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Martes , 26.03.2019 / 01:01 Hoy

Toshiba está al borde del ridículo en la bolsa

Disminución a un valor negativo de capital accionario de 582 mil millones de yenes, plantea un descenso dentro del mercado de Tokio.

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Para el momento en que Toshiba emergió de un primer diluvio de órdenes de venta la mañana del lunes, sus acciones habían perdido casi 7 por ciento de su valor, un castigo respetable, dijeron los operadores, para un gigante empresarial japonés que rápidamente pierde respetabilidad.

A finales de la semana pasada, la Bolsa de Valores de Tokio confirmó lo que la mayoría suponía: que Toshiba, al caer a un valor negativo de capital accionario de 582 mil millones de yenes en el año fiscal más reciente, exige una rebaja de la primera a la segunda sección de la bolsa a partir del 1 de agosto. Pero es peor, ¿una delisting total de mercado ahora es inevitable? La sola degradación vendrá con problemas.

Como la reacción del mercado del lunes pronostica, una degradación provocará la expulsión automática de Toshiba del Nikkei 225 Average y del Topix, los índices de los que formó parte desde que se crearon las dos referencias y en los que se le daba seguimiento a los activos pasivos combinados de 57 billones de yenes.

La venta automática, reconocen los analistas, podría eliminar alrededor de 150 mil millones de yenes del valor de Toshiba. Hace menos de un año, Sharp, que también fue expulsada de la primera sección por caer en capital propio negativo, se unió a la segunda sección. La capitalización de mercado de Sharp de alrededor de 2 billones de yenes le da 16 por ciento de ponderación en el TSE Second Section Index (TSE2) —una referencia que superó sustancialmente en desempeño a la primera sección de seguimiento del índice Topix desde que comenzó 2017 y cerró la semana pasada en un máximo histórico.

La entrada de Toshiba amplificará los efectos que ya comenzaron con Sharp. Si el valor de mercado se mantiene constante en alrededor de un billón de yenes, Toshiba va a impulsar el valor total del TSE2 por encima de los 10 billones de yenes por primera vez en más de una década y de forma inmediatamente tomará una ponderación de alrededor de 10 por ciento del índice.

La suma de Toshiba incluso podría inclinar más drásticamente el índice hacia la tecnología y las exportaciones, con lo que aumentaría enormemente la sensibilidad al yen de un índice que antes era querido por su inmunidad a las oscilaciones de la moneda.

Después de dos escándalos contables, la crisis financiera, el indiscutible desorden de gestión y 25 demandas que buscan más de 100 mil millones de yenes, Toshiba se mantiene en un importante riesgo de pasar por una mayor humillación.

Por ahora, el mercado cotiza las acciones de Toshiba como si las autoridades opusieran resistencia y la compañía llegara a una solución que mantenga las acciones cotizando en bolsa y se conserve la tendencia de los acreedores a seguir prestando. Sin embargo, hay tres obstáculos técnicos que Toshiba debe superar para seguir cotizando en bolsa, y ninguno es fácil.

El asunto de la exclusión de la bolsa es una prueba crucial para la resolución regulatoria de la Bolsa de Tokio, para las ambiciones de gobierno corporativo del primer ministro Shinzo Abe, y hasta qué punto Japón en su conjunto está contento en correr un riesgo moral.

Toshiba, incapaz de obtener la firma de su auditor PwC Aarta, no logró presentar los resultados financieros auditados ni para el tercer trimestre del año pasado ni para todo el año financiero que terminó el 31 de marzo.

Si no rompe el estancamiento para el 10 de agosto —algo difícil de lograr al tener en cuenta los pasivos desconocidos de su operación nuclear estadunidense— las reglas de la Bolsa de Tokio podrían justificar directamente su exclusión.

Pero bajo la presión del gobierno para evitar la exclusión bursátil de una de las compañías más conocidas de Japón, dicen los analistas, la Bolsa de Tokio tiene suficiente margen de maniobra para paralizar todo.

La Bolsa de Tokio solo hará la exclusión si decide que el hecho de que Toshiba no presente las cuentas amenaza el funcionamiento ordenado de los mercados. La debacle contable y la acumulación de evidencia de la dislocación de la dirección entre Tokio y las operaciones de Westinghouse en Estados Unidos significan que Toshiba también sufrirá para convencer a los reguladores de que hizo mejoras en sus controles internos.

Toshiba se encuentra bajo escrutinio desde que en 2015 salió a la luz que durante siete años arregló de manera fraudulenta sus utilidades, y desde marzo que presentó los documentos a la Bolsa de Tokio para presentar su caso que desde esa fecha limpió su forma de hacer las cosas. Con su reputación como un regulador estricto en juego, la Bolsa de Tokio ya se tomó más tiempo de los dos meses habituales y todavía no llega a una decisión. Si la Bolsa de Tokio opta por interpretar estrictamente sus reglas, dice el estratega de Jefferies Zuhair Khan, fácilmente puede justificar y tomar la decisión de excluir a Toshiba. “La pregunta, entonces, es si la Bolsa de Tokio trata de una manera más flexible a Toshiba en comparación con casos previos y si le da a Toshiba más tiempo para solucionar sus problemas de lo que se estipula en las reglas de aplicación de cotización en bolsa o que la Bolsa de Tokio otorgó anteriormente a otras empresas”, dijo Khan.

El tercer riesgo de la exclusión —y el que deja a la Bolsa de Tokio con el menor espacio de maniobra— es si Toshiba no logra salir del capital accionario negativo para el 31 de marzo del próximo año. Los esfuerzos de la compañía para evitar este tercer riesgo han sido los más espectaculares: la licitación confusa, apresurada, legalmente fraccionada y muy politizada del activo más apreciado de la compañía, la operación de chips de memoria, por alrededor de 20 mil millones de dólares.



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