El viaje empieza distinto. Ya no es abrir una app para buscar vuelos o elegir hotel; ahora es revisar si el lugar acepta mascotas, si el transporte permite subir con un perro o si hay espacios donde un gato pueda adaptarse sin estrés.
En la Ciudad de México, una joven sale de su departamento con maleta pequeña y mochila. En una mano lleva el celular, en la otra la correa de su perro. Pide un auto, espera unos minutos y cuando llega, confirma lo primero: “¿sí acepta mascotas?”. El conductor asiente y el viaje comienza.
Viajar con mascotas; el auge mexicano
La escena se repite cada vez más. Viajar con mascotas dejó de ser una excepción para convertirse en parte de la rutina de miles de personas que ya no contemplan dejar a sus animales en casa.
Este cambio tiene sustento en cifras. En México, siete de cada diez hogares tienen al menos una mascota, según datos de la plataforma Uber.
Además, se estima que existen alrededor de 80 millones de animales de compañía en el país, lo que explica por qué cada vez más decisiones de consumo, incluidos los viajes, giran en torno a ellos.
No es sólo una cuestión de compañía, es una transformación cultural. Los llamados “perrhijos” han redefinido la relación entre personas y animales, al punto de integrarlos en experiencias que antes eran exclusivamente humanas, como vacaciones, escapadas de fin de semana o incluso viajes de trabajo.
De apps a hoteles: ¿quién se adapta a quién?
El cambio comenzó en lo cotidiano: la movilidad. Plataformas como Uber, DiDi e inDrive han incorporado opciones para viajar con mascotas, principalmente perros y gatos. Este ajuste responde a una demanda clara de usuarios que buscan soluciones inmediatas para moverse sin separarse de sus animales.
Aunque cada plataforma tiene sus condiciones —uso de transportadora, correa o acuerdos con el conductor— el mensaje es el mismo: el transporte ya no es sólo para humanos.
Pero no todos los viajes son cortos, cuando se trata de trayectos más largos o traslados complejos, entran nuevos jugadores.
Empresas especializadas han comenzado a ofrecer servicios exclusivos para mascotas, desde traslados locales hasta viajes entre ciudades o incluso internacionales. En estos casos, el servicio incluye logística, monitoreo y acompañamiento, algo que va más allá del simple transporte.
Los costos reflejan ese nivel de especialización. Según la plataforma ExpatDen, trasladar una mascota puede costar entre mil y 2 mil 500 dólares dependiendo del destino, los permisos y las condiciones del viaje.
En el caso de servicios más accesibles, como transporte urbano o traslados básicos, el costo adicional suele ser menor, pero constante.
Impacto del petfriendly en el turismo
El turismo también se transformó. Hoteles y destinos han tenido que adaptarse a esta nueva demanda. Hoy existen alojamientos que no solo aceptan mascotas, sino que diseñan experiencias completas para ellas: áreas especiales, menús, paseos y servicios de cuidado, hasta lugares con spa, para su paz mental.
Para hospedarlos, a veces solo piden vacunas y desparasitaciones correspondientes y que el perro no sea agresivo al menos con personas.
El gasto crece en cada etapa del viaje si tomamos en cuenta que de acuerdo con el sitio Nu México, viajar en avión con una mascota puede costar entre mil 500 y 3 mil pesos en cabina, sólo en vuelos nacionales, mientras que en rutas internacionales el precio puede alcanzar hasta 8 mil pesos.
A esto se suman costos adicionales en hospedaje. Según el portal Casa Richer, los hoteles pueden cobrar desde 300 pesos extra por noche por mascota, dependiendo del tipo de servicio.
Incluso hay modelos híbridos entre turismo y cuidado. Espacios tipo hotel canino ofrecen estancias que van desde 285 hasta 495 pesos por noche, con servicios incluidos como alimentación o supervisión.
¿Moda o industria que mueve millones?
El crecimiento de viajar con mascotas no es aislado, forma parte de un mercado mucho más amplio.
En México, la industria de mascotas supera los 5 mil 400 millones de dólares, según estimaciones de la firma Petco y análisis del sector. Este mercado incluye alimentos, servicios, salud y, cada vez más, experiencias.
A nivel global, los servicios relacionados con viajes para mascotas crecen a tasas cercanas al nueve por ciento anual, de acuerdo con la consultora Global Market Insights, lo que confirma que no se trata de una moda pasajera.
El turismo pet-friendly, en particular, muestra un dinamismo aún mayor. En destinos mexicanos como playas o ciudades turísticas, la oferta ha crecido a doble dígito, impulsando consumo en transporte, hospedaje y actividades.
Los perros siguen siendo los protagonistas de esta tendencia. Representan la mayor parte del mercado y son los principales viajeros. Sin embargo, los gatos comienzan a ganar terreno.
Su crecimiento es más acelerado, impulsado por cambios en estilos de vida urbanos, así como por una mayor aceptación en servicios de transporte y hospedaje. Aunque viajar con un gato implica retos distintos, la oferta comienza a adaptarse.
El fenómeno tiene varias explicaciones, pues en parte está la humanización de las mascotas es una de las principales: los animales son vistos como parte de la familia, lo que influye directamente en decisiones de gasto.
También está el factor emocional. Las personas no sólo buscan viajar, buscan compartir experiencias, y eso incluye a sus mascotas, pues tu mascota suele conocer el mundo que le das.
A esto se suma el efecto posterior a la pandemia de covid-19, cuando aumentaron las adopciones, con lo que se fortaleció el vínculo entre humanos y animales.
Rquisitos para viajar con mascotas
Viajar con mascotas también implica requisitos. Según Nu México, en muchos casos se necesita:
- Certificado de salud veterinario
- Esquema de vacunación completo
- Transportadora adecuada, especialmente en trayectos largos o internacionales.
Estos elementos elevan el nivel de planeación, pero no frenan la tendencia.
Cada viaje con una mascota activa una cadena de consumo: transporte, hospedaje, alimentación, accesorios y servicios especializados.
Es una experiencia distinta, donde el itinerario se adapta, los tiempos cambian y las decisiones se toman en función de un integrante más.
Lo que comenzó como una necesidad individual —no dejar sola a una mascota— terminó por abrir una nueva forma de viajar.
KL