Política

Hay esperanza

  • En Corto
  • Hay esperanza
  • Alejandro Maldonado

Recuerdo la primera clase del “Diplomado en Análisis Político” que cursé hace años en la Universidad Iberoamerican. El maestro inició explicando que todo debate de la llamada “Ciencia Política” partía de un cuestionamiento básico: ¿Es el hombre bueno, o malo por naturaleza? Luego nos pidió a cada uno que respondiéramos la pregunta. En efecto, se dio todo un debate. Muchos aseguraban que el ser humano “no es bueno ni malo por naturaleza”, y que son las circunstancias y el entorno en que se desarrolla, lo que inclina a la persona hacia uno u otro lado. El resto consideraba que los hombres somos buenos por naturaleza, pero otra vez, son las circunstancias las que nos inclinan hacia el mal. Cuando llegó mi turno puse la nota discordante; dije que yo creía que todo ser humano, (incluyéndome en primer lugar), es malo por naturaleza. “¿Y por qué considera eso?”, me preguntó con interés el profesor, a lo que respondí diciendo, -palabras más, palabras menos-, que el Creador del ser humano; es decir Dios mismo, así lo aseguraba en su palabra, la Biblia. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová. Que escudriño la mente, que pruebo el corazón...” Jeremías 17.9-10. Solo Dios conoce lo profundo de nuestra maldad, ¡ni siquiera nosotros mismos! “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”, Eclesiastés 7.20. “No hay justo, ni aun uno…Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, dice el Nuevo Testamento. Uno de los literatos más destacados del mundo, C.S. Lewis, autor de Las Crónicas de Narnia dijo: “Ningún hombre conoce lo malo que es, hasta que trata de esforzarse por ser bueno”. Las noticias dan cuenta de lo perverso que es el hombre; la Biblia también habla de ello de ello, pero adicionalmente nos revela como Dios puede transformarnos por medio de Cristo. Es una decisión enteramente personal. En la cruz del Calvario, Jesús tomó nuestro lugar, “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”. Jesús ya pagó el precio de nuestra paz mediante su sangre derramada en la cruz. Nos toca creer en él y pedirle que venga a morar a nuestro corazón. Jesús sigue perdonando y dando nueva vida. Cito de nuevo a S.C. Lewis: “Dios no puede darnos paz y felicidad sin él".


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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