• Regístrate
Estás leyendo: Las Olimpiadas no salvarán a Brasil
Comparte esta noticia
Lunes , 18.03.2019 / 16:29 Hoy

Las Olimpiadas no salvarán a Brasil

El supuesto auge económico que llegará por los Juegos Olímpicos de Río 2016, no sacará a los brasileños de la peor recesión en más de 100 años.

Publicidad
Publicidad

Aquí en Brasil, es difícil encontrar a alguien en el mercado laboral al que no le afectó la recesión.

Anny es arquitecta, su industria es la primera en disfrutar del crecimiento económico, y la primera a la que le afecta la desaceleración, cuando las compañías dejan de construir. De sus colegas más cercanos, al menos la mitad no tiene trabajo, mientras que otros luchan por cualquier cosa que les pueda caer.

A pesar de la exageración del gobierno sobre el auge económico que supuestamente se va a crear por los Juegos Olímpicos de Río 2016 el próximo mes, esta recesión es la peor en más de 100 años. La tasa de desempleo en Brasil se encuentra en niveles de dos dígitos y es de 11%, en comparación con alrededor de 6% en 2014.

Los brasileños comunes no son los únicos que están desempleados. En una señal del alcance de la crisis política y económica, la presidenta Dilma Rousseff se vio obligada a esperar en el Palacio de Alvorada, la residencia presidencial. Está suspendida de su cargo en espera de un proceso de juicio político por supuestamente manipular el presupuesto gubernamental.

Al menos, puede buscar su pensión. Pero para muchos brasileños jóvenes es lo contrario, pues los tiempos difíciles llegaron como un golpe.

Durante gran parte de la década previa a 2014, se acostumbraron a un mercado laboral muy activo, en el que con frecuencia podían cambiar de trabajo, y cada vez por un salario más alto. Tan escaso era el talento durante los años de auge que las empresas tenían que pagar más que en los mercados internacionales por personas que incluso tenían una capacidad moderada.

Abundaban las historias sobre banqueros de inversión a los que se les pagaba más que a sus homólogos más productivos en Nueva York, o ingenieros que eran más caros que los de Europa. El mercado laboral de Brasil se volvió tan atractivo que profesionales portugueses y españoles comenzaron a buscar trabajo en el país para huir de la crisis en el sur de Europa.

El mercado activo funcionó con leyes laborales arcaicas que garantizaron que los salarios brasileños se dispararan mientras la productividad caía.

Con más de 900 artículos, la ley laboral brasileña es tan complicada que desalienta a las empresas a contratar. A los empleadores se les exige pagar casi el doble del salario mínimo de un empleado en impuestos adicionales sobre el salario y cuotas de seguridad social, y tienen que desembolsar grandes cantidades en los tribunales, que tienen una orientación hacia los trabajadores, si a un exempleado por alguna razón se le ocurre demandar.

Pero ahora, las empresas a las que se les golpeó durante el auge, se preparan para usar en su beneficio los tiempos difíciles para los trabajadores.

Pudo ser solamente un desliz freudiano, como se afirmó después, pero la declaración de un líder de la principal asociación industrial de Brasil fue reveladora. Robson Andrade, director de la Confederación de la Industria Nacional, o CNI, se lamentó de las leyes laborales de Brasil mientras hizo un llamado a que se realizaran fuertes reformas durante una aparición pública junto con el presidente interino, Michel Temer.

¿Por qué? Incluso en Francia, dijo, recientemente se cambió la ley para permitir que los empleados trabajen 80 horas a la semana en aras de la competitividad.

Al considerar que esto significa trabajar 16 horas al día en una semana de cinco días, después se dio cuenta de su error y se corrigió. Francia permite que los empleados trabajen 60 horas a la semana (pero incluso esto, aparentemente solo se permite con una orden judicial).

Las reformas a las leyes laborales, incluso si hacen que el mercado sea más flexible y fomenten la contratación, llegarán lentamente.

El gobierno pone sus esperanzas en el efecto olímpico. En un estudio de EY -un patrocinador oficial de las Olimpiadas- llamado “El valor de los juegos: los impactos socioeconómicos de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Río 2016”, se encontró que los dos eventos crearán 1.79 millones de puestos de trabajo permanentes y temporales.

Si es verdad, eso sería suficiente para llenar una gran parte del hueco que se creó por el reciente aumento del desempleo. Pero, por supuesto, la mayoría de esos puestos de trabajo serán temporales o por proyectos relacionados con la construcción o los servicios, y van a desaparecer cuando terminen los juegos.

Otra forma de ver el efecto olímpico es que el desempleo puede aumentar una vez que terminen los juegos, ya que un enorme contingente de empleados temporales regresarán al mercado de trabajo.

Independientemente de lo que ocurra después de los Juegos Olímpicos, para los brasileños no hay escapatoria. Los días en que los empleados ocuparon el podio en las relaciones laborales quedaron en el pasado.



Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.