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Domingo , 17.02.2019 / 14:09 Hoy

Sin ataduras

EU será un país latinoamericano

Agustín Gutiérrez Canet

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Washington. Estados Unidos avanza hacia un destino de mayoría racial hispana y el presidente Donald Trump quiere impedirlo con el símbolo psicológico del muro.

A esta gran nación, fundada por anglosajones, le está costando verse en el espejo: su piel es cada vez más morena, el pelo más negro y los ojos más cafés.

En Estados Unidos no existe un proceso significativo de mestizaje, pues predomina una identidad racial mayoritariamente europea que desde su fundación sigue esencialmente separada, primero de las etnias indígenas aborígenes y luego de los negros esclavos traídos de África.

El impacto demográfico latinoamericano, cuyo origen se remonta a 1848 al cambiar la frontera con México, comenzó en los últimos años por dos factores principales: el arribo de millones de inmigrantes mexicanos y de otros países centroamericanos y las familias numerosas con hijos nacidos en este país.

Según estimaciones del Pew Research Center, la población llamada hispana ascendió a 58 millones en 2016, que equivale a 18 por ciento de la población total y es ahora el segundo grupo racial más grande después del blanco.

De ese total, 36 millones son de origen mexicano, o sea 63 por ciento, pero cada vez menos mexicanos emigran al norte y cada vez más regresan a nuestro país.

Trump, más que edificar un muro, construye un símbolo de resistencia emocional a la latinoamericanización de Estados Unidos, al infundir el miedo a través de una exagerada imagen de crimen, drogas y prostitución en la frontera con México.

El temor a dejar de ser blanco es en el fondo lo que Trump trata de explotar en el inconsciente de algunos estadunidenses para lograr la reelección en 2020, pero no todos se dejan influir por la propaganda antiinmigrante.

Beto O´Rourke, posible candidato demócrata a la Presidencia, organizó en El Paso, Texas, un mitin contra el muro al mismo tiempo que Trump tuvo otro con sus seguidores, muy cerca de Ciudad Juárez, el pasado lunes.

Beto (adoptó este apodo desde niño por su nombre Robert) exclamaba: “¡no queremos un muro!”. Recordó la historia de un inmigrante mexicano que vivió en su ciudad natal y fue el soldado de Texas más condecorado en la I Guerra Mundial y narró cómo un equipo de beisbol de mexicano-americanos pobres ganó en 1949 el campeonato estatal, a pesar de haber
sido discriminados.

Aquí en Washington, los llamados delitos de odio se catapultaron desde 2016, año en que inició la campaña xenófoba de Trump.

Según el Departamento de Policía Metropolitana, hubo 49 delitos por razones étnicas en 2018, 13 en 2016 y 40 en 2017, es decir, un incremento de más de 300 por ciento en dos años. Y este ambiente de agresión se desarrolló también por razones de orientación sexual, género y afiliación política.

Washington es solo un ejemplo del odio donde operan grupos racistas y de extrema derecha en todo el país, que a pesar de todo sigue siendo una nación formada en el respeto, la tolerancia y la coexistencia pacífica.

Trump se empeña en crear una mayor división del país con el fantasma de la crisis de la frontera con México, pero de cualquier manera Estados Unidos será un país latinoamericano, tarde o temprano.

gutierrez.canet@milenio.com
@AGutierrezCanet


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