En el solsticio de verano, un rayo de sol atravesó una ventana construida en una montaña de Texas, el sol despertó un reloj en proceso de construcción para medir con precisión los 10 mil años por venir. Los rayos atravesaron la ventana, hecha de zafiro, y se posaron en un gigantesco lente redondo de cuarzo, calentando el aire en una cámara inferior.
La temperatura de los gases aumentó, provocando un incremento de presión, lo que movió una palanca que liberó una trampa. Esta se movió la distancia exacta necesaria para sincronizar el instrumento, conocido como el Reloj del Long Now (Reloj del Largo Ahora), con el cuerpo celestial de arriba.
“Fue un momento muy emocionante ver el rayo de luz brillar en la montaña”, dice Danny Hillis, de 69 años, el especialista en ciencias de la computación que ideó el reloj hace más de tres décadas.
El reloj, según Hillis, es un desafío tanto filosófico como de ingeniería. Construir una máquina que marque el tiempo con precisión a lo largo de 10 milenios debería impulsarnos a cuestionar los valores que aplicamos a corto y largo plazo.
Construir uno que resista 10 mil años de envejecimiento implica utilizar materiales duraderos como el titanio, la cerámica y el acero inoxidable, además de facilitar su inspección y mantenimiento. La ambición que se tiene es que marque una vez al año, suene para marcar los siglos y revele un cuco cada milenio.
Está ubicado en una montaña remota no solo para capturar el sol, sino también para que esté protegido de los ladrones. Una persona a la que no pudo disuadir fue Jeff Bezos, fundador de Amazon, quien ahora es la principal fuente financiera del proyecto.
Las pilas de engranajes, pesas y otros ingeniosos detalles de ingeniería del reloj lo convierten en una empresa analógica cada vez más desafiante para la era digital.
Hillis esperaba que estuviera listo para conmemorar el último milenio; un cuarto de siglo después, afirma que por fin está a la vista su terminación. “Todas las piezas principales están en la montaña y se hacen pruebas de ellas de forma individual, pero aún no se han conectado”, dice.
El inventor se presenta como un filósofo existencialista afable durante nuestra conversación en línea desde su casa en New Hampshire. Viste de manera informal con una camiseta roja y luce un amplio bigote canoso.
En la pared, detrás de él, hay un diagrama de Hillis, un esquema circular con líneas que representan el árbol evolutivo de la vida, una representación desarrollada por su hermano David, que es biólogo.
La Máquina de Conexión
Los hermanos Hillis son descendientes de una familia de científicos: su padre era epidemiólogo militar y su madre, bioestadística.
Después de estudiar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Danny Hillis desarrolló computadoras para imitar la capacidad de procesamiento paralelo de las neuronas del cerebro humano. La más conocida, la Máquina de Conexión, apareció en la sala de control de la película Jurassic Park.
Hillis posteriormente trabajó para Walt Disney Company y, en 1996, cofundó la Long Now Foundation (Fundación Long Now). Su trayectoria como inventor ya tuvo como resultado más de 400 patentes, incluyendo interfaces táctiles, matrices de discos, métodos de prevención de falsificaciones, dispositivos electrónicos y mecánicos, y técnicas biomédicas.
Creó el reloj como un acto de rebelión simbólica contra lo que consideraba un exceso de pensamiento a corto plazo y una falta de conocimiento y reflexión.
Le preocupaba que sus primeros trabajos en supercomputadoras ya estuvieran produciendo sistemas “tan complejos que, en realidad, no hubiera un experto que los comprendiera”. Detectaba, además, las primeras etapas de la angustia sobre cómo las formas de comunicación, cada vez más prolíficas, distorsionarían nuestra relación con el tiempo.
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Del reloj lo convierten en una empresa analógica cada vez más desafiante para la era digital"
Hillis destaca cómo relojes como el de agua del científico chino del siglo XI, Su Song, ocupan un lugar preponderante en las leyendas y la cultura popular. El reloj Zytglogge del siglo XVI, ubicado en Berna, la capital de Suiza, ha entretenido durante siglos a los espectadores con su procesión de figuras medievales, incluyendo un bufón y osos.
Cientos de años después de su construcción, cobró gran importancia en la vida cotidiana del físico Albert Einstein. Vivía cerca de allí cuando desarrollaba las teorías de la relatividad que revolucionarían la comprensión del universo y el papel del tiempo en él.
Pensar en mil años
La idea original era construir un prototipo en Texas y luego una máquina sucesora en Nevada, abierta al público. Al parecer esa ambición se simplificó y consolidó, lo que significa que la máquina de aproximadamente 152 metros de altura, actualmente en construcción, será la versión final. Se puede visitar un pequeño prototipo en el Museo de Ciencias de Londres.
Parece poco probable que se convierta en una atracción turística masiva. Hillis señala que se encuentra lejos de las carreteras, en el “desierto más agreste de Norteamérica, habitado por serpientes de cascabel y pumas”.
El clima varía entre calor y aguanieve, y el viaje implica una “subida bastante dura y confusa”, que incluye el ascenso de un acantilado por escaleras de cadena colgantes. Su conclusión: “No van a ser fáciles las visitas”.
El misterio en torno al reloj se extiende a sus arreglos de financiamiento. Se informó que Bezos comprometió 42 millones de dólares (mdd) para el proyecto, pero ni su representante ni Hillis lo confirmaron. Hillis diseñó el reloj, aunque sus futuros responsables –empezando por Bezos– evidentemente tendrán la capacidad de modificar su entorno.
El reloj tiene su propio sitio web, que incluye una declaración firmada por Bezos, pero la sección de actualizaciones solo tiene una entrada, con flecha de diciembre de 2011.
Bezos presentó el reloj como un instrumento que “desacelera todo” cuando habló de él en el podcast de Lex Fridman en 2023. Bezos elogió a Hillis como un “tipo brillante” y dijo que el reloj se encuentra en un lugar remoto tanto para protegerlo como para convertir los viajes allí en una “peregrinación”.
Esperaba que el reloj “impulsara a los humanos a ampliar sus horizontes de pensamiento” para abordar problemas como las armas de destrucción masiva y las “consecuencias no deseadas” de la sociedad industrial moderna, como el cambio climático.
Hillis dice que tiene confianza en que Bezos mantendrá el proyecto y lo hará accesible. Responde con cautela cuando le pregunto si está consternado por la evolución del proyecto y si siente que perdió la propiedad sobre él. “Bueno, Jeff prometió que va a ponerlo a disposición del público, así que creo en su palabra de que eso sucederá”, dice Hillis.
Se muestra renuente a involucrarse en el debate sobre si el posicionamiento político de Bezos es coherente con el impulso progresista del proyecto Reloj del Long Now.
Bezos y otros multimillonarios del sector de tecnología fueron asistentes destacados a la toma de protesta de Donald Trump en enero, lo que desató un debate público sobre sus relaciones con un presidente conocido por su enfoque transaccional a corto plazo. “Sin duda se puede hablar de Jeff en el contexto de esa historia”, dice Hillis. “Pero si se mira el panorama general de Jeff, es un pensador a largo plazo”.
Cuando Hillis lanzó por primera vez el Reloj del Long Now, se suponía que encarnaría la deliberación en una era de poca capacidad de atención. Más de tres décadas después, con el mundo digitalizado –para bien o para mal– y el reloj que todavía no logra terminar, la metáfora es más dura que nunca.
Si bien es inevitable que nos veamos arrastrados a “periodos cada vez más rápidos, cada vez más cortos” en un mundo donde las transacciones financieras se miden con milmillonésimas de segundo, no es normal, sugiere Hillis.
“Es muy fácil para la gente imaginar que el tiempo en el que viven es simplemente lo que es la vida, pero en realidad es muy atípico para la existencia humana”, afirma. “En cierto sentido, al enfocarse cada vez más en el corto ahora, pierden la perspectiva del largo ahora”.
KRC