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Jueves , 21.03.2019 / 13:09 Hoy

Una noche en el Presidents Club

¿Qué pasa cuando los miembros abren sus millonarias carteras para apoyar buenas causas?

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The Presidents Club no aceptará ninguna responsabilidad respecto de las acciones que representen acoso por parte de sus miembros, personal o asistentes al evento”.

La reciente subasta de la 33 Cena Anual del Presidents Club 2018, en el lujoso hotel Dorchester de Londres, fue algo poco común. Y en sí, este no es un club común.

Una de las principales razones de la existencia del Presidents Club es recaudar dinero. En los últimos dos años afirma que hizo donaciones por 2.1 millones de libras (mdl) a una serie de organizaciones benéficas que se enfocan en la ayuda a niños, sobre todo, un proyecto a largo plazo con el hospital Great Ormond Street para financiar la Unidad de Alta Dependencia del Presidents Club, que se inauguró antes de Navidad.

Actos más pequeños durante el año pasado incluyeron una donación de 13,560 libras para React, una organización benéfica que proporciona asientos ortopédicos especiales para niños con discapacidad.

El club ya celebró su cena anual durante 33 años ininterrumpidos. Se reúne desde 1985, el año anterior a que el Big Bang revolucionara a la City de Londres y creara una nueva generación de británicos millonarios.

El Dorchester ha sido el lugar habitual de la reunión. Las palabras de bienvenida en el brillante folleto, que celebra los logros de la fundación benéfica y enumera los lotes para la subasta que se realizó un jueves por la noche, fueron firmadas por David Meller y Bruce Ritchie, los presidentes conjuntos del fideicomiso.

A Meller le interesa mucho la educación, por lo que preside el Meller Educational Trust, que patrocina a cinco academias y dos universidades técnicas. También tiene conexiones con el gobierno: es un miembro no ejecutivo de la junta del Departamento de Educación y administrador del Mayor’s Fund for London. A comienzos de este año, recibió la Orden del Imperio Británico por su esfuerzo y trabajo de caridad.

Junto con Meller y Ritchie, Harvey Soning, el desarrollador inmobiliario, es administrador de la organización benéfica. Harvey Goldsmith, el empresario del rock, dimitió como fideicomisario hace dos años después de una larga asociación, pero se mantiene como “presidente vitalicio” junto a Peter Shalson, quien ganó su dinero con sus pubs, así como el corredor de bolsa Barry Townsley y el comediante de la vieja guardia Jimmy Tarbuck.

En la cena del jueves hubo salmón ahumado —listo mientras los invitados desfilaban por el resplandeciente salón de baile—, filete de ternera Black Angus USDA de 34 días preparado por chefs del restaurante The Cut del hotel, a lo que le siguió el pastel “Deconstructed Dorchester black forest gateau”, bañado en un Chablis 2015 y un St. Julien 2012. En las mesas también había botellas llenas de champaña Dom Pérignon, whisky Johnnie Walker Black Label, tequila Gran Patrón Platinum y vodka Stoli Elit.

Pero, como sugiere ese inusual aviso legal sobre el acoso, parece haber un lado más sórdido en la noche del Presidents Club.

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“Un aumento de pecho para la esposa, 10,000 libras para comenzar”, gritaba el locutor Jonny Gould, el hombre a cargo de animar a la multitud en un frenesí de pujas. Su introducción al lote ocho fue algo típico: un curso de cirugía plástica donado por la clínica 111 Harley Street, cuyo fundador, el doctor Yannis Alexandrides, se encontraba en la lista de invitados.

“Cierra los ojos y te acostarás con la mujer más bella del mundo”, añadió Gould, antes de llevar al escenario a una de las anfitrionas que contrató la agencia Artista para presentarla como un anuncio viviente y observar mientras señalaba las diferentes partes de su anatomía que se “hicieron” en la clínica.

[OBJECT]Con una puja ganadora de 25,000 libras, Gould proclamó que el premio lo ganó “la leyenda Richard Caring”, propietario de un conjunto de restaurantes de alta gama, entre los que se encuentra The Ivy, y que en ese momento estaba sentado en la mesa dos.

Otros premios se diseñaron de manera similar para ser atractivos para el sentido de masculinidad de la audiencia. Además de la cirugía plástica y una noche exclusiva en el establecimiento de striptease The Windmill, Gould vendió un Land Rover supercargado, que se ajustó de un Range Rover, un Tesla Model X, un BMW i8 Roadster, y una variedad de vuelos en aviones privados y helicópteros.

También hubo algunos premios menos machistas, como los servicios personales de dos de los mejores chefs -Nuno Mendes y Rainer Becker- para cocinar cenas hasta para 10 personas, una obra de arte de Richard Prince y dos semanas de experiencia laboral en Sky Media.

Dos invitados —Peter Jones de Dragons' Den, el programa de televisión para aspirantes a emprendedores, y un rival no identificado— pujaron para que personajes en el próximo libro de David Walliams, llevaran el nombre de sus hijos. Al final se convocó a una costosa tregua: Walliams duplicaría el premio, por 100,000 libras cada uno.

La subasta alcanzó su punto máximo cuando Caring hizo una oferta de 400,000 libras por los derechos del nombre de una nueva unidad de cuidados intensivos en el hospital infantil Evelina London, lo que ganó una gran ovación de pie al restaurantero. Eso elevó el total recaudado a 2 mdl, un buen avance en comparación con las 1.5 mdl que se recaudaron el año anterior.

Al terminar la subasta, las anfitrionas circularon con cartas de compromiso para donaciones adicionales de 5,000 libras. Gould dejó el escenario ante un estruendoso aplauso. Inmediatamente lo reemplazó un grupo de bailarinas exóticas.


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