Política

8 mil millones: un mundode posibilidades infinitas

Este 15 de noviembre el mundo alcanzó un gran hito: la población mundial llegó a 8 mil millones de personas.

Este hito es un momento de celebración. El hecho de que la población mundial haya alcanzado 8 mil millones de habitantes representa un éxito mundial. El aumento de la población es un testimonio de los logros de la humanidad entre los que se incluyen la reducción de la pobreza y de la desigualdad de género, avances en materia de salud y un mayor acceso a la educación. Como resultado, un mayor número de mujeres sobreviven al parto, más niñas y niños sobreviven a sus primeros años y, década tras década, la vida es más larga y de mayor calidad.

Pero también es un momento de reflexión. La realidad es que el progreso que ha permitido a la población alcanzar 8 mil millones de habitantes no se ha disfrutado de forma equitativa. En todo el mundo hay grandes diferencias en la duración de la vida, el acceso a la atención médica, los derechos y la calidad de vida de las personas.

Este día debe ser un llamado para que la comunidad mundial se comprometa a construir un mundo en el que 8 mil millones de personas podamos prosperar en igualdad de condiciones.

Durante las próximas décadas, la población seguirá aumentando, sin embargo, el crecimiento será cada vez más lento. El crecimiento demográfico se concentra cada vez más en los países más pobres. Basta revisar la tasa de crecimiento anual de la población, que en 1963 era de 2.3% y para 2022 se redujo a 0.8%. Es así que, de acuerdo con las proyecciones de Naciones Unidas, se espera que el mundo alcance los 8.5 mil millones de habitantes para 2030 y 9.7 mil millones en 2050.

Pero la historia de la población es más rica y con más matices de lo que una cifra por sí sola puede capturar. Centrarse solo en las cifras nos distrae del verdadero reto al que nos enfrentamos: garantizar un mundo en el que 8 mil millones de personas disfruten de una buena calidad de vida.

En el pasado, los hitos demográficos han sido recibidos con el temor de que el número de personas en el mundo agote nuestros recursos naturales y alimente las crisis humanitarias y el cambio climático. Estos temores han conducido en ocasiones a políticas demográficas coercitivas. Estas políticas no solo son ineficaces, sino que socavan los derechos humanos de las personas (incluidos los derechos a la salud y los sexuales y reproductivos) y pueden ser peligrosas para las mujeres y las niñas de todo el mundo.

Puede que hoy por hoy existan más personas en el mundo, pero algo igualmente importante es la diversidad demográfica sin precedente que vemos en la población mundial.

Bajo esta dinámica, cabe subrayar algunas de las principales características de la dinámica actual. Lo primero es resaltar que como humanidad tenemos menos hijos. En 1950 la fecundidad mundial se situaba en cinco nacimientos por mujer. En 2022, la tasa se encuentra en 2.3. A su vez, tenemos vidas más largas. Para 1950 la esperanza de vida mundial al nacer era de 46.6 años mientras que para 2019 ésta fue de 72.8 años. Dado que cada vez hay menos nacimientos y una mayor esperanza de vida encontramos poblaciones de edades más avanzadas. De aquí a 2050 el número de personas mayores de 65 años será más del doble de las personas menores de 5 años.

Ninguna tendencia demográfica es necesariamente buena o mala. Garantizar que los países sean resilientes en medio de los cambios demográficos es clave para construir sociedades sostenibles. Cada gobierno debe proyectar y anticipar su futuro demográfico para poder planificar. Este es un rasgo característico de la resiliencia demográfica. La capacidad de entender y anticipar las tendencias demográficas permite a los gobiernos brindar a las sociedades las habilidades, herramientas y oportunidades que necesitan para progresar.

Como comunidad global, enfrentamos graves desafíos, entre ellos los crecientes impactos del cambio climático, los conflictos en curso y los desplazamientos forzados. Para afrontarlos necesitamos de países y comunidades resilientes.

Para desarrollar resiliencia demográfica tenemos que invertir en mejores infraestructuras, educación y atención sanitaria y garantizar el acceso a la salud y los derechos sexuales y reproductivos. Tenemos que eliminar de manera sistemática las barreras —basadas en género, raza, discapacidad, orientación sexual o situación migratoria— que impiden que las personas accedan a los servicios y oportunidades que necesitan para prosperar.

La salud y los derechos reproductivos de las mujeres y las niñas son fundamentales para que las sociedades prosperen en medio de los cambios demográficos.

Estamos en un momento en que se necesita visión y acción. Tenemos que comprender y anticipar las tendencias demográficas para que los gobiernos puedan adoptar políticas informadas y asignar los recursos con el fin de dotar a sus poblaciones de las habilidades, herramientas y oportunidades adecuadas.

El sector privado, a su vez, puede desarrollar soluciones creativas que saquen partido del poder de la innovación y la tecnología para el bien de todas las personas. Por su parte, artistas y creativos del mundo pueden hacer uso de su ingenio y talento para inspirarnos y ayudarnos a imaginar el futuro prometedor que ofrece un mundo con 8 mil millones de personas.

En conjunto, representamos una cantidad infinita de posibilidades de acción, crecimiento y cambio. Para crear un mundo más justo y sostenible, es imprescindible que el mundo avance hacia la igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas.

Sí, 8 mil millones suena mucho; puede parecer desafiante. La realidad es que este hito es una ocasión para reconocer y celebrar nuestra humanidad y diversidad.

Somos mucho más que un número. Un mundo resiliente de 8 mil millones, un mundo que defiende los derechos y las opciones individuales, ofrece infinitas posibilidades: un mundo resiliente de 8 mil millones de personas, un mundo que haga valer los derechos humanos y la capacidad de decidir, ofrece posibilidades infinitas para que las personas, las sociedades y el planeta que compartimos puedan progresar y prosperar.

Porque la realidad es que las personas son la solución, no el problema.

Alanna Armitage

* Representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas en México

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