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Eric Hágsater Gartenberg: el empresario que moldearon las orquídeas

En las barrancas de Cuernavaca, Eric Hágsater encontró en las orquídeas una pasión que lo acompañaría toda la vida. De aquella herencia familiar nació una vocación científica y una manera de hacer empresa: con paciencia, curiosidad y raíces firmes.

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La visión de un líder puede surgir de cualquier lugar. En el caso de Eric Ragnar Wolko Hágsater Gartenberg, una de sus mayores fuentes de inspiración estuvo en la naturaleza. Las orquídeas, con su capacidad para adaptarse a entornos difíciles y sobrevivir con los recursos disponibles, acompañaron desde temprano la formación de un hombre que terminó desarrollándose en dos mundos que rara vez coinciden: la ciencia y los negocios.

Originario de la Ciudad de México, donde nació el 5 de mayo de 1945, Hágsater comenzó a interesarse por las orquídeas desde niño, en la casa de su madre y sus abuelos, en Cuernavaca. Su abuelo solía bajar a las barrancas y regresar con alguna planta; años después, él mismo repetiría esas visitas, acompañado de su jardinero.

Lo que empezó como una afición familiar terminó convirtiéndose en una vocación científica.

Hágsater se especializó en el estudio de las orquídeas, particularmente del género Epidendrum, y llegó a describir cerca de mil especies nuevas. Durante décadas recorrió distintas regiones de México y otros países de América Latina para estudiarlas, fotografiarlas y documentarlas.

Al mismo tiempo, construía otra trayectoria: la de empresario.

Desde los 14 años estuvo vinculado con Laboratorios Chinoin, compañía experta en el sector farmacéutico en la que con el tiempo ocuparía la dirección general y llegaría a la presidencia. También participó como socio fundador de Monte Xanic, una de las casas que contribuyeron al desarrollo del vino mexicano de alta gama.

Dos caminos que, aunque parecen distantes, terminaron encontrándose en una misma manera de entender el mundo: observar, conocer a fondo y tener paciencia para hacer crecer algo. Las orquídeas fueron el primer territorio donde Hágsater aprendió esa forma de mirar; los negocios, la industria y los proyectos sociales serían después otros espacios para ponerla en práctica.

Eric Hágsater: el empresario de Chinoin
Desde niño, las orquídeas despertaron una curiosidad que acompañaría a Hágsater durante toda su vida. Especial


El inicio del viaje

Hijo de padre sueco y madre austriaca, Hágsater estudió Ingeniería Química y Administración en el Tecnológico de Monterrey. Su relación con Laboratorios Chinoin había comenzado mucho antes de que terminara la universidad.

A los 14 años comenzó a trabajar en la farmacéutica. Décadas después ocuparía la dirección general y llegaría a la presidencia.

Pero en paralelo surgió algo que cambiaría el rumbo de aquella afición.

El biólogo estadounidense Carl Withner observó algunas de las plantas que Hágsater había colectado y le dijo que entre ellas había especies que todavía no habían sido descritas.

La observación despertó su interés.


Hágsater comenzó a estudiar orquídeas, a trabajar con especialistas de Estados Unidos e Inglaterra y a concentrarse particularmente en el género Epidendrum. Lo que había comenzado en las barrancas de Cuernavaca terminó llevándolo por México, Centroamérica y Sudamérica.

Con el tiempo describiría cerca de mil especies nuevas dentro de un género que, un siglo atrás, apenas tenía alrededor de un centenar de especies descritas.

Mientras aquella historia echaba raíces, otra avanzaba en paralelo.

Así, dos mundos comenzaron a formar parte de su vida al mismo tiempo.

Uno tenía batas, laboratorios, medicamentos y decisiones empresariales.

El otro tenía raíces aéreas, pétalos delicados y miles de especies todavía por descubrir.

Hágsater nunca pareció sentir la necesidad de escoger entre ellos.

Eric Hágsater, durante una charla sobre las orquídeas de México.
Eric Hágsater, durante una charla sobre las orquídeas de México.

Una curiosidad que echó raíces

En 1969 se convirtió en miembro fundador de la Asociación Mexicana de Orquideología y posteriormente dirigió la organización. También fundó la Revista Orquídea, de la que fue editor durante décadas. En 1984 creó el Herbario AMO, dedicado a la investigación taxonómica de las orquídeas neotropicales.

Su afición ya no era una afición. Se había convertido en disciplina.

Las orquídeas del género Epidendrum —con alrededor de 2 mil especies en el Neotrópico— se convirtieron en uno de los grandes objetos de estudio de su vida. Hoy trabaja con un equipo de biólogos que recorre México para fotografiar sus especies y reunir el material necesario para publicar un libro.

Estudiarlas exige mirar de cerca. Distinguir una especie de otra puede depender de detalles diminutos. La paciencia y la observación forman parte de ese trabajo tanto como el conocimiento científico.

Quizá por eso aquella mirada terminó acompañándolo también en los negocios.

Crecer sin arrancar las raíces

La historia empresarial de Hágsater tiene una de sus expresiones más claras lejos de los grandes corredores industriales.

Está en Pabellón de Hidalgo, Aguascalientes.

Hace alrededor de cuatro décadas, Chinoin tomó una decisión que podía parecer arriesgada: trasladar su planta de producción de la Ciudad de México a un pueblo de unos 5 mil habitantes, a unos 30 kilómetros de Aguascalientes.

Eric Hágsater convirtió su pasión por las orquídeas en una vocación científica.
Eric Hágsater convirtió su pasión por las orquídeas en una vocación científica. | Especial


La intención no era solamente industrial.


Hágsater recuerda que buscaban crear oportunidades para que la gente pudiera desarrollarse en su propia comunidad y no tuviera que irse a Estados Unidos como bracero.

La planta creció, pero también el pueblo alrededor de ella.

Hoy trabajan ahí alrededor de 800 personas. Algunas llevan cuatro décadas en la empresa. Hágsater las encuentra cada año en la fiesta de fin de año y recuerda a aquellos trabajadores que alguna vez llegaron en bicicleta desde el pueblo, cuando la fábrica estaba apenas a 500 metros.

Ahora algunos llegan en automóvil y muchos están por jubilarse.

“Le hemos cambiado la vida al pueblo completamente”, contó en entrevista con medios.

Donde una empresa también puede florecer


Hágsater no habla de Pabellón de Hidalgo solamente como una historia de éxito industrial.

Habla de una comunidad.

La empresa terminó convirtiéndose en la principal fuente de trabajo del pueblo. Mientras los profesionistas suelen vivir en Aguascalientes, buena parte de los trabajadores vive en Pabellón de Hidalgo o en las localidades cercanas.

Para él, esa experiencia demuestra que las compañías pueden hacer algo más que instalarse donde ya existe infraestructura: también pueden llevarla a comunidades donde hace falta y generar oportunidades de empleo alrededor de ella.

Es una idea que parece sencilla y que también aparece en otra parte de su trayectoria: la conservación.

Para proteger una especie no basta con observarla de lejos. Hay que entender el entorno en el que vive y trabajar con quienes forman parte de él.

La paciencia de cultivar una idea

La misma mirada que lo llevó a estudiar las plantas lo llevó a participar en la construcción de instituciones.

Hágsater fue parte del grupo de empresarios que fundó la Fundación Mexicana para la Salud, a partir de una iniciativa de Guillermo Soberón. La intención era crear un espacio que analizara los problemas de salud de México y generara propuestas para los gobiernos.

También apoyó proyectos educativos y becas para estudiantes del Tecnológico de Monterrey, institución donde se formó.

Su trayectoria empresarial se extendió más allá de Chinoin. Fue socio fundador de Monte Xanic, una de las bodegas que ayudaron a impulsar el vino premium mexicano, y con esto abrió un camino para una nueva generación de productores nacionales.

Pero la preocupación por la naturaleza también lo llevó a Pronatura.

Junto con otros empresarios, entre ellos Andrés Marcelo Sada y Héctor Ceballos, participó en la creación de la organización, preocupados por la desaparición de ecosistemas y especies en México.

Uno de sus trabajos fue la protección de la tortuga golfina. Hágsater recuerda que para conservar una especie no basta con mirar la playa. Hay que involucrar a todos: empresarios, comunidades y gobiernos.

“Todo el mundo está involucrado y hay que involucrar a todo el mundo”, resume.

Su legado entre las flores

En 2009 recibió el Premio al Mérito Ecológico y en 2016 la Medalla al Mérito Botánico. Su trabajo científico lo convirtió en una referencia internacional y desde 1994 figura como investigador asociado de herbarios de la Universidad de Harvard.

Pero en 2026 el reconocimiento llegó desde otro de los mundos que ha cultivado durante su vida.

El Premio Eugenio Garza Sada lo distinguió como Líder Empresarial Humanista, no solamente por dirigir una empresa, sino por lo que construyó alrededor de ella.

Bajo su liderazgo, Chinoin incorporó una planta de trigeneración que permitió reducir en 80 por ciento su huella de carbono, de acuerdo con la información difundida por FEMSA y el Tecnológico de Monterrey con motivo del reconocimiento.

Pero quizá la mejor explicación de su liderazgo no esté en un premio ni en una cifra.

Está en una frase que él mismo utiliza para explicar cómo puede dedicar su vida a cosas tan distintas:

“Se puede ser empresario, filántropo y científico al mismo tiempo”.

No parece decirlo como una excepción, sino como una posibilidad. Como si las distintas partes de una vida no tuvieran por qué competir entre ellas.

Quizá por eso sea difícil contar a Eric Hágsater solamente como empresario.

También hay que contar las barrancas, las flores y esa curiosidad que comenzó en Cuernavaca y que, más de medio siglo después, todavía sigue creciendo.


AG

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Giselle Soriano
  • Giselle Soriano
  • Originaria de Guadalajara, Jalisco, galardonada con el premio nacional de periodismo Veritas in Verbi 2018 y 2019 en crónica y reportaje; 10 años de experiencia periodística en el ámbito de nota roja, política y negocios.
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