institucionales, sociopolíticas) que intenta reflexionar y comprender con herramientas conceptuales y vuelve a la práctica para modificarla. Se dialoga con la situación interpretándola, tanto con los propios supuestos teóricos y prácticos como con otros sujetos reales y virtuales (autores, colegas, alumnos, autoridades). Sus textos son “pre textos”, que posibilitan y generan conocimientos nuevos para interpretar y comprender la especificidad de cada situación original, que también se transforma. Se llega así a un conocimiento experto, el mejor disponible para dar cuenta que aquella practica primera, ahora ya enriquecida y modificada; posible portadora de eventuales alternativas, de un nuevo dinamismo transformador. (PÉREZ GOMEZ, 1996)

Recupero, en esta lógica, la idea de Casalet y Casas (2000) de que las redes constituyen los vínculos que ligan los conjuntos de actores diferenciados a través de relaciones implícitas o explícitas que desde el simple conocimiento hasta la cooperación. De esta forma, las redes no son el resultado de la voluntad de un solo actor, sino que responden a un plan estratégico donde cada uno participa en un conjunto de interacciones con otros actores relativamente autónomos motivados por un interés propio, situación que demanda ajustes continuos y adaptaciones mutuas.

Las redes de formadores de docentes, vistas como un campo de articulación, son una actividad que consiste en una revisión crítica de los problemas que presentan las prácticas pedagógicas y de gestión que apuntan, a través de su análisis, al fortalecimiento de la tarea docente, y a inducir nuevas motivaciones y actitudes profesionales. En tanto campo articulado, las redes también se constituyen en instancias de información y de profundización de las políticas educativas y de las demandas sociales e institucionales. Una red de formadores de docentes, en este sentido, pone énfasis en las innovaciones que tienen lugar en la política educativa, en el campo pedagógico y de gestión, en los respectivos campos de la práctica educativa, así como en la interdisciplinariedad.

La red de formadores de docentes como elemento de formación docente permanente, constituyen un proceso continuo de preparación de profesionales para una tarea específica: la docencia. En este marco de ideas, puedo decir que el rol del formador comprendería el diseño, puesta en práctica, evaluación y ajuste permanente de acciones adecuadas de su función para el desarrollo integral de los docentes, a través de la promoción del aprendizaje y la construcción de saberes, habilidades y actitudes dentro de un marco innovador. Este rol requiere de formadores que, con una adecuada formación científica y humanística, asuman una actitud de compromiso social e institucional para ser capaces de elaborar líneas de intervención que surjan de interpretar realidades, definir problemas, actuar dentro de ciertos márgenes que no son absolutos y ante situaciones específicas, únicas e irrepetibles.

Frente a las exigencias del desempeño del nuevo rol profesional y a los problemas que presenta la formación actual, el objetivo de la red de formadores de docentes debe ser la construcción y el fortalecimiento de la capacidad de decisión en el marco de un nuevo modelo institucional de formación docente en el cual ejerzan su rol en interacción con los demás agentes del proceso educativo y asuma la corresponsabilidad en la elaboración y aplicación de los objetivos, prioridades y programas del planeamiento institucional.

Finalmente, es pertinente expresar en estas breves ideas, que con el propósito de lograr desarrollar estas destrezas en los formadores de docentes, se requiere el desarrollo de un sujeto con pensamiento estratégico, intuitivo y creativo que no se resista al cambio y que provea para ir produciendo las respuestas continuamente, así como ajustándose con la época. Por consiguiente, mediante el establecimiento de un nuevo modelo formación docente, en el que se incorporen las nuevas tendencias, se aspira a desarrollar un formador capaz de resolver situaciones y problemas a través del proceso de investigación en acción (alternativa de apoyo para la construcción de una red de formadores de docentes).

torresama@yahoo.com.mx

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