Cuando la recesión mundial se profundizó en 2008, Tom Barrack se sentía cómodo. En el transcurso de dos décadas, el director ejecutivo de Colony Capital, un fondo con sede en Los Ángeles, se forjó una reputación de inversionista en bienes raíces que hacía apuestas ganadoras cuando otros salían asustados. Entonces, ante la oferta de un socio de mucho tiempo, Barrack se dirigió a Las Vegas para reunirse con Michael Jackson.
El rey del pop estaba con el agua hasta el cuello. Había incumplido el pago de la hipoteca de su rancho Neverland en California, una casa de estilo rural con su propio zoológico, y ningún banco estaba dispuesto a ayudarle.
Barrack sintió una oportunidad. Usando algo de dinero de los inversionistas, compró el préstamo de 23 millones de dólares (mdd) de Neverland y canceló un plan para subastar la propiedad. Jackson, a salvo de la amenaza de desalojo, no recibió un plazo fijo para pagar la deuda, que pasó a un fondo de capital privado de Colony con respaldo de algunos de los fondos de pensiones públicos más grandes de Estados Unidos (EU).
El acuerdo consolidó la imagen de Barrack como un negociador internacional sin igual. Calvo y frecuentemente bronceado por sus largos días en los campos de polo de todo el mundo, el directivo parecía conocer a todos en todas partes: desde la élite del mundo del espectáculo de Hollywood hasta las familias reales en Medio Oriente, los miembros de la Casa Blanca de Reagan, los multimillonarios de Dallas e incluso a Donald Trump, un desarrollador de Nueva York y propietario de un casino, quien se convirtió en estrella de realities de televisión, 30 años antes de llegar a la Casa Blanca.
A pesar de una carrera profesional que dejó a Barrack en el camino de la influencia y la fortuna, algunos creen que ha sido un pésimo administrador del capital de otras personas. “Ha sido malo para los inversionistas y ha ganado cientos de millones de dólares para él”, dice un inversor, quien opina sobre un historial que incluye grandes pérdidas en algunas de sus mayores inversiones.
La gente cercana a Colony rechaza esa evaluación, y Barrack, de 71 años, está convencido de que demostrará que sus detractores están equivocados. Colony Capital es “el factor dominante del orgullo, la reputación, mi futuro y el de mi familia”, dijo el jefe de Colony a los analistas del mercado de valores el año pasado. “Y no tengo la intención de mancharlo o dejarlo desatendido”.
En un esfuerzo por determinar qué tan bien les ha ido a sus inversionistas durante los 30 años de carrera profesional de Barrack, Financial Times (FT) examinó las cifras de desempeño no auditadas relacionadas con los fondos que Colony recaudó entre 1991 y 2015.
Las cifras las recopiló originalmente Preqin, que confirmó que sus registros coinciden con los datos de FT. Estos sugieren una gran variación que los inversores han recibido por cada dólar: 1.95 dólares para un fondo exitoso que se recaudó en 1998; 0.45 dólares para un desafortunado vehículo que se creó poco antes de la crisis, y entre 1.14 y 1.63 dólares por cuatro fondos que se recaudaron desde 2011.
Al sumar los datos de los 18 fondos en conjunto, las cifras sugieren que los inversionistas perdieron alrededor de 3.7 centavos por cada dólar que invirtieron.
Colony cuestionó las estimaciones de Preqin, alegando que esa información se generó con base en los rendimientos netos en lugar de los ingresos brutos, a los que considera una representación más precisa de las ganancias.
En vez de eso, la firma proporcionó un conjunto alternativo de cifras de rendimiento para 11 fondos, aunque omitió las comisiones pagadas por los inversionistas y se negó a decir qué número se relacionaba con cada fondo.
Los datos de Colony también excluyen cinco de los fondos que cubren los datos de Preqin -entre ellos dos que acumularon pérdidas de casi 1,000 mdd- debido a que formaban parte de empresas conjuntas. Al menos en cuatro de ellos, la firma tiene una participación de 50%.
En 2005, la revista Fortune describió a Barrack como “el más grandioso inversor inmobiliario del mundo”. Esa reputación ayudó mucho en el mercado de valores. En 2009, los inversores compraron acciones por un valor de casi 300 mdd en la Oferta Pública Inicial (OPI) de Colony Financial, que le brindó a Barrack fondos de financiamiento para buscar acuerdos. Desde entonces, las suscripciones públicas alcanzaron alrededor de 2,000 mdd, de acuerdo con S&P Global Market Intelligence.
El vehículo que cotiza en bolsa pagó al menos 547.5 mdd en acciones para adquirir Colony Capital en 2015, en la que Barrack tenía mayoría y recibía honorarios y utilidades de los fondos privados de Colony; 350 mdd de esa transacción fueron para el directivo.
Las acciones que Barrack recibió en la cuenta de transacción por una gran parte de su participación en Colony, actualmente tienen un valor de unos 150 mdd, después de que se registraran fuertes caídas en el precio de los bonos.
El ejecutivo sigue ganando dinero. “Hemos hecho un gran trabajo en la recaudación de capital de personas con un alto patrimonio neto y los fondos de riqueza soberanos…. con los que nuestra marca tiene una relevancia mayor”, dijo Barrack a los analistas el mes pasado.
Colony dijo que recientemente suscribió a “más de 25 de los mejores inversionistas institucionales con sede en EU”, pero se negó a dar detalles.
