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Miércoles , 20.02.2019 / 18:35 Hoy

Sin ataduras

La embajadora y Trump

Agustín Gutiérrez Canet

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Tuve el honor de acompañar a mi esposa, la embajadora Martha Bárcena Coqui, en la entrega de cartas credenciales al presidente Donald Trump, el 11 de enero en la Casa Blanca, la primera mujer que representa a México en Estados Unidos.

Las cartas credenciales son el instrumento internacional para formalizar el nombramiento de embajadores extraordinarios y plenipotenciarios, una vez que se cuenta con el beneplácito del gobierno receptor y se cumplen las disposiciones internas.

Se trata de dos cartas suscritas por el jefe del Estado dirigidas a su contraparte, una para acreditar al nuevo embajador y la otra para retirar al embajador anterior. México ha optado por fusionarlas en un solo documento, por lo que estrictamente es una carta credencial, en singular.

El texto formal de la carta credencial, convenido por la comunidad de naciones, es empleado por todos los mandatarios, con las naturales variantes de tiempo, nombre y lugar.

La carta credencial arranca siempre con el saludo convencional: “Grande y Buen Amigo”, sin importar si tan importantes personajes ni siquiera se conozcan.

Y así, de manera convencional, el presidente Andrés Manuel López Obrador se dirigió a su colega estadunidense y prosiguió: “Con el ánimo de continuar estrechando las cordiales relaciones de amistad que felizmente existen entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América, he decidido acreditar ante ese país a la señora Martha Elena Federica Bárcena Coqui, con el carácter de Embajadora Extraordinaria y Plenipotenciaria”.

A continuación, manifestó el aprecio por la persona designada: “las cualidades de la señora Bárcena Coqui me hacen abrigar la confianza de que sabrá llenar cumplidamente las altas funciones que le he encomendado. Convencido de ello, ruego a Usted dar entera fe y crédito a cuanto le comunique en mi nombre”.

Y con frase protocolaria se despidió así del presidente estadunidense: “de quien soy Leal y Buen Amigo”.

Al arribar al pórtico sur de la Casa Blanca, la diplomática de carrera fue recibida entre fanfarrias de la banda de Marina y una guardia militar de honor. El protocolo de Estados Unidos establece que el o la embajador(a) debe ser acompañado(a) por su cónyuge.

La reunión con el presidente en la oficina oval transcurrió en medio del cierre parcial del gobierno, el más largo de la historia. La crisis se debe a la disputa de Trump con la Cámara de Representantes, dominada por los demócratas, quienes se oponen a incluir en el presupuesto el financiamiento del muro fronterizo con México.

A pesar de que el día anterior Trump estuvo en McAllen, Texas, no se habló del muro y la breve reunión en la Oficina Oval transcurrió en un ambiente relajado y respetuoso.

Con una amplia y abierta sonrisa, el presidente posó para el fotógrafo mientras sostenía con las dos manos la carta credencial suscrita por el presidente López Obrador, y cuando Bárcena Coqui le transmitió los cordiales saludos del mandatario mexicano, Trump exclamó:

He is a terrific guy” (“Él es un tipo genial”). Y todos sonreímos también. Fue un buen comienzo.

Terminada la ceremonia, la embajadora depositó una ofrenda floral en el monumento a Benito Juárez, a un lado de Watergate, para recordar que el respeto al derecho ajeno es la paz.

gutierrez.canet@milenio.com
@AGutierrezCanet

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