Durante varias décadas, gran parte del sudeste asiático ha intentado aprovechar el milagro económico chino, con considerable éxito. Pero tal es la magnitud de la industria de fabricación china que la región se pregunta si sus esperanzas de desarrollar industrias propias y competitivas a escala mundial se están frustrando.
El sudeste asiático no se enfrenta tanto a un “shock chino” como a una “presión china”, dice Arvind Subramanian, antiguo asesor económico principal del primer ministro indio, Narendra Modi. Pekín, advierte, hace que se corra el riesgo de sofocar las aspiraciones a largo plazo de la región con sus excesivas exportaciones de bienes de baja y alta tecnología.
“Reduce fuertemente el espacio para todos los países en desarrollo más pobres que China en estos sectores de baja cualificación”, dijo en una conferencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Bangkok en marzo. “Así que, el ‘modelo asiático’ del que se beneficiaron China, Corea y Taiwán ahora se reduce cada vez más”.
La preocupación de los funcionarios regionales es que esta tendencia pueda poner fin con el llamado paradigma de los “gansos voladores”. Esta idea, formulada por primera vez en Japón en la década de 1930, postula que las economías menos avanzadas, pero de menor costo, de Asia pueden seguir rápidamente a una nación más desarrollada en la cadena de valor industrial, a medida que el líder avanza hacia una fabricación y unos servicios cada vez más sofisticados.
El dominio del mercado que tiene China en vehículos eléctricos, paneles solares y tecnologías computacionales bloquea de facto el ascenso de las economías del sudeste asiático en la cadena de valor de fabricación. Al mismo tiempo, sus crecientes exportaciones de productos de bajo costo, desde calzado hasta plásticos, hacen que se corra el riesgo de mermar su base industrial.
“Debido a su escala, se puede decir que China engloba toda una bandada de gansos”, dijo Mark Williams, economista jefe para Asia de Capital Economics.
“La pregunta es si el patrón de 50 años que vio a países como Taiwán y Japón enriquecerse sólo fue una ventana en el tiempo, una ventana que ahora se está cerrando”.
Una competencia feroz
En el extremo inferior de la cadena de valor de fabricación, en un parque industrial en las afueras de Kuala Lumpur, una fábrica de aspecto desolador da testimonio del impacto que tiene la venta de excedentes de productos chinos a sus vecinos.
Durante tres décadas, MPI Polyester Industries fue uno de los principales productores malasios de tereftalato de polietileno (PET). En su apogeo, producía 38 mil toneladas anuales de este plástico ligero que se utiliza para fabricar botellas de bebidas y envases de alimentos.
En enero, el fabricante puso fin a su negocio de plásticos, alegando la feroz competencia de sus rivales extranjeros. “Los márgenes ya no existen porque las importaciones chinas con sus bajos precios nos están superando”, dijo Mok Chee Kong, gerente de mercadotecnia de MPI.
La historia del declive de MPI —que se produjo a pesar de la imposición de aranceles antidumping al plástico chino por parte del gobierno malasio el año pasado— se está convirtiendo en una historia recurrente.
El superávit comercial de China con el bloque de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), integrado por 11 naciones, alcanzó la cifra récord de 276 mil millones de dólares en 2025 —45 por ciento más que el año anterior— con un fuerte crecimiento en bienes intermedios, incluyendo productos electrónicos y bienes de capital como la maquinaria utilizada por los fabricantes.
Los sectores de fabricación con un intenso uso de mano de obra, como calzado y confección, se vieron particularmente afectados. En Indonesia, alrededor de 60 fábricas cerraron entre 2022 y 2025, de acuerdo con la Asociación Textil del país.
La mayor víctima fue Sri Rejeki Isman (Sritex), una compañía que en su día suministraba prendas a Uniqlo y Walmart, pero que cerró sus fábricas el año pasado y despidió a más de 10 mil trabajadores. La asociación textil estima que ya se perdieron 250 mil empleos en el sector en los últimos cuatro años.
“El volumen de textiles y prendas de vestir procedentes de China que inunda el mercado indonesio es de una magnitud enorme, estimado en miles de toneladas anuales”, declaró a Financial Times Danang Girindrawardana, director ejecutivo de la ITA.
El ministro de Finanzas de Indonesia, Purbaya Yudhi Sadewa, dijo en marzo que Yakarta está evaluando medidas para frenar el creciente dominio de los productos chinos en las plataformas de comercio electrónico del país.
“Si esto continúa sin intervención, sería como si entregáramos nuestro mercado interno directamente a China”, dijo Purbaya.
En el otro extremo de la cadena de valor, las exportaciones chinas de vehículos eléctricos, baterías y paneles solares a los miembros de la Asean aumentaron más de 50 por ciento el año pasado, alcanzando casi 22 mil millones de dólares.
Vietnam importó 84 mil millones de dólares en maquinaria eléctrica y electrónica de China el año pasado, 43 por ciento más, según el centro de expertos Asia Society Policy Institute (ASPI).
Los países de la Asean, al mismo tiempo, se están volviendo dependientes de China tanto para insumos industriales para la fabricación como para productos terminados, como vehículos eléctricos y paneles solares, según Shay Wester, director de asuntos económicos asiáticos de ASPI.
Vietnam, que se ha convertido en la base de muchos fabricantes que se trasladan desde China, importa al menos la mitad de sus materias primas de su vecino del norte. Camboya también depende en gran medida de Pekín, importa de China alrededor de 60 por ciento de las materias primas para su crucial industria textil.
“Estos insumos ayudan a que las exportaciones de la Asean sean competitivas en mercados como Estados Unidos y Europa. Por otro lado, los productos terminados chinos están inundando los mercados nacionales en diversos sectores, perjudicando a los productores locales”, dijo Wester.
El problema del exceso de producción
La amenaza que representa la creciente participación de mercado de China en ambos extremos de la cadena de valor fue un tema central de la conferencia del FMI “Asia en 2050”, que se celebró en Bangkok en marzo.
El sudeste asiático se enfrenta a un difícil acto de equilibrio al tratar de manejar tanto la amenaza como la oportunidad que ofrece China. “No es una cuestión de blanco o negro”, señaló Trissia Wijaya, investigadora del programa McKenzie en la Universidad de Melbourne, ya que la base de capital y tecnología de China sigue siendo un importante motor del desarrollo industrial. “La economía del sudeste asiático siempre recibe aportes de China, aunque no sin defectos”.
Algunos miembros de la Asean han tratado de proteger sus mercados contra lo que consideran dumping de productos chinos, pero la región a menudo tiene dificultades para responder eficazmente por temor a irritar a Pekín.
Liew Chin Tong, viceministro de Finanzas de Malasia, advirtió que los países asiáticos que durante mucho tiempo dependieron de Estados Unidos como su destino de exportación de “primer y último recurso” ahora corren el riesgo de provocar el colapso de los mercados de los demás, “lo que resultará en feroces guerras de precios, involución y desindustrialización de las economías asiáticas vecinas”.
“Para evitar que esto suceda, China y todas las demás economías asiáticas tendrán que abrirse a conversaciones francas sobre la administración o incluso la reducción de la capacidad de producción nacional y ofrecer restricciones voluntarias a las exportaciones”, escribió Liew en diciembre.
China rechaza las acusaciones de dumping generalizado de productos. En un artículo publicado el año pasado en el diario oficial China Daily, investigadores de un grupo de expertos del Ministerio de Comercio afirmaron que los exportadores del país están creando “sólidos sistemas transfronterizos de producción y suministro que ayudan al sudeste asiático a acelerar su transformación y modernización”.
El dilema para los gobiernos de la Asean radica en que, si bien la inversión china aporta beneficios a corto plazo a la región, también reduce los incentivos para la inversión a largo plazo en tecnología propia, capacitación de la mano de obra y reformas estructurales que impulsen su integración en la cadena de valor.
Los retos que llevaron al cierre de la fábrica de plásticos de MPI Polyester se evidencian claramente en Zhangmutou, uno de los mayores centros de comercio de plásticos de China, ubicado en la ciudad sureña de fabricación de Dongguan.
A pesar de las enormes necesidades de los fabricantes de Dongguan, la oferta local supera por mucho la demanda debido a la combinación de los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump, que afectan el comercio con Estados Unidos, y la desaceleración de la economía china luego de la crisis del mercado inmobiliario.
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“Por muy grande que sea la demanda interna (de China), nunca es suficiente”, dijo Xia Yongfu, director de Dongguan Aohua Plastic Trading.
Xia añadió que, si bien parte de la demanda proviene de empresas del sudeste asiático, la mayoría de sus clientes en la región son empresarios chinos que abrieron fábricas allí.
Huang Yongxin, director de Yuanxin Lianhe Plastics Manufacturing, otra empresa de Dongguan, reconoció que el sistema no incentiva el desarrollo industrial vietnamita, ni en la creación de nuevos procesos de producción ni en el desarrollo de las habilidades de los trabajadores.
“Vietnam nunca podrá igualar la cadena de suministro de fabricación de China. Muchos de los ingenieros sénior vietnamitas son reclutados en China, viajando de un lado a otro en avión cada semana”, afirmó, y añadió que las nuevas formulaciones de plásticos se producen con mucha más facilidad en China.
Wester, de ASPI, señaló que ya existen señales de que el dominio de China probablemente se afianzará en el largo plazo, a medida que la tecnología adquiera mayor importancia en la producción de bienes y servicios.
“La infraestructura digital es un área clave para tener en cuenta, ya que las empresas chinas realizan fuertes inversiones en centros de datos en todo el sudeste asiático”, dijo Wester. “Estas empresas no sólo exportan productos, sino también tecnología y ecosistemas industriales completos”.
Liew Chin Tong, viceministro de Finanzas de Malasia, advirtió que los países asiáticos que durante mucho tiempo dependieron de Estados Unidos como su destino de exportación de “primer y último recurso” ahora corren el riesgo de provocar el colapso de los mercados de los demás, “lo que resultará en feroces guerras de precios, involución y desindustrialización de las economías asiáticas vecinas”.
“Para evitar que esto suceda, China y todas las demás economías asiáticas tendrán que abrirse a conversaciones francas sobre la administración o incluso la reducción de la capacidad de producción nacional y ofrecer restricciones voluntarias a las exportaciones”, escribió Liew en diciembre.
China rechaza las acusaciones de dumping generalizado de productos. En un artículo publicado el año pasado en el diario oficial China Daily, investigadores de un grupo de expertos del Ministerio de Comercio afirmaron que los exportadores del país están creando “sólidos sistemas transfronterizos de producción y suministro que ayudan al sudeste asiático a acelerar su transformación y modernización”.
El dilema para los gobiernos de la Asean radica en que, si bien la inversión china aporta beneficios a corto plazo a la región, también reduce los incentivos para la inversión a largo plazo en tecnología propia, capacitación de la mano de obra y reformas estructurales que impulsen su integración en la cadena de valor.
Los retos que llevaron al cierre de la fábrica de plásticos de MPI Polyester se evidencian claramente en Zhangmutou, uno de los mayores centros de comercio de plásticos de China, ubicado en la ciudad sureña de fabricación de Dongguan.
A pesar de las enormes necesidades de los fabricantes de Dongguan, la oferta local supera por mucho la demanda debido a la combinación de los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump, que afectan el comercio con Estados Unidos, y la desaceleración de la economía china luego de la crisis del mercado inmobiliario.
“Por muy grande que sea la demanda interna (de China), nunca es suficiente”, dijo Xia Yongfu, director de Dongguan Aohua Plastic Trading.
Xia añadió que, si bien parte de la demanda proviene de empresas del sudeste asiático, la mayoría de sus clientes en la región son empresarios chinos que abrieron fábricas allí.
Huang Yongxin, director de Yuanxin Lianhe Plastics Manufacturing, otra empresa de Dongguan, reconoció que el sistema no incentiva el desarrollo industrial vietnamita, ni en la creación de nuevos procesos de producción ni en el desarrollo de las habilidades de los trabajadores.
“Vietnam nunca podrá igualar la cadena de suministro de fabricación de China. Muchos de los ingenieros sénior vietnamitas son reclutados en China, viajando de un lado a otro en avión cada semana”, afirmó, y añadió que las nuevas formulaciones de plásticos se producen con mucha más facilidad en China.
Wester, de ASPI, señaló que ya existen señales de que el dominio de China probablemente se afianzará en el largo plazo, a medida que la tecnología adquiera mayor importancia en la producción de bienes y servicios.
“La infraestructura digital es un área clave para tener en cuenta, ya que las empresas chinas realizan fuertes inversiones en centros de datos en todo el sudeste asiático”, dijo Wester. “Estas empresas no sólo exportan productos, sino también tecnología y ecosistemas industriales completos”.