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La maldita bendición del crédito

Para usar bien tus plásticos no debes ser experto en matemáticas o en teoría financiera, solo tener la información correcta y conocer tus responsabilidades. 


Mexicanos al grito del... crédito. Con más de 16 millones de tarjetas de crédito en circulación y 8 millones de créditos vigentes, según datos del Banco de México, el crédito personal es la regla y no la excepción de las finanzas personales de los mexicanos.

Lo usamos porque es cómodo, porque está disponible, porque tiene beneficios adicionales o promocionales y, también, porque se ha vuelto una muleta para que muchas familias puedan solventar la diferencia entre el dinero que ganan y el dinero que necesitan.

Calificar el uso de estos instrumentos como bueno o malo es redundante. Son instrumentos tan utilizados en la vida moderna que es, prácticamente imposible pensar en vivir sin ellos. Son a la vez, herramientas financieras con beneficios positivos y armas de destrucción de la cartera. Por un lado, nos permiten acceso a dinero necesario en ciertas situaciones o para emergencias y facilitan las transacciones cotidianas.

Pero, su costo es alto, 28% anual para los créditos personales y 23% para las tarjetas de crédito, según Indicadores Básicos de Tarjeta de Crédito y de Créditos Personales.

Independientemente del costo, parte del problema es que muchos pierden el piso de sus posibilidades financieras, sienten la tarjeta de crédito como un falso ingreso adicional del que ya no se puede prescindir. Ahí es cuando el repago se vuelve cada vez más difícil. El problema no es en sí el instrumento, sino cómo lo usamos quienes lo tenemos.

En la teoría, esa que utilizan los economistas, 15% del ingreso neto debe ser utilizado para el repago de deuda (con excepción del crédito hipotecario), pero en la práctica hablar de un número fijo es secundario; depende de las características de vida de cada persona. Lo que es indispensable es el destino de los créditos, para qué los estamos usando, y la manera en que los manejamos.

Utilizarlo bien no es cuestión de matemáticas o de teoría financiera, tiene que ver con dos palabras simples, sencillas y de sentido común: información y responsabilidad.

Información

Esta primera palabra quiere decir: conoce tus necesidades y las condiciones de los créditos que manejas.

1. No elijas las tarjetas de crédito o planes de financiamiento solo porque te los ofrecen o porque son los más populares. Sé un consumidor informado y dedica tiempo en buscar el plan más adecuado a ti. Compara entre productos analizando las diferentes condiciones de cada uno y como empatan con tus necesidades. Por ejemplo, si vas a utilizar tu tarjeta de crédito como fuente de financiamiento elige la de menor tasa de interés aunque prescindas de servicios adicionales.

2. Siempre lee la letra pequeña de los contratos y pregunta una y mil veces las dudas que tengas sobre su uso a la persona que te los ofrece. En el momento de contratar los créditos, que todo es miel sobre hojuelas, parece ridículo preguntar sobre qué pasa en caso de que no cumplas con alguna obligación. Hazlo de todos modos. Pregunta sobre tasas, comisiones, anualidades y multas. Pregunta (¡y apunta!) qué hacer en caso de una eventualidad, como el robo o la pérdida de tu tarjeta de crédito.

3. Vigila cumplir puntualmente con las fechas de pago mensual. La gran mayoría de los retrasos en pagos, que generan multas, es porque se olvida la fecha de pago. Tenlo presente. Tampoco olvides revisar el estado de cuenta de tus créditos cada mes para vigilar que los cobros y los pagos estén correctos. Además, ver los números de tus deudas en blanco y negro cada mes es un golpe de realidad que te puede hacer recapacitar sobre tus hábitos de consumo.

4. Una vez al año pide tu expediente en el Buró de Crédito. Es gratuito y conocerlo te puede ayudar a resolver errores o a tomar conciencia de tu situación financiera.

5. Vigila tu seguridad en línea, sobre todo, en la tarjeta de crédito. Instala, gratuitamente, alertas de correo o SMS que te informen sobre todos los cargos que se hagan para que puedas reportar de inmediato el mal uso. Cuida las claves de acceso de tus cuentas y de los sitios de compras en línea en donde tengas almacenado el número de tu tarjeta para su uso.

Responsabilidad

La segunda palabra quiere decir: gasta con cordura e inteligencia. Tener las herramientas para gastar no quiere decir que puedas gastar. Todas las compras que hagas deben estar contempladas dentro del presupuesto familiar.

Los créditos no son un ingreso extra. Son simplemente una herramienta para comprar las cosas con mayor rapidez o para enfrentar situaciones inesperadas.

1. Limita el número. Entre menos tarjetas y créditos disponibles tengas menor es la posibilidad de que derroches o te sobreendeudes. De nada sirve solicitar tarjetas nuevas o créditos por las promociones de apertura que ofrecen (esta carnada sale muy cara). Piensa seriamente el límite que aplicas a cada uno.

2. Vivimos en un mundo de “necesidades creadas”. El ritmo de la vida y la fuerza publicitaria nos hacen confundir los lujos con las necesidades. Utiliza las promociones estilo “meses sin intereses” para cosas que realmente sean indispensables... y no, una televisión de plasma, no lo es.

3. Paga lo máximo posible cada mes, si es posible todo el saldo. Evita pagar solo el mínimo de la tarjeta o menos del mínimo en cualquier tipo de crédito. El hacer esto genera una bola de nieve de multas e intereses que se puede volver una avalancha a tu situación financiera.

Primeros auxilios crediticios

Esta estrategia te ayudará a salir de las deudas que ya tienes.

Repagar deudas puntualmente no es una cuestión de honor, el no hacerlo puede tener grandes consecuencias tanto en la cantidad de intereses y multas que se acumulen como en tu futuro financiero. Retrasarse o dejar de pagar créditos implica que te den una mala calificación en el Buró de Crédito y, por tanto, te nieguen créditos en el futuro, en momentos o por razones que realmente los necesites.

Si estás sobreendeudado, es decir, cada vez te cuesta más trabajo pagar tus deudas actuales, haz un plan de repago en donde destines religiosamente una cantidad mensual para pagar tus deudas, dando prioridad a las de mayor tasa de interés.

Si ves que es imposible hacerlo por tu cuenta busca reestructurarlas; ya sea directo con la institución a la que le debes o a través de alguna empresa que se dedique a la reestructura de créditos. Las opciones al hacerlo son, básicamente, de dos tipos: congelar la deuda y pagar una cantidad fija al mes por un periodo más largo, o reducir el monto total de la deuda y pagar el resto en una sola exhibición.

Por más atractivo que suene, no utilices todos tus ahorros para repagar deudas. Aunque pagues 75% de interés y recibas 5% de rendimiento (y matemáticamente haga sentido) tienes que mantener un colchón de ahorros para enfrentar nuevas cosas inesperadas y no volverte a sobreendeudar. Usa una parte de tus ahorros, pero no todos.

Y, lo más importante, una vez que repagues tus deudas reorganiza tu manera de usar el crédito para no volver a “caer en el hoyo”. Antes de usar el poder de tu firma, usa el poder de tu inteligencia financiera.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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