Tenía pensado publicar hoy una analogía futbolera de nuestra coyuntura política, pero la eliminación de la selección mexicana en Qatar bloqueó mi creatividad. El retroceso de 42 años en nuestra participación en Copas del Mundo me hizo evocar puros lugares comunes. Luego, antenoche, vi al Gallo Estrada vencer magistralmente al Chocolatito González (la tercera es la vencida) y decidí encauzar mi ánimo metafórico al boxeo, un deporte en el que México sí es potencia mundial y que, viéndolo bien, se presta más para describir la situación actual de la disputa por el poder en México. Veamos.
El presidente López Obrador está contra las cuerdas. La oposición social y política, tras perder casi todos los rounds, le conectó en el noveno un gancho al mentón y lo mandó a la lona por primera vez (13N). AMLO se levantó simulando estar bien, saltando y sonriendo, aunque ostensiblemente lastimado. Su instinto pugilístico le hizo lanzar un poderoso volado (27N), pero de ahí en adelante el cansancio ralentizó sus otrora relampagueantes reflejos y tuvo que retroceder hasta recargarse en el encordado. Ahí sigue, cubriéndose el rostro con los guantes y jabeando erráticamente.
El décimo episodio será clave. En su desesperación, AMLO no descarta un cabezazo: pasar en el Congreso su reforma electoral constitucional apretando al dirigente priista. Si no resulta, en el undécimo prevé un upper sorpresivo: espera que el rival se confíe, baje la guardia y lo abrace en un clinch para aplicar el plan B con cambios en leyes secundarias que debiliten al INE. El último recurso será un golpe bajo: elegir cuatro consejeros a modo o, si no logra la mayoría calificada, frenar la renovación del Consejo General para dejar al órgano mocho y sesgado. En todo caso, guarda para el round 12 otro volado de izquierda, una segunda movilización como amenaza más allá del ring a quien lo suceda —propio o extraño—: si intenta revertir su legado se las verá con él en el callejón de la revocación de mandato.
¿Qué hará la esquina opositora para aprovechar esta ventaja? No debería ir al combate en corto con un fajador como AMLO; tendría que manejar la distancia, entrar y salir con astucia, lo que quiere decir fijar agenda y posicionar precandidatos. Por cierto, sería un error limitar su lista a quienes ya tienen un considerable nivel de conocimiento o intención de voto. Las candidaturas presidenciales se construyen —a menudo más rápidamente de lo que se cree— y atenerse a las encuestas de hoy es riesgoso. En el PAN, por ejemplo, hay opciones valiosas que pueden crecer con mayor exposición nacional; una de ellas es Xóchitl Gálvez, cuyo perfil la hace competitiva ante la corcholata favorita.
La oposición tiene la insólita oportunidad de ganar por nocaut. Subió al cuadrilátero en 2018 a enfrentar sin estrategia clara a un peleador experimentado, curtido en peleas callejeras, rápido y de gran punch con la zurda (su antiguo manager lo describe como “no diestro: siniestro”). Pega tan duro que tiró un par de veces a la alianza opositora en los primeros rounds y la dejó con ambas cejas cortadas y el hígado hinchado. Pero, en efecto, AMLO acaba de visitar la lona y ahora está contra las cuerdas, aturdido y desorientado. Si lo deja recuperarse y retomar la ofensiva no se la va a acabar.
Agustín Basave Benítez
@abasave