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“Sin necesidad de pedir permiso a nadie”: Lanzan autobús eléctrico Hecho en México

Roberto Gottfried, CEO de Megaflux y mente maestra detrás del vehículo, destaca la independencia del desarrollo tecnológico sin necesidad de recurrir a compañías extranjeras.

México comienza a romper décadas de dependencia tecnológica en el transporte pesado con el desarrollo de nuevas unidades eléctricas diseñadas con ingeniería nacional, explicó Roberto Gottfried, CEO de Megaflux, empresa mexicana de electromovilidad y desarrolladora del autobús eléctrico Taruk.

“Venimos de 100 años de dependencia tecnológica en motores diésel extranjeros y hoy por fin tenemos la posibilidad de autoabastecernos de nuestra propia movilidad sin necesidad de pedir permiso a nadie”, dijo en entrevista con Milenio.

El directivo se refirió al lanzamiento del autobús eléctrico, una unidad de 12 metros que forma parte de una nueva generación de transporte público eléctrico desarrollado en el país.

El vehículo es resultado de la colaboración entre tres empresas con presencia en México: Megaflux desarrolló el tren motriz eléctrico; Dina se encargó del chasis; y Marcopolo fabricó la carrocería en su planta de Monterrey.

“Para nosotros siempre es un orgullo ser mexicanos y difundir y promover el uso de tecnologías hechas en México. Con socios como Dina y Marcopolo, que fabrican desde hace muchos años en el país camiones y autobuses, nos llena de orgullo el trabajo que hemos realizado”, explicó Gottfried.

La unidad obtuvo además el sello Hecho en México, una certificación que evalúa distintos elementos del proceso productivo, desde el origen de los materiales hasta el desarrollo tecnológico detrás del producto.

De acuerdo con el directivo, para obtener este reconocimiento se consideran tres factores clave: el origen de las materias primas, el proceso de manufactura y el conocimiento tecnológico involucrado en el desarrollo del vehículo.

“Primero está el origen de las materias primas; segundo, la cantidad de hechura o manufactura —las horas de trabajo y las personas involucradas—; y la parte más importante es el conocimiento o la tecnología con la que se diseñó el vehículo”, señaló.

El directivo también destacó que el nivel de integración nacional alcanza entre 60 y 70 por ciento, uno de los más altos registrados en el país para este tipo de unidades.

“Todo el chasis es ingeniería de Dina, la carrocería fue hecha en Monterrey en la fábrica de Marcopolo y todo el tren motriz pertenece a tecnología Megaflux y fue diseñado y construido por mexicanos”, detalló.

El proyecto también implicó la participación de una amplia cadena de suministro. Según Gottfried, alrededor de 140 proveedores participaron en la fabricación del autobús, mientras que el proceso productivo involucra a más de 1500 trabajadores mexicanos en distintas plantas ubicadas en Hidalgo, Nuevo León y Ciudad de México.

“Si consideras que un autobús importado no le da trabajo a nadie en México, nosotros estamos dando sustento y posibilidades de vida sostenible a más de 1500 familias”, afirmó.

Además, el directivo destacó que la fabricación nacional tiene un impacto más amplio en la economía del país.

“De cada 100 pesos de un autobús eléctrico hecho en México, 78 pesos se quedan en el país, mientras que en un autobús importado apenas 30 pesos permanecen aquí, entre aranceles e impuestos”, explicó.

El desarrollo del vehículo es resultado de más de 17 años de investigación y desarrollo tecnológico por parte de la empresa, aunque el proyecto específico del autobús comenzó a tomar forma en septiembre del año pasado, cuando se concretó la alianza entre las tres compañías.

“Es el trabajo de muchos años, pero el proyecto como tal empezó en septiembre y desde octubre comenzamos a construir el vehículo”, comentó.

La unidad cuenta con piso bajo, aire acondicionado y capacidad para transportar hasta 100 pasajeros, con un peso vehicular cercano a 25 toneladas.

El autobús fue diseñado para operar en corredores de transporte masivo y complementar otros modelos eléctricos más pequeños, como el Taruk de 9.5 metros, pensado para rutas alimentadoras.

La movilidad eléctrica es impulsada desde México
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La estrategia de producción comenzará de forma gradual. La línea inicial contempla una capacidad de 20 autobuses mensuales, lo que permitiría alcanzar entre 240 y 250 unidades al año.

A futuro, la compañía analiza la posibilidad de exportar estas unidades a otros mercados de América Latina.

“Estamos viendo la posibilidad de ingresar a varios mercados. Uno natural sería Brasil, pero también el resto de América Latina y donde sea que veamos una aplicación para estos vehículos”, señaló Gottfried.

No obstante, el directivo subrayó que el objetivo principal es fortalecer primero el mercado interno.

“Siempre hablamos de exportaciones, pero México tiene que suplirse a sí mismo. El transporte público es un derecho de todos los mexicanos y qué mejor que atenderlo desde una industria nacional que genera empleo y desarrolla tecnología propia”, concluyó.

JJB

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