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Sábado , 16.02.2019 / 06:05 Hoy

Crónica de los presagios

Todo esto se iba entrelazando con una cadena de presagios, los tetzáhuitl, que al menos desde 1509 anunciaban “que el mundo era acabado”, “que todas las generaciones de él habían de perecer”, “que era llegado el fin”.
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Por Héctor de Mauleón

Ilustración: Estelí Meza

En 1511, cerca de las playas de Yucatán, naufragó un barco que se encaminaba a Santo Domingo. La mayor parte de los sobrevivientes murió poco después de inanición, a bordo de un batel en el que habían tenido incluso que beber sus propios orines. Un grupo reducido de náufragos fue sacrificado por indígenas cocomes al alcanzar la costa. El cronista Cervantes de Salazar afirma que un español, al que un macanazo de los indios dejó “como un tonto” —y con el que ellos se holgaban, “porque era gracioso y sin perjuicio”—, sobrevivió tres años en la selva. Dos náufragos más, Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, protagonistas de una de las historias más atractivas de aquel tiempo, fueron entregados como esclavos al cacique de Xaman Há y permanecieron entre los mayas durante un largo periodo de ocho años.

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