Negocios

En Calvillo sí son los hijos de la guayaba

En este pueblo mágico de Aguascalientes se cultivan casi seis mil hectáreas de guayaba dulce, que no sólo se comercializa en México sino a otros países.


Los habitantes del Pueblo Mágico de Calvillo en Aguascalientes, de verdad que sí son unos "hijos de la guayaba".

En esta comunidad se cultivan seis mil hectáreas de guayaba dulce que no sólo se comercializa en México sino a otros países.

Saúl Landeros Cardona, director general de Frutland, sabe que para obtener mejores ganancias del producto, se le tiene que dar un valor agregado, de ahí su planta donde produce ates, jaleas, mermeladas, rollos, fruta deshidratada, galletas, chocolates, bebidas, empanadas, entre otros.

"Sí, somos los hijos de la guayaba", comenzó su plática introductoria a quienes visitan el lugar en viaje organizado por la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes (AMAV), Laguna, la Oficina de Convenciones y Visitantes de Aguascalientes y la Secretaría de Turismo del Estado.

“Es un proyecto meramente familiar donde participamos con mis hijas y mis nietos, institucionalizando la empresa a largo plazo, inculcando además una cultura financiera".

Se exportan casi once mil toneladas de Calvillo y otros estados. El 90% de la producción de guayaba de México se comercializa por los calvillenses. Ubicada en esta pintoresca comunidad, Grupo FL tiene una gran huerta de 25 hectáreas de guayabos, que están en producción a lo largo de todo el año.

Además de la producción y elaboración de derivados de esta fruta, Landeros Cardona y su familia han logrado hacer de esta empresa, todo un concepto turístico al que diariamente acuden grupos procedentes de todo el país e incluso del extranjero.

Tras la breve explicación y la degustación de un té de hoja de guayaba con algunas propiedades curativas, Landeros introdujo al grupo al interior del taller que permanece bajo estrictas normas de higiene.

La pulpa extraída se aprovecha para la elaboración de diversos productos en enormes ollas, para realizar repostería como ates, rollos, bebidas y más de 150 subproductos con guayabas y otros ingredientes. Las semillas se muelen y son aprovechadas para alimento de ganado.

“Somos un taller innovador de productos, que no utilizamos conservadores, colorantes ni estabilizantes, y la menor cantidad de azúcar posible, siendo productos altamente nutritivos”.

Al desarrollar el aspecto turístico dijo, han incursionado también en la elaboración de vinos, helados, la gastronomía de botanas finas, carnes. “La comodidad y el fast food, nos había ganado, pero los estamos rescatando”.

El concepto turístico recordó, nació justo hace 24 años que tiene de fundada la empresa. Desde que nacieron en su casa en Calvillo, en el patio bajo un árbol de guayabo, comenzaron con este proyecto en la cocina y en la sala, y su casa se volvió un taller productivo, desde entonces comenzaron a recibir niños y escuelas, difundiendo y procurando la educación de la niñez y la juventud.

“No cesamos en insistir que la cultura, sobre todo la financiera, económica y gastronómica es la base de un México moderno que aquí está, tenemos 25 empleados sobre todo mujeres por su habilidad y destreza, hombres solo para la recolección, molienda, movimiento de cajas o cosas pesadas".

De carácter amable y por momentos bromista, Landeros Cardona dijo que FrutLand tiene además un área de bebidas, en la que ya se trabaja para hacer vinos de guayaba y se lanzarán otros productos, un vino al que llamarán Cosecha Tardía de Guayaba.

Se exportan casi once mil toneladas de Calvillo y otros estados. El 90% de la producción de guayaba de México se comercializa por los calvillenses.

Mezclas de vinos como un Moscatel con guayaba, de los que ya se tienen reservas. “Estamos afinando detalles para hacer nuestras propias bebidas que pasen un analisis internacional de conocedores, para poder incursionar en el mercado internacional”.

Los productos de FrutLand se venden al consumidor directo, en hoteles como Quinta Real, Marriot, Misión, así como gremios como el magisterial, hospitales, comedores, ferias, donde hay una reunión de agasajo al ser dulces diferenciados, de alta calidad, señala.

“Es un proyecto meramente familiar donde participamos con mis hijas y mis nietos, institucionalizando la empresa a largo plazo, inculcando además una cultura financiera en la que insistimos que todos nuestros niños deben tener cuatro alcancías.

La primera para alimentarse, para curarse, para estudiar y la cuarta para tener su propio negocio. Hay que aprender a ganar el dinero, siendo grandes por sí mismo”.

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