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Martes , 23.04.2019 / 11:56 Hoy

Apuntes pedagógicos

Políticas para mejorar la función supervisora

Alfonso Torres Hernández

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La investigación de las prácticas de supervisión y el orden institucional, me ha permitido adentrarme a la complejidad de la función del supervisor escolar, desde la mirada de distintos procesos y actividades que desarrolla, mostrándonos las variaciones que puede tener en los roles que juega y implicaciones que su presencia genera en los sujetos y en los procesos. Reconozco que el cambio en ellos depende de una modificación de las estructuras institucionales. Si bien no intento a analizar aquí los múltiples y vertiginosos cambios que caracterizan las políticas educativas, si es mi pretensión apuntar algunas cuestiones que pueden ser consideradas para mejorar la función supervisora en el nuevo proyecto educativo:

• La supervisión escolar debe ser vista y considerada como una unidad de cambio, con sus particularidades y necesidades propias. Por tanto, cada una de sus dimensiones requiere de atenderse desde un enfoque sistémico, continuo, planificado y sistemático, que no desconozca el análisis de las situaciones sociales de orden cualitativo ni la relación de la práctica con la teoría, como hasta ahora los han hecho los proyectos políticos en el campo educativo.

• La evaluación institucional de los procesos de supervisión, necesitan transitar hacia una cultura más clara de comunicación de resultados, situación ausente en la legislación del ramo y a la cual se suman las lagunas existentes en el proceso de descentralización. Con ello, se esperaría que las políticas de evaluación tuvieran sentido de mejora. En este proceso, emerge de manera relevante la autoevaluación como base de la mejora continua y mecanismo de participación.

• La cultura organizacional de la supervisión debe mirarse en forma integral y reconocer que el ambiente institucional que rodea las zonas escolares debe modificarse desde distintos ángulos que alcancen y generen la participación de los docentes, en lo colegiado y en lo individual, prácticas educativas más pensadas, espacios de formación diversos y una búsqueda constante por la innovación. A lo anterior se agrega la suficiencia de recursos para poder desarrollarlo.

• La organización de una supervisión escolar está basado en dos elementos que se retroalimentan: la estructura y la cultura. No es posible analizar y tomar decisiones sobre la cultura sin ver la estructura al mismo tiempo, y a la inversa, no es posible cambiar la estructura sin haber sopesado los efectos culturales que esto puede generar. No es posible trabajar sobre el comportamiento organizacional sin antes haber considerado el marco estratégico y fundamentalmente, los modelos culturales. El punto de partida es tener una visión clara: el marco estratégico diseñado, un posicionamiento enfocado, las trayectorias trazadas, y la habilidad para lograrlo.

• El supervisor escolar debe ser un líder situacional estratégico que pretende desde su posición hacer una reestructuración o un cambio cultural, buscando la forma más natural, que es trabajar con la personas, una forma nueva de manejar la organización. Un liderazgo basado en las personas, en equipos, en redes, en estructuras diferentes. Un liderazgo que considera la visión y el posicionamiento deseados, con coraje para remover las estructuras existentes, donde la base es la comunicación y la integración entre las personas y entre las organizaciones.

torresama@yahoo.com.mx

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