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Martes , 19.03.2019 / 03:15 Hoy

Columna de Alejandro Cortés González-Báez

¿Valores o estadísticas?

Alejandro Cortés González-Báez

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Mucho se habla sobre la necesidad de aplicar los valores éticos para reforzar las estructuras jurídicas, educativas, familiares, etcétera, y, sin embargo, con la misma insistencia, se cae en el error de considerar que algunos hechos humanos no deben ser sometidos a una calificación moral; pero que sí pueden ser tratados por las estadísticas "pues los números sí son objetivos". Nos encontramos, entonces, ante el secuestro de los valores por parte de los encuestadores y sociólogos.

Esto nos lleva a limitar los estudios y la valoración del comportamiento sexual de los jóvenes, por ejemplo, dentro de una simple consideración fáctica, que sería similar a calificar la detonación de las bombas atómicas de Nagasaki y de Hiroshima tomando en cuenta solamente el número de personas que murieron; pero sin evaluar la responsabilidad que tuvieron los autores de tales actos sobre la población civil, es decir, sin juzgar los actos humanos como buenos o malos, sino simplemente reconociendo que tales actos se dan en una realidad medible cuantitativamente.

El interés por la Ecología —por poner otro ejemplo— en cuanto al manejo de la naturaleza respetando sus leyes, debe atender, también, a una valoración moral.

Me resulta significativo que un editorialista de una revista inglesa de corte liberal y tolerante, The Lancet, se atreva a formular esta violenta pregunta: "¿Habrá que imponer alguna medida de limitación sexual a una juventud exuberante?" Y continúa de una manera todavía más drástica: "La respuesta es sí". Queda claro que dicha actitud está motivada por una dolorosa cadena de repercusiones en la conducta, y en el deterioro de la salud de millones de jóvenes en el mundo entero, que además amenaza seriamente con seguir creciendo.

Sin duda la actividad sexual de los jóvenes se ha convertido en algo preocupante para los responsables de la salud pública, tanto así que la juventud es considerada, cada vez más, como "población de riesgo".

Las soluciones que algunos científicos proponen para resolver determinados problemas pueden resumirse en: "cambiar algo para que todo siga igual". Es decir, el mejoramiento de los materiales para la fabricación de preservativos, por poner un ejemplo, y el hecho de que éstos sean usados a la par de los anticonceptivos, podrá disminuir algunos contagios y embarazos, pero no logrará devolver a la capacidad sexual el valor digno que ésta alcanza sólo dentro del matrimonio.

Aquella forma superficial de atajar los problemas deteriora a la persona humana, y a su capacidad de amar, con sentido de fidelidad y compromiso, en una entrega absoluta al cónyuge, en cuanto digno de ser amado en exclusiva. Así pues, tanto los actos realizados fuera del matrimonio, como sus actores, quedan deteriorados.

Desafortunadamente, todo ello resulta demasiado atrayente al entrar en consonancia con la inmadurez característica de la adolescencia. Lástima que quienes rechazan una calificación moral de tales prácticas no estén dispuestos a escuchar razones, y probablemente sólo las estadísticas del mañana logren convencerlos de sus errores.

www.padrealejandro.com

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