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Sábado , 23.02.2019 / 16:20 Hoy

Sin ataduras

Austeridad sí, zozobra no

Agustín Gutiérrez Canet

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Los diplomáticos de carrera son en general honestos, capaces y entregan su vida a servir a México en el exterior, no para hacerse ricos, sino por el honor de representar a nuestro país.

Se llaman de carrera porque ingresan al Servicio Exterior Mexicano (SEM) por medio de exámenes de oposición, no por nombramientos políticos, y emprenden un largo camino de unos 25 a 30 años para ascender por méritos propios hasta llegar a ser embajador.

La carrera diplomática implica vocación, preparación, esfuerzo, disciplina, adaptación y lealtad a la institución, independientemente del gobierno en turno.

Los jóvenes diplomáticos afinan su preparación en el Instituto Matías Romero después de haber estudiado al menos la licenciatura en relaciones internacionales, ciencia política, derecho, economía u otras ciencias afines.

Por capacidad y méritos y al cumplir un determinado número de años en cada rango, el diplomático asciende a tercer secretario, luego a segundo secretario, después a primer secretario, sigue a consejero y llega a ministro, hasta que es nombrado embajador de carrera por el Presidente de la República.

La gran mayoría de los mil 300 diplomáticos que forman el SEM trabaja en embajadas, consulados y misiones permanentes, mientras que una minoría se desempeña en la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Pero sus puestos no son fijos, se rotan en general cada cinco años o menos.

El cónyuge e hijos del diplomático pagan un precio por la profesión de su progenitor. Muchos años se alejan de familiares, pierden a sus amigos, algunos se desarraigan, unos viven en lugares de vida difícil y estudian en escuelas extranjeras con sistemas educativos que son muy caros.

Por esta razón, la SRE proporciona desde hace años ayuda de alquiler de la vivienda y para educación a los hijos menores de 18 años, a los miembros del SEM en el extranjero, como una prestación adicional porque su sueldo no les permite cubrir dichos gastos tan elevados. Lo anterior es con base en los artículos 121 y 122 del Reglamento de la Ley del Servicio Exterior Mexicano.

Sin embargo, la SRE acaba de recortar la ayuda para renta y colegiatura, al aplicar por primera vez la deducción al ISR de 34 por ciento.

Esta decisión ha sido cuestionada con razón por los diplomáticos, pues argumentan que no se trata de remuneraciones, sino de ayudas prestadas durante el ejercicio de una comisión oficial en el extranjero que no forman parte del salario. Subrayo que los diplomáticos siempre han pagado el ISR sobre su salario total. Son falsas las versiones en contrario.

Si bien dicho reglamento establece que la ayuda de renta se sujetará a los términos y condiciones que determine la SRE, y sujeto a la disponibilidad presupuestaria, lo cierto es que la medida afecta severamente las condiciones de vida de los servidores públicos y de sus familias.

Es injusto y absurdo aplicar criterios de austeridad donde ya hay austeridad. Es hora de rectificar dicha injusticia. El Estado mexicano debe proteger, no infundir zozobra, en quienes son sus leales y antiguos servidores: los diplomáticos de carrera.

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