La inteligencia artificial (IA) agéntica, misma que es capaz de tomar decisiones y ejecutar tareas de forma autónoma, promete elevar la productividad de empresas y gobiernos; sin embargo, la falta de regulación, infraestructura tecnológica y bases de datos adecuadas podría ampliar la desigualdad entre países y empresas en lugar de reducirla.
Estudios del banco Citi y del organismo de certificación NYCE advierten que la concentración de capital tecnológico, la dependencia de plataformas globales y la baja preparación de muchas organizaciones podrían dejar a buena parte del mundo como simple usuaria de esta tecnología, mientras el valor económico se concentra en unos cuantos actores
Justo Citi habla del riesgo de la centralización de capital en empresas conformadas solo por cuatro o cinco personas, mientras que NYCE dice que algunas regiones como América Latina, donde hay un potencial enorme basado en la riqueza de datos, el talento emergente y la necesidad de resolver problemas estructurales, también vive una adopción desigual marcada por brechas de infraestructura, inversión, regulación y capacidades.
Por ello consideran que es necesario que el gobierno, empresas y academia evalúen las condiciones que pueden habilitar el uso de la IA para comprender su estado real actual, es decir, la infraestructura, políticas, educación, gobernanza y capacidades humanas que determinan el impacto real y sostenible de esta tecnología.
El entusiasmo por usar la IA creó altas expectativas y la industria de tecnologías de la información se volcó a crear una oferta de soluciones y servicios; sin embargo, como ocurre con hitos tecnológicos previos, el desarrollo de IA sigue siendo desigual, disperso y poco coordinado.
Aunque a pesar de los retos, hay señales de esperanza: universidades, startups y el sector público están marcando el camino. “Este momento es decisivo: o construimos un ecosistema regional de IA, o veremos cómo otros lo hacen por nosotros”, sentenció el estudio.
Países como Brasil, México, Chile, Argentina y Colombia lideran los esfuerzos en IA agéntica con centros de investigación, startups tecnológicas y políticas públicas. Según el AI Readiness Index 2023 de Oxford Insights, Brasil ocupa el lugar 49 del mundo, seguido por México (63), Chile (66), Colombia (67) y Argentina (71), lo que refleja una preparación relativa.
No obstante, estas posiciones representan apenas un punto de partida y no una consolidación técnica. La adopción actual de la IA es desigual, ya que se concentra en polos urbanos y sectores específicos, lo que plantea la necesidad urgente de evitar una brecha de exclusión digital.
Muchas organizaciones públicas y privadas de la región dependen de infraestructuras internacionales para entrenar AAI o almacenar información sensible. Esto plantea riesgos de soberanía digital y dependencia tecnológica.
Necesario crear un ecosistema
Diego Lürssen, asesor de IA Empresarial en México, considera que hay que crear un ecosistema de IA agéntica que sea tangible y monetizable, que se refleje en beneficios y concilie los retos políticos.
Percibe que ya hay un cambio de mentalidad respecto a los datos, un nuevo paradigma que dicta que no puede haber un impulso de esa tecnología si no hay una consciencia humana detrás que tome decisiones basadas en ellos.
Patrick Henz, Presidente adjunto del Subcomité de Ciencias del Comportamiento en Tecnologías Digitales del Colegio de Abogados de la Ciudad de Nueva York, considera que el riesgo de usar IA Agéntica en las organizaciones todavía no es tan grande pero éste crecerá en los próximos años, por lo que recomienda establecer lineamientos.
“Esta tecnología está en pañales y requiere una integración sistemática en las compañías para implementar procesos adecuados, se necesita una gestión eficiente que cree un espacio seguro para los empleados con foco en su empoderamiento, no en la limitación”, aseguró
El especialista en cumplimiento concluye que las empresas son responsables de preparar a sus empleados. La sensibilización hacia esta tecnología es comparable a la vacunación. “El futuro es la IA agéntica trabajando de la mano de la inteligencia humana”, dijo.
Jorge Malo, Director de Tecnologías de la Información en Nadro, aconseja que, como responsable de adoptar una nueva tecnología, hay que ser consciente de la expectativa real, qué puede hacer en beneficio de la organización y usarla con responsabilidad, no crear un boom falso.
Para 2026, los países intentarán controlar sus propios modelos de IA o ejecutar infraestructura local para evitar la dependencia tecnológica o política de grandes proveedores globales. La interacción con esta tecnología a largo plazo será crucial para detectar cómo afecta a las habilidades humanas, el desarrollo cognitivo y la conducta social, dice el reporte “De la expectativa generada a la utilidad real. Predicciones para la IA 2026”, publicado en diciembre pasado por el Instituto para la Inteligencia Artificial Centrada en el Humano de la Universidad de Stanford.
Por ello afirma que este año será en el que la comunidad científica, reguladores y sectores productivos pasarán de tener expectativas infladas, a hacer métricas para contar con evidencia sólida y enfoques más profundos de utilidad, impacto y gobernanza de la IA, dice el documento.
Los retos de la IA agéntica
Expertos en el mundo consideran que la IA agéntica tampoco tiene el tiempo para esperar la creación de marcos y normas para su uso que impulse una igualdad económica, pues hay una presión por una mayor optimización de procesos y reducción de costos por otras regulaciones tanto laborales como fiscales.
“La presión por usar la IA agéntica domina el mercado, esto obliga a las organizaciones a implementarla de la forma que sea”, declaró en conferencia Víctor Borga, director de ventas para América Latina de Okta, firma de tecnología de gestión de identidades y acceso.
Además, esta adopción acelerada sin un marco regulatorio claro expone nuevos riesgos en materia de ciberseguridad.
Kristen Swanson, responsable de diseño e Investigación de Okta, dijo que muchas empresas la usan de forma experimental pero solo 10 por ciento cuenta con una estrategia para gestionar identidades no humanas, lo que pone en riesgo su información “así como se ponen candados para usar cierta información empresarial a los colaboradores humanos, deben ponerse a los agentes virtuales y desplegarlos en un ambiente seguro”, explicó.
La especialista expuso el caso de un IA Agéntica creada para leer y contestar correos electrónicos, que al tener acceso a la base de contactos completa de un directivo, decidió escribirles a todos un mensaje que solo era para algunos de ellos.
La IA agéntica genera muchas expectativas y dentro de este boom o emoción por las nuevas posibilidades, personas y organizaciones planean incorporarla —o ya lo hicieron— a sus procesos; sin embargo, es preciso revisar cuáles de esos escenarios son realistas y aportan valor, además de medir los riesgos, recomienda David Kerr, socio de la oficina de McKinsey en Londres.
Casos de estudio
Nadia, es una de las agentes artificiales inteligentes de la empresa mexicana de logística Nadro (cuyo nombre armaron con las primeras letras de la empresa más las siglas IA), ella informa a los empleados las políticas de uso de hoteles para viajar según sus cargos en la empresa, y cuenta con otro agente que da el estatus comercial de cada farmacia a su fuerza de ventas. La compañía ha desarrollado varios AAI que aprenden día con día para mejorar.
Patrick Henz, que recién se unió a la Mesa Directiva del Consejo Latinoamericano de Ética en Tecnología, puso el ejemplo de un caso de sesgo por discriminación por edad que cometió Workday contra un candidato de 50 años por utilizar la IA agéntica en sus procesos de contratación laboral, lo que le ocasionó una demanda colectiva y sentó un precedente legal importante.
El experto compartió que el gobierno de Estados Unidos lanzó en abril pasado una petición a todas las organizaciones de contar con un director responsable de la IA y un sistema de gestión de riesgos confiable.
“Si los humanos son parciales, también lo es la IA agéntica porque se basa en decisiones humanas”, dijo, y expuso otro caso de alucinación de la tecnología: En 2024, un AAI de Air Canadá, dio información incorrecta a un viajero sobre cómo obtener un descuento y la aerolínea, para no aplicarlo, se defendió diciendo que su chatbot era responsable de sus propias acciones, al final se determinó que lo eran ambos, la empresa y su robot, no había diferencia.
El especialista, otrora Oficial de Cumplimiento en Siemens México, agregó que la IA es un intermediario entre nosotros y los datos. Debido a esto, podemos perder el aprecio por el contenido original, además, al resumir éste, el resultado suele ser reiterativo, por lo que un agente es inferior al conocimiento total de las bases de datos y de ahí el riesgo de la “alucinación” de los sistemas.
El panorama de la Inteligencia Artificial Agéntica
Diego Lürssen, asesor de IA Empresarial en México, considera que uno de los obstáculos para instalar la IA agéntica es la falta de credibilidad de los dueños, directivos e inversionistas de las organizaciones, otro es la competencia con otros proyectos de tecnología “hay que vender bien las ideas, exponer un retorno de inversión honesto y sólido, además de involucrar a las personas clave de las áreas de interés en el proyecto”, dijo.
El especialista, que fue Director de Información y Datos de Grupo Lala y Corporación MultiInversiones, recomienda no adoptar la IA agéntica solo por moda o para no ser juzgados si no se hace.
Para mitigar los riesgos y lograr una gestión responsable de la IA, se generó el estándar ISO/IEC 42001, que permite institucionalizar un sistema de administración de IA basado en riesgos, con procesos de auditoría, monitoreo, trazabilidad y mejora continua, lo otorga el NYCE (primer Organismo de Certificación acreditado para ello en México) que trabaja en conjunto con las consultoras BP Gurús, ES Gestión Empresarial y White Box Project Institute (WBPI) para acercar los beneficios de este estándar internacional a las empresas en América Latina. El último organismo, tiene el objetivo de formar Oficiales de Cumplimiento en IA. Este frente común busca elevar los estándares de adopción de la tecnología en la región.
El WBPI es un organismo pionero en la formación de dichos oficiales. Ha capacitado a más de 180 expertos como Chief Artificial Intelligence Officer (CAIO), que trabajan en alrededor de 160 organizaciones públicas y privadas de toda América Latina, en México destacan el Senado de la República, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el Consejo de la Judicatura Federal, el INAI, el INFONAVIT, Banorte, AT&T, American Express, KPMG, Canal 11 TV, Grupo Imagen, MVS, entre otros. Además, la empresa es consultora especializada en IA y realiza auditorías de algoritmos.
Además del estándar para un buen uso de la IA agéntica, existen tecnologías que pueden reforzarlo como la de Okta, plataforma de seguridad que administra el acceso de identidades (humanas o artificiales) a los sistemas informáticos de las organizaciones, desde un centro de control. Cuenta con una herramienta que identifica a los agentes artificiales y otra que establece protocolos de autenticidad por medio de claves para darles acceso o no, a los datos de la persona que le pide el servicio.
Esta tecnología incorpora Credenciales Digitales Verificables a la infraestructura de seguridad de las organizaciones, para combatir el fraude impulsado por la IA, como una capa extra de protección.
Borga, el directivo de Okta citado antes, compartió con MILENIO que en México, han interactuado con la Comisión Nacional Bancaria y de Valores para promover el uso seguro de la IA agéntica en las entidades financieras locales.
La compañía tiene más de 500 organizaciones usuarias en la región y más de 100 clientes en el país, entre ellos, Liverpool, Cinépolis, Chedraui y Grupo Salinas. Varias plataformas conocidas de Nube como Google Cloud, Amazon Web Services (AWS) y Salesforce, ya utilizan sus herramientas, por lo que cuenta con casi un billón de usuarios activos mensuales únicos en las nubes de identidad de empresas y sus trabajadores.
La IA agéntica promete transformar la economía global, pero su impacto no será automático ni equitativo, pero sin reglas claras ni infraestructura suficiente, los países que no desarrollen capacidades propias corren el riesgo de convertirse en simples usuarios de una tecnología cuyo valor económico se generará en otros lugares.
El resultado final dependerá de si esta nueva ola tecnológica logra integrar a más economías o termina ampliando las brechas existentes.