Por Javier Flores
Ilustración: Ricardo Figueroa, cortesía de Nexos
El Presupuesto de Egresos de la Federación muestra que habrá más dinero en 2023. Este incremento se reflejará en las distintas actividades que se realizan con fondos públicos. Pero en el caso de la ciencia, el aumento resulta engañoso pues sólo en apariencia se estaría respaldando con mayores recursos a la investigación científica, tecnológica y a la innovación. En realidad, se trata de un presupuesto inflado al incorporar a dependencias y tareas en las que no hay claridad sobre el destino que se dará a estos fondos. Es probable que lo anterior resulte útil para respaldar un discurso en el que el gobierno del presidente López Obrador apoya a la ciencia, algo que por supuesto no se sostiene, pues mientras el gasto en 2015 rondaba el 0.5 % del PIB, en 2023 llegará, si acaso, al 0.35 %. La desaparición de los fideicomisos es otro golpe del que la ciencia no se ha podido recuperar, y sus efectos negativos se prolongarán lo que resta del sexenio. El presupuesto para 2023 tiene esta profunda herida, por lo que no hay nada que festinar. Pero además, tal y como ocurre en la patología forense, el criminal siempre deja sus huellas. El destino del dinero que se le quita a la investigación va, total o parcialmente, a los “programas prioritarios” del presidente.