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Lunes , 25.03.2019 / 06:26 Hoy

La telefonía pública se queda en las sombras

El servicio muestra un claro declive ante el avance de los dispositivos móviles y el internet, que nos permiten comunicarnos lejos de casa.

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Mientras empezaban a tomar relevancia las bandas de rock and roll nacionales y el país se dirigía a un movimiento contracultural, en el inicio de la década de los 60 la Ciudad de México vivía una transformación hacia la modernidad.

Signo de esos tiempos, en 1960 la capital fue la primera ciudad del país en albergar 10 casetas de telefonía pública, instaladas por Teléfonos de México (Telmex), que apenas dos años antes había pasado a manos de empresarios mexicanos, pero aún operaba con capital privado.

Con los nuevos dispositivos se daba respuesta a la creciente necesidad de la población por comunicarse con sus familiares, función que cumplieron cabalmente por décadas, pero gracias a los avances tecnológicos esos teléfonos han caído poco a poco en desuso.

De esa decena de aparatos instalados en el entonces Distrito Federal, los teléfonos públicos llegaron hasta un máximo histórico en 2006 de 845 mil 625, de acuerdo con la información disponible del Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel).

En tanto, el número de casetas telefónicas en todo el país pasó de 764 mil 269 equipos instalados al cierre de abril de 2015 a 748 mil 418 en diciembre del mismo año, una reducción de 2.2 por ciento en solo 8 meses.

Este servicio, que en su momento fue una de las soluciones más viables para llevar la comunicación a todos los rincones del país, pero actualmente se enfrenta a la disyuntiva de evolucionar o desaparecer, pues claramente está perdiendo la batalla ante la telefonía celular y la conectividad móvil.

De acuerdo con las cifras del Ifetel, la Ciudad de México es la entidad con el mayor número de equipos instalados, con 95 mil 750 al cierre de 2015, seguido por el Estado de México, con 73 mil 732.

La entidad con el menor número de casetas telefónicas es Campeche, con 2 mil 300 equipos. Le siguen Baja California Sur, con 2 mil 401, y Colima, con 370, aunque cabe destacar que en todos los casos se muestra una creciente disminución en el número de aparatos.

Pero si se compara con el dato que indica el mayor número de equipos registrados que data de 2006, el cual fue dado a conocer por la extinta Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) y que fue de 845 mil 625 casetas telefónicas, el decrecimiento se eleva a 11 por ciento.

A decir de Ernesto Piedras, director general de The Competitive Intelligence Unit (The CIU), este fenómeno se presenta por la masificación de la telefonía celular y la llegada de aplicaciones que permiten hacer llamadas telefónicas por internet.

“En los estados aún se ve en mayor medida el uso de las casetas telefónicas, incluso la venta de tarjetas para llamadas, sin embargo es un hecho que el fenómeno del decrecimiento está presente, y no sólo en México, sino a nivel mundial”, comentó Piedras.

El especialista agregó que lo conveniente para las empresas que aun se dedican a la telefonía pública es que encuentren una nueva estrategia de negocio, que pueden ser células de conectividad, servicios de valor agregado y encontrar un nuevo modelo, pues ya no es el que se conocía, ya que empresas como Axtel, Telmex o Maxcom son los que podrían dar ese servicio incluso, con alguna modalidad de cargo al servicio de casa.

“No va a haber una desaparición de las cabinas telefónicas es un hecho, pero definitivamente sí están enfrentando además el fenómeno de la conectividad pública, como es el wifi, y lo que esto implica, pues incluso con el turismo extranjero que antes era un potencial usuario de servicios de larga distancia, ahora utiliza la conectividad gratuita. Esto puede ya no ser una opción para esas empresas”, comentó Piedras.

Importancia social

Tras el terremoto de 1985, al haber resultado dañadas miles de líneas domiciliarias en la Ciudad de México, Telmex (que entonces era propiedad del estado) suspendió el cobro de los teléfonos públicos de alcancía en la ciudad para mantener comunicados a sus pobladores.

En las imágenes de prensa era habitual ver largas filas de personas esperando utilizar un teléfono público, pues en muchas ocasiones era la única forma de comunicarse.

Información de la extinta Asociación Mexicana de Operadores de Telefonía Pública indicaba que para 1987 la empresa de telefonía instaló teléfonos públicos de alcancía con teclado de marcación y un microprocesador digital, mismos que ofrecieron diversos servicios de larga distancia, como Lada 91, 95 y 98.

Estos equipos funcionaban con monedas de 50, 100 y 200 pesos, y fueron instalados en lugares estratégicos como aeropuertos, terminales de ferrocarril, autobuses, hospitales, centros comerciales, universidades y unidades habitacionales, entre otros.

Al funcionar con monedas, dichos aparatos estaban altamente expuestos al vandalismo, por lo que en 1988 la empresa se enfrentó a la afectación de 50.6 por ciento de los teléfonos públicos, cuyo monto de reparación ascendió a mil 647 millones de pesos.

En ese mismo año los aparatos de telefonía pública incorporaron dos nuevas modalidades de pago: larga distancia por cobrar a Estados Unidos o pago de servicio mediante una tarjeta de crédito con asistencia de una operadora extranjera que se conoció como USA Direct.

Entre 1994 y 1995 había ya casi 40 mil aparatos de telefonía pública, de los cuales 11 mil 360 fueron Ladatel Plus, lo que marca el inicio de la introducción del sistema de comercialización de tarjetas con chip, conocido como Ladatel, con lo cual se limitó el vandalismo a estos aparatos.

Poco tiempo después de haberse iniciado la venta de tarjetas telefónicas, se estableció una estrategia comercial que consistía en que 70 por ciento de las mismas tuvieran imágenes impresas para difundir las artes y la cultura de México y únicamente 30 por ciento se utilizó con fines publicitarios.

En 1997 la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) dio los primeros permisos a empresas ajenas a Telmex para prestar el servicio de telefonía pública, para ese año, había en el país más de 800 mil casetas instaladas en todo el país, según datos de la extinta Comisión Federal de Telecomunicaciones.

Inicia la competencia

Para 1996 la extinta Cofetel reportaba 217 mil 835 casetas telefónicas en todo el país. Para ese año, había una densidad de 2.4 aparatos de telefonía pública por cada mil habitantes, lo que aseguraron “fomentaba mejores oportunidades de comunicación para miles de mexicanos que no contaban aun con una línea telefónica en su domicilio”.

Datos de la Asociación Mexicana de Operadores de Telefonía Pública indican que en enero de 2008, 55 por ciento de las llamadas que se realizaban desde teléfonos públicos se hacían a celulares y 45 por ciento hacia líneas fijas.

En ese mismo año había 20 permisionarios, los cuales habían instalado 125 mil casetas, con una inversión de 200 millones de dólares, y la Cofetel estimaba que en la Ciudad de México había aproximadamente 40 casetas por cada 10 mil habitantes, pero en estados como Tabasco apenas se alcanzaban apenas 10 teléfonos públicos por cada 10 mil ciudadanos.

Para 2001 nuevamente la asociación reportaba alrededor de 300 mil teléfonos públicos, de los cuales 83 por ciento pertenecían a Telmex, 6.6 por ciento eran subsidiados por el gobierno y el resto eran operados por las empresas independientes.

Actualmente, además de Telmex, empresas como Alta, Logitel, BBG Comunicación y Radiocel se mantienen en el mercado; sin embargo, otras como Maxcom le han dicho adiós a este negocio, luego de que en 2015 concretara la venta de esta división.

Aliado en desastres

La telefonía pública es uno de los servicios que más apoyo brindan ante desastres naturales, pues en la mayoría de los casos permanecen activos, y se habilitan de forma inmediata para que brinden un servicio gratuito.

Si bien hay una percepción de que las líneas de teléfonos públicos nunca dejan de funcionar en una emergencia como un temblor, lo que sí sucede con las líneas caseras o la telefonía celular, expertos del sector explica que en esas situaciones las líneas no “se caen” sino que se saturan.

Las redes en todo el mundo están diseñadas para que los clientes entren y salgan como en un carrusel, y ninguna puede ser utilizada al mismo tiempo, por eso en un terremoto o desastre, las líneas se saturan, tanto celulares como fijas.

Cuando esto sucede la gente suele primero hacer llamadas por sus teléfonos, y si no pueden salen a buscar un equipo público, que en principio estará más despejado, y además en lo que salen dan más tiempo a que se despeje la línea.

En el caso de un huracán, hay muchas probabilidades de que se caigan las torres de celular, por eso lo más sólido son las redes subterráneas, es decir, las líneas fijas, pero si también la luz se va, la mayoría de los actuales teléfonos de casa son inalámbricos y no funcionan aun cuando haya línea.

Aunque ya casi nadie los utiliza, los teléfonos de disco sí funcionan, y en esos casos al no haber luz, si también las antenas de celular se afectaron, lo más común es que se usen los teléfonos públicos.

En diferentes ocasiones en casos de desastres Telmex instala teléfonos públicos y pueden usarse de forma gratuita, de igual forma que computadoras con acceso a internet, pero esto es gracias a las redes fijas de telefonía.

Solo cuando hay un gran deslave y hay varios cortes a la fibra óptica, se puede perder incluso la telefonía pública, aunque también es poco percibido por la gente, debido a que la velocidad de reacción es prácticamente inmediata.

En esos casos lo que se hace es autorizar la redundancia, es decir, se desvían las redes por otra ruta, y en los casos de que haya cortes en diferentes zonas, lo que se hace es buscar lo que se pueda utilizar primero, un empalme de fibra u otra ruta.

10

teléfonos públicos se instalaron en el Distrito Federal en 1960, los primeros del país

11%

ha caído el número de casetas instaladas desde su máximo histórico

95

mil 750 teléfonos públicos tiene la Ciudad de México, la entidad con un mayor número

83%

pertenecía a Telmex en 2001; 6.6% al gobierno y el resto a otros operadores



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