“Lo único que impide el tránsito por el estrecho en este momento es que Irán ataca a los barcos. Está abierto al tránsito, siempre y cuando Irán no haga eso”. Esta asombrosa declaración del “secretario de guerra” Pete Hegseth explica por qué ninguno de los aliados de Estados Unidos a los que se les pide que se unan a la lucha por reabrir el estrecho de Ormuz está dispuesto a hacerlo: no se les consultó; no se trata de una operación de la OTAN; y, sobre todo, los responsables son negligentes. Irán está atacando a los buques. Esa es la forma más obvia que tiene su liderazgo de repeler la ofensiva estadunidense e israelí. La pregunta más bien es qué pueden hacer los atacantes al respecto. Después de todo, como señala Ray Dalio, fundador de Bridgewater, “en el caso de esta guerra contra Irán… existe un consenso casi unánime en que todo se reduce a quién controla el estrecho de Ormuz”. En este momento, Irán lo controla. Mientras esto siga siendo así, Irán está ganando.
Como señala la Agencia Internacional de Energía (AIE): “La guerra en Medio Oriente está provocando la mayor disrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial”. Sin embargo, también estima que la oferta mundial aumentará en promedio “en 1.1 millones de barriles diarios en 2026, y que los productores que no pertenecen a la OPEP+ representarán la totalidad de este incremento”. Esto se debe a que la AIE prevé que los flujos comerciales a través del estrecho se reanuden poco a poco a partir de finales de marzo y se recuperen durante abril. Sin embargo, no es difícil imaginar un futuro mucho más sombrío.
En su substack, The Overshoot, Matthew Klein argumenta que los precios del petróleo son sorprendentemente bajos. Esto es cierto tanto en términos nominales como reales a largo plazo. Al igual que la AIE, los mercados dan por sentado que la situación pronto volverá a la normalidad. Sin embargo, no está nada claro por qué sucederá esto. En particular, como subraya Klein, “la amenaza actual para el suministro no tiene precedente”. Además, añade que los cambios anteriores en los precios necesarios para reducir la demanda o aumentar la oferta fueron mayores que los que se ven hasta ahora, y los periodos de ajuste también fueron más largos, a pesar de que los cambios en los volúmenes fueron mucho menores que los actuales.
Es crucial destacar que las exportaciones de petróleo crudo de Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos representaban alrededor de 20 por ciento del suministro mundial y más de 40 por ciento de las exportaciones mundiales de petróleo crudo. Gran parte de esto ahora desapareció. Si el tráfico a través del estrecho permaneciera bloqueado porque los barcos deciden evitar los misiles, drones y minas de Irán, la pérdida de suministros no tendría precedente.
Desde principios de la década de 1970, señala Klein, hemos tenido tres periodos en los que los precios del petróleo aumentaron más del doble respecto a los niveles “normales” y luego se mantuvieron altos: el embargo petrolero árabe de 1973, la revolución iraní de finales de la década de 1970 y la creciente demanda de 2003-2008. Para que la oferta y la demanda se equilibren, los precios tendrá que ser mucho más altos, ya que la demanda de petróleo es inelástica, sobre todo en el corto plazo. Para lograr las reducciones necesarias en la demanda, los precios del petróleo podrían tener que subir muy por encima de los 200 dólares por barril, lo que suprimiría la demanda tanto directa como indirecta, a través de los impactos macroeconómicos de una mayor inflación, tasas de interés y desempleo.
Además, no sólo se trata del petróleo. También de gas, fertilizantes y productos petroquímicos. Estos son insumos cruciales. Los precios más altos y la franca escasez tendrán efectos perjudiciales, sobre todo en la producción de alimentos. Muchos de estos efectos serán más dañinos en Asia, región para la que el Golfo Pérsico es el principal proveedor de petróleo, gas y productos relacionados.
En resumen, si el estrecho no se reabre pronto, el mundo corre el riesgo de sufrir una disrupción económica y política. Sólo Rusia se beneficiará. Además, no sólo se verán perjudicados los importadores netos de gas y petróleo. Algunos países pueden necesitar estos productos para fines específicos. Casi todos los países sufrirán las consecuencias en la inflación, la demanda y la distribución del ingreso.
Entonces, ¿qué se puede hacer? En el corto plazo, le corresponde a EU solucionar el problema que creó. Debe encontrar la manera de poner fin a esta amenaza totalmente previsible de Irán. No puede depender de otros para salvarlo de su falta de pensar bien las cosas, sobre todo después de sus múltiples acciones y declaraciones hostiles, en particular sobre los aranceles. Debió recordar las palabras de Colin Powell, un líder militar más sensato, quien advirtió a George W. Bush: “Si lo rompes, lo pagas”. Se dice que esto se dijo sobre la guerra de Irak. Ahora es cierto para el suministro mundial de petróleo. EU es el responsable de ese problema.
Sí, Estados Unidos amenaza con no acudir al rescate de sus aliados de la OTAN en caso de crisis. Pero la realidad es que muy pocos de sus aliados esperan que lo haga. Su comportamiento hacia ellos ha sido tan errático y ofensivo, bajo la presidencia de Trump, que la confianza se esfumó. EU incluso llega a parecer muy hostil a los valores democráticos liberales que los europeos y otros creían compartir.
Entonces, ¿existe una salida a este caos para alcanzar cierta estabilidad significativa en esta región crucial del mundo? No lo sé. Si se trata de una solución militar, quienes atacaron a Irán deberán encontrarla. Si es diplomática, tal vez otros países puedan ayudar, aunque es probable que India o China tengan más influencia sobre Irán.
En el largo plazo, el mundo necesita reducir su dependencia del gas y el petróleo. Pero eso no sucederá mañana. En el corto plazo, el mundo debe esperar que EU entre en razón. Antes pensaba que la única virtud de Trump era que no quería ir a la guerra. Ahora resulta que le encantan, pero no se molesta en pensar cómo ganarlas, un problema que compartían muchos de sus predecesores. Tal vez aprenda algo de esta guerra, pero debe encontrar la manera de terminarla.