Por María Minera
Ilustración: Víctor Solís, cortesía de Nexos
La última encuesta presentada por GEA-ISA ratificó lo que ya se sabía acerca de la popularidad del presidente, que repuntó después del bache del verano pasado y está hoy, según este sondeo, en 57 %, pero también reveló un dato curioso: no obstante la aquiescencia mayoritaria, el 56 % reconoce que le cree “poco” al presidente, y el 14 % incluso admite no creerle “nada”. Sólo el 28 % le cree “mucho”, y el 2 % no sabe ni qué creer. Dicho de otro modo, cerca de seis de cada diez mexicanos aprueban la labor del presidente, pero siete no se toman lo que dice muy en serio —y las dos cifras forzosamente se traslapan: he ahí el acertijo. Incluso entre los que aprueban la labor del presidente, hay quienes no le acaban de creer. Es decir, mucha gente piensa que el presidente miente y, aún así, la mayoría responde que el hecho de que Andrés Manuel López Obrador esté al frente del gobierno le provoca felicidad (66 %) y optimismo (72 %). Lo cual nos enfrenta con una realidad que, desde luego, trastoca profundamente el trabajo de los que intentamos introducir un punto de vista crítico en el espacio público, pues a todas luces la verdad no parece ser un factor determinante en el proceso de formación de opinión.