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Sábado , 20.04.2019 / 01:58 Hoy

Apuntes pedagógicos

El pensamiento único en educación

Alfonso Torres Hernández

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El modelo educativo de los años noventa impulsado por el Banco Mundial en casi todos los países de América Latina fue el elemento constitutivo para instalar lo que se denomina como "pensamiento único". Este modelo, en su esencia, planteó reformas estructurales que tenían implicaciones directas con la dinámica institucional en la vida de las escuelas y sujetos.

El "pensamiento único" es el pensamiento hegemónico en Occidente desde 1980. Su aparición coincide con un fenómeno económico de gran relevancia, la globalización. Globalización, que viene unida a la reaparición del pensamiento liberal, neoliberalismo, y propician la aparición del concepto "pensamiento único". Se convierten en la causa del nacimiento y posterior expansión de esta nueva forma de analizar y someter al mundo. Se trata de un enfoque que cree en la bondad del comercio internacional, del mercado y de la globalización de la economía.

En el caso de México, las reformas educativas de los noventa y la reciente de 2013, ha implicado un cambio "drástico" para los docentes, por la exigencia de desarrollar un modelo educativo para el cual no estábamos preparados. Por una parte, incursionar en el terreno de la pedagogía constructivista o de competencias, el trabajo colegiado, la investigación, la elaboración de proyectos colectivos, no ha sido fácil, y más si la idea de formación que caracterizo al modelo se centraba en la capacitación, es decir, atención a lo inmediato.

Por otro lado, la federalización educativa, que planteaba la transferencia de responsabilidades administrativas, solo generó un nuevo centralismo en las entidades federativas. La descentralización educativa promovida en su momento, denominada federalización, fue sin duda un avance desde la óptica del fuerte centralismo prevaleciente a lo largo del siglo XX, pero en la perspectiva de lo deseable es claramente insuficiente, pues el margen de acción de los gobiernos estatales permanece muy reducido, y el peso del gobierno federal, sigue siendo de hecho, y aún en la legislación, el principal. Y por último, los docentes observamos como el corporativismo sindical se agudizo, ya no sólo a los gobiernos federal y estatales, sino también a las empresas y bancos, con la creación de "asociaciones civiles" para el financiamiento de construcción de casas.

Como "pensamiento único", el modelo educativo penetró en el discurso y acciones cotidianas de los docentes, pero no ha generado grandes transformaciones en las prácticas pedagógicas ni en el tránsito hacia nuevas formas de gestión. La explicación inicial es que se asumió como "algo que se dictaba desde arriba" en lo cual no veían su participación, se percibían solamente como ejecutores de políticas y programas. Nuevamente el docente se constituía en el gran olvidado de las reformas, aunque se ponderara como el "protagonista principal".

En este sentido, la formación docente no ha sido atendida a la par de las demandas del contexto actual, se ha desfasado de los requerimientos en la enseñanza, aprendizaje y gestión. El énfasis en la capacitación ha sido punta de lanza de las políticas, atendiendo primordialmente asuntos metodológico-didácticos, sin discutir la política educativa, las tendencias teóricas, el desarrollo del pensamiento, el currículum, etc., además de centrar la atención en docentes de grupo y dejando de la do la función directiva y de supervisión, cuadros medios y funcionarios.

Esta nueva lógica de pensamiento y las políticas que lo impulsaron, ha generado que las escuelas y docentes se perciban de distinta manera. Hoy se habla de "autonomía de gestión", de "profesionales de la educación", de "consejos escolares", de "mejora del aprendizaje", pero sin el acompañamiento de programas de formación y de mejoramiento económico consolidados que apoyen las condiciones actuales de los docentes.

Es necesario entonces, en el caso de México, que una redefinición de la política educativa y del modelo educativo, pedagógico, didáctico y de gestión que responda mejor a las problemáticas del país. La formación docente en este sentido, cobra relevancia. Se deben impulsar programas de formación comunes y diversos para todos los actores educativos donde uno de los desafíos es situar a la formación en el terreno de la articulación con situaciones concretas que viven los sujetos de enseñanza. Esto potenciaría la construcción de una nueva racionalidad que verdaderamente impacte en la relación con el conocimiento y la realidad educativa.

Finalmente, un punto de análisis que me parece interesante plantear es el referido a las tensiones que generaron las políticas educativas implementadas, y que tienen implicaciones para la vida en las escuelas, además de ser clave para el análisis de políticas: Tensión entre cambio y continuidad; Tensión entre tradición e innovación; y Tensión entre local y global.

torresama@yahoo.com.mx

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