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Sábado , 20.04.2019 / 18:46 Hoy

Apuntes pedagógicos

Pasión por enseñar

Alfonso Torres Hernández

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El maestro debe tener claridad de su misión y de la grandeza de su misión. La misión de enseñar. Para enseñar entonces, el maestro debe reunir varias cualidades, según Durkheim (1976) la principal de ellas es la autoridad moral, la cual genera confianza en el alumno, porque es consecuencia de la confianza misma que siente el maestro. Un maestro con confianza en sí mismo, es posible que tenga pasión por enseñar.

La pasión por enseñar implica pensar en el desarrollo de un pensamiento crítico en los alumnos, donde la adquisición de aprendizajes tenga sentido para ellos y sea pertinente en su entorno social. Un pensamiento emancipador que luche contra los dogmas y la sedimentación de la cultura. La pasión por enseñar implica la ruptura con prácticas tradicionales y tránsito hacia nuevas formas didácticas y pedagógicas.

La pasión por enseñar exige congruencia con el pensamiento y acción ¿qué decir de los profesores que en público se manifiestan contra las políticas educativas neoliberales y modelos educativos de racionalidad técnica, y en privado, en el aula, se convierten en sus más fieles precursores con prácticas que limitan la formación y el desarrollo de pensamiento de los alumnos? La pasión por enseñar exige una práctica pedagógica alejada de cualquier forma de discriminación (raza, género, clase) porque ello implica ir contra la construcción de una sociedad democrática.

La pasión por enseñar exige un posicionamiento ético en los profesores, el pensamiento y el conocimiento no debe ser impuesto, sino dialogado, con sentido formativo. El maestro es el maestro, pero no es el poseedor del conocimiento y la verdad. Procurar la comprensión e interpretación de los acontecimientos es primordial en la relación educativa.

La pasión por enseñar exige también un posicionamiento político-pedagógico claro. El maestro debe ser analítico de las rupturas, discontinuidades y tensiones que la historia ha marcado en la sociedad en que vive. Y tener presente a la escuela como agente de reproducción cultural y social (Giroux, 2008). En este tenor, el maestro, a partir de razonamientos teóricos, debe construir nuevos marcos de referencia y problematizar la situación docente y a las escuelas como espacios de lo social. Fortalecer la participación política y pedagógica en la construcción de nuevos programas es un imperativo, el docente no puede ser pasivo ni indiferente hacia su materia de trabajo: la educación.

Pasión por enseñar implica entonces, el desarrollo del pensamiento y la autonomía en los profesores. Y un punto de partida es la reflexión crítica sobre la práctica (Freire, 1997) lo cual permite desplegar un abanico de posibilidades de intervención además del desarrollo de capacidades. La autonomía implica pensar y reflexionar la práctica de manera crítica, un amplio conocimiento de la teoría pedagógica y curricular, y exige un conocimiento contextual de su entorno y de los sujetos con quienes trabajará. Para ello, la formación docente debe ser sólida y seria en los campos de la educación y de la pedagogía.

Por último, pasión por enseñar implica responsabilidad social en la construcción de una sociedad más democrática. La formación ciudadana de nuestros estudiantes empieza, además de en la familia, en las escuelas de educación básica. El maestro con pensamiento claro, sabe que la formación ciudadana es un dispositivo de transformación social en toda sociedad democrática.

torresama@yahoo.com.mx

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