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Jueves , 18.04.2019 / 20:52 Hoy

Apuntes pedagógicos

Racionalidad y modernidad

Alfonso Torres Hernández

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Agnes Heller (2002) menciona que en la sociedad moderna, el futuro del presente, depende en gran medida, de los actores del presente, puesto que estos refuerzan una lógica de la sociedad frente a otra, y viceversa. La contradicción inherente a las lógicas heterogéneas se "resuelve" finalmente, pero sólo para reaparecer en un plano diferente y en diversos subsistemas. Esta es precisamente la razón de que la historia moderna (la Historia) se caracterice por la negación de la negación. En este sentido el proyecto de la modernidad surgido en la Ilustración pretendió transformar un orden social regido por la tradición y la religión en otro diseñado racionalmente para servir un ideal de justicia universal. En esta nueva sociedad racional los individuos actuarían de acuerdo con el ejercicio individual de la razón. La idea de modernidad está asociada con la de racionalización. Renunciar a una equivale a rechazar la otra. La modernidad ha hecho de la racionalización el único principio de la organización de la vida personal y colectiva al asociarlo al tema de la secularización, es decir, prescindiendo de toda definición de los "fines últimos" (Touraine, 1999). Este ejercicio debía conducir a la generación de normas de comportamiento de validez práctica universal; es decir, constitutivas de unos órdenes justos en el cual todos los seres humanos fuesen tratados como fines en sí mismos. De este modo, la razón conduciría la discusión del los fines institucionales en el foro político del que, continuamente, se alimentaría el orden social racional. El ejercicio individual de la libertad, bajo esta concepción, era la voluntad y la capacidad de usar la razón como guía del comportamiento individual en contra de los mandatos provenientes de las inclinaciones corporales y de la tradición que resultaran opuestos a los mandatos de la razón.

Desde este marco de racionalidad, de naturaleza utilitaria, se da por supuesto que el individuo elige y calcula los medios y fines en función de la máxima utilidad o por la máxima utilidad esperada.

El tipo de intenciones que plantea la modernidad son muy visibles en el modelo neoliberal de la actualidad, que ha implementado que sea la lógica del mercado quien guíe las decisiones en los distintos ámbitos de la vida social. En esta idea instalo a la racionalidad instrumental, aquella que llevo a América Latina a lo que se denomino como década perdida en salud, educación y desarrollo social.

La racionalidad instrumental la percibo como aquella que permite el cálculo de la relación entre medios y fines. Hace posible la eficaz movilización de los recursos para alcanzar un determinado fin, y la elección de las estrategias más conducentes a ello. La ciencia y la técnica brindan los elementos para el pleno ejercicio de la racionalidad instrumental. La lógica de la empresa capitalista se basa también en esos principios ya que tiene su sustento en aplicar los medios más conducentes para obtener la mejor tasa de ganancia posible. La revolución industrial y la modernidad son el resultado de la unión entre la ciencia, la tecnología y ese afán de lucro de los empresarios capitalistas.

Poniéndose en contra de quienes adoptan una actitud pesimista respecto a la modernidad se encuentra Jürgen Habermas, teórico social, también alemán, que participó de la última etapa de la Escuela de Frankfurt. Para Habermas, la razón que se impone a partir de la modernidad, tiene dos variantes, una dimensión instrumental, y una dimensión sustantiva. La dimensión instrumental corresponde al desarrollo de las fuerzas productivas, el mismo que se ha convertido en objetivo central de las políticas de gobierno de todos los sistemas políticos del mundo. La dimensión sustantiva, corresponde a las facultades de comunicación intersubjetiva entre las personas, la formación de la cultura y la integración social, que deberían de darse plenamente en toda sociedad.

Es así, como Habermas, plantea que el proyecto de la modernidad debe comprenderse de dos maneras: como desarrollo de la razón tecnológica, científica (como producto lógico del desarrollo burgués), pero también como razón comunicativa, no instrumental. Esto se debería a que la modernidad como proceso ambiguo tiene también un aspecto humano y cultural, irreductible a lo técnico. Así, la modernidad tendría que ver con un proyecto inacabado o inconcluso, relacionado con aquellos ideales pedagógicos de la Ilustración europea (S. Arriarán, 1998). Tal vez en esto último radique el origen de los planteamientos postmodernistas, que señalan que la modernidad incumplió las promesas de progreso y desarrollo.

Iniciado el siglo XX, esta valoración de la ciencia y la técnica (racionalidad instrumental) como herramienta de emancipación y transformación social es agudamente criticada por autores como Nietzsche, quien somete a un duro juicio los fundamentos antropológicos, éticos, estéticos y político-sociales de la modernidad. A la luz de su crítica, la modernidad constituye un universo de discursos, de subjetividades, de representaciones sociales y mitos con los cuales el hombre moderno expresó su nueva condición y su comprensión de la historia.

torresama@yahoo.com.mx

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