El exembajador de Estados Unidos, Antonio Garza, aseguró que “México ofrece un ejemplo de pragmatismo discreto en medio del ruido regional y además sus negociaciones comerciales ya se centran en cuestiones prácticas y plazos en los sectores agrícola y energético.
Garza destacó que los indicadores internos en México mejoran porque la economía se mantiene estable y las tasas de homicidios muestran una tendencia a la baja.
“En las reuniones bilaterales de la semana pasada, los negociadores mantuvieron un perfil bajo, centrándose en plazos prácticos para los sectores agrícola y energético en el marco del T-MEC. Si bien el cambio —implementado tras el mes de julio— hacia revisiones conjuntas anuales añade una capa de teatro político recurrente, el motor comercial subyacente sigue siendo el factor de estabilidad más fiable de Norteamérica”, afirmó.
Simultáneamente, apuntó Antonio Garza, en América Latina persiste la fragmentación política y un realineamiento en Argentina, Brasil y Colombia en torno a nuevas dinámicas conservadoras. Y en Venezuela los intereses económicos se centran en un pragmatismo energético materializado en el acuerdo del gobierno de Donald Trump con el de Delcy Rodríguez.
Para el diplomático, existe un contraste con Canadá, que de manera abrupta se levantó de la mesa de negociación con Estados Unidos, poniendo de manifiesto “la gran fragilidad del comercio transfronterizo actual”, que además supone graves daños colaterales a industrias integradas con la entrada en vigor el 8 de septiembre de aranceles en represalia.
En entrevista con MILENIO, el actual presidente de Vianovo Ventures y asesor sénior del bufete de abogados White & Case destacó que los conflictos mundiales ocupan un lugar central con focos de tensión como las guerras en Irán y Ucrania, que se suman a la escalada de disputas comerciales que “siguen poniendo a prueba los límites de la estrategia habitual del presidente Trump, basada en la coerción económica y militar”.
Antonio Garza subrayó que “Irán se ha negado a ceder en sus ambiciones nucleares o regionales”, mientras China sigue aprovechando su dominio sobre los minerales críticos y vetó el comunicado del G20 de esta semana, “lo que sugiere claramente que la coerción de alta presión puede provocar desafíos en lugar de capitulaciones”.
Y alertó que “esta presión constante está acelerando una dinámica de alto riesgo. Por un lado, la ampliación de los aranceles estadounidenses y las sanciones de gran alcance siguen fracturando el comercio mundial, impulsando el endurecimiento de un eje CRINK que busca crear canales comerciales alternativos inmunes a las sanciones, al tiempo que genera desconfianza entre los aliados tradicionales”.
Mientras parece haber tácticas que respaldan una amplia estrategia por parte de Rusia, como las ciberincursiones de Rusia en Europa y su creciente apoyo a los programas de misiles de Teherán, así como la postura aérea y marítima agresiva de China frente a Taiwán y Japón.
Garza advirtió también de las duras críticas de los aliados europeos, específicamente los líderes alemanes, ante la invitación sorpresa a funcionarios rusos por parte de Washington al G20 en Asheville.
Además, destacó que el crecimiento económico actual podría sustentarse en una dinámica de inteligencia artificial inflada y vulnerable más que en fundamentos fiscales sólidos, cuando la deuda nacional de Estados Unidos supera los 40 billones de dólares y enfrenta la volatilidad de los mercados de bonos y la inflación persistente.
“No obstante, los rápidos avances en inteligencia artificial ofrecen un enorme potencial económico e intensifican una carrera bilateral de alto riesgo con Pekín, la cual amenaza con desestabilizar aún más un orden internacional ya de por sí frágil”.
El asesor también adelantó los mínimos históricos en la aprobación de Trump, lo que denota un electorado “profundamente escéptico” con cifras de hasta 89 por ciento de los estadunidenses que consideran que existe una corrupción gubernamental generalizada, según las encuestas.
Se trata, sostuvo, “de un consenso inusual que trasciende las líneas partidistas y deja a la administración en una posición de gran vulnerabilidad. Ante la alta probabilidad de perder la Cámara de Representantes y la lucha por mantener un Senado cuyo control está en juego, los ataques cada vez más intensos de la Casa Blanca contra las bases de datos de votantes y la infraestructura electoral de los estados parecen menos una retórica de campaña habitual y más una estrategia deliberada para preparar el terreno a litigios agresivos tras los comicios”.