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Viernes , 22.03.2019 / 11:11 Hoy

La bomba de la confesión

El individuo es un invento cristiano, sostiene Larry Siedentop en un libro publicado hace unos años. La semilla del liberalismo no está en las especulaciones del estado de naturaleza ni en el inventario de los derechos.
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Por Jesús Silva-Herzog Márquez

Ilustración:  José María Martínez

La confesión es un manifiesto de una intimidad digna de ser examinada. Es la aventura de encarar la vida propia. Conciliar, en uno mismo, emoción e inteligencia. Contemplar serenamente la flaqueza, recordar sin vanidad el logro. San Agustín es consciente de la osadía de su proyecto espiritual. Nadie había intentado bucear dentro de sí mismo y exponerse desnudo ante el mundo. Los hombres se asombran de las montañas, los ríos y las estrellas, alaban a los intrépidos, envidian a los poderosos, admiran a los sabios pero cierran los ojos a lo que son. Habitan la piel de un sujeto al que desprecian. Quien se confiesa se atreve a contemplarse, siente la amargura de sus fracasos, se duele de las heridas de una existencia amputada. En ese resufrir se expresa el anhelo de una vida completa, íntegra. Poco es la confesión si no esperanza.

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