El autocuidado y la atención a señales tempranas, como cambios en la orina o fatiga, son fundamentales para prevenir la enfermedad renal crónica avanzada.
Marisol Robles Morales, presidenta de la Fundación Mario Robles Ostos, abordará el tema en el foro “Autocuidado, el paso uno en la salud”, y relatará cómo en 2011 fue diagnosticada con enfermedad renal crónica en etapa cinco.
“Un día estaba en la oficina y al otro día estaba entrando a hemodiálisis porque mis riñones ya no funcionaban”, recordó.
Participantes
El autocuidado incluye preferir agua simple en lugar de bebidas azucaradas, moderar el consumo de sal, reducir los alimentos procesados y los productos con conservadores, e incorporar frutas, verduras, leguminosas y alimentos frescos.
Se recomienda monitorear la presión arterial, glucosa y creatinina y evitar la automedicación.
Además de Robles Morales, en el foro participarán Víctor Mundo, director médico de la división Consumer Health de Bayer; Armando Lara Longoria, director médico nacional de Farmacias del Ahorro; Aída Jiménez Corona, directora de la Sección Técnica de Salud Global, y Fernando Fon, director ejecutivo de la Asociación Mexicana de Medicamentos de Libre Acceso.
Síntomas que alertan sobre daño renal
Un olor diferente y persistente en la orina, espuma frecuente, cambios marcados de color, dolor de cabeza recurrente, presión arterial elevada, falta de aire, palpitaciones, calambres o sabor metálico en la boca son señales que no deben normalizarse, especialmente cuando aparecen juntas o se mantienen durante varios días.
Se trata de síntomas que, de acuerdo con Marisol Robles Morales, presidenta de la Fundación Mario Robles Ostos e integrante del comité directivo de la Alianza Internacional de Pacientes Renales, pueden marcar la diferencia entre una detección oportuna y llegar a una etapa avanzada de enfermedad renal en la que se requiera un trasplante.
Robles Morales abordará el tema en el foro “Autocuidado, el paso uno en la salud”, organizado por MILENIO Foros el 23 de julio, a las 17:00 horas, donde relatará cómo en 2011 fue diagnosticada con enfermedad renal crónica en etapa cinco.
“Un día estaba en la oficina y al otro día estaba entrando a hemodiálisis porque mis riñones ya no funcionaban. Tenía 0.1 por ciento de función renal”, explicó en entrevista.
Y permaneció seis años bajo ese tratamiento antes de recibir un trasplante mediante un programa internacional de donación cruzada.
Antes del diagnóstico, Robles notó que su orina tenía un olor diferente, pero lo atribuyó a los alimentos.
También presentó dolores de cabeza, falta de aire y aceleración del ritmo cardiaco, síntomas que relacionó con la presión laboral, el estrés y posibles episodios de ansiedad.
“Siempre trataba de encontrar una explicación antes de ir a hacerme un análisis para saber qué estaba pasando”, recordó.
Al hablar de los dolores de cabeza, las palpitaciones y la falta de aire, añadió: “Esas señales ya estaban ahí, o sea, mi cuerpo me estaba diciendo algo”.
Robles tenía poco más de 30 años, hacía ejercicio y consideraba saludable su alimentación, por lo que no pensó que fuera necesario medir periódicamente su presión arterial o revisar mediante estudios de laboratorio la función de sus riñones.
“Si yo hubiese hecho de la toma de presión algo habitual, hubiese sabido que lo que pasaba es que mi presión arterial estaba completamente disparada en niveles muy altos”, señaló.
La paciente advirtió que definir la enfermedad renal como silenciosa puede llevar a ignorar manifestaciones que, aunque sutiles, ya muestran que algo ocurre en el organismo.
“No es que sea una enfermedad silenciosa, sino que los síntomas son muy sutiles y no estamos acostumbrados a escuchar qué pasa con nuestro cuerpo”, dijo.
Su primer trasplante, con un riñón donado por su hermano, no pudo concretarse por una complicación anatómica. Después de múltiples transfusiones, su sistema inmunológico quedó sensibilizado y encontrar un órgano compatible se volvió más difícil.
En 2016 ingresó a una cadena internacional de trasplantes en la que participaron 13 personas.
Ella recibió el riñón de una mujer residente en Wisconsin, mientras que su prima, quien no era compatible con ella, donó a otra paciente.
Esencial es autocuidado
Como parte del autocuidado, recomendó observar si existen cambios persistentes en la orina, como espuma, olor distinto o un color más concentrado.
También pidió prestar atención al dolor de cabeza recurrente, las palpitaciones, la falta de aire, los calambres, el sabor metálico en la boca y las alteraciones del sueño.
La observación cotidiana no sustituye una evaluación médica. El olor y el color de la orina pueden cambiar por la alimentación, los medicamentos o el nivel de hidratación, pero cuando la alteración persiste debe revisarse mediante un examen general de orina y estudios de función renal.
Robles consideró fundamental medir con regularidad la presión arterial, conocer los niveles de glucosa y creatinina y realizar análisis de orina, especialmente en personas con diabetes, hipertensión, obesidad o antecedentes familiares de enfermedad renal.
“El autocuidado también implica irte a hacer una vez al año un análisis general”, afirmó.
Robles Morales comentó que conocer la presión arterial, la glucosa y la creatinina, así como detectar proteínas en la orina, puede permitir que una persona solicite atención antes de llegar a una etapa avanzada.
Otra recomendación es mantener una hidratación adecuada, sin asumir que todas las personas necesitan consumir la misma cantidad de agua.
Robles señaló que una orina amarillo claro puede ser indicio de hidratación suficiente, mientras que un tono muy oscuro puede relacionarse con falta de líquidos. “La mejor forma de saber cuánta agua debes tomar es observar tu orina”, expresó.
También mencionó que el dolor de cabeza, la sequedad en la boca y la dificultad para pensar con claridad pueden aparecer cuando una persona está deshidratada.
El autocuidado incluye preferir agua simple en lugar de bebidas azucaradas, moderar el consumo de sal, reducir los alimentos procesados y los productos con conservadores, e incorporar frutas, verduras, leguminosas y alimentos frescos.
También implica realizar actividad física de acuerdo con la edad y condición de cada persona, dormir adecuadamente y atender el estrés persistente, en especial cuando se acompaña de insomnio, sobresaltos, palpitaciones o cambios en la presión arterial.
La especialista también consideró esencial evitar la automedicación, particularmente el uso repetido de analgésicos, antibióticos, vitaminas, creatina o suplementos de proteína sin orientación profesional.
“A veces nos estamos metiendo tantas cosas que le pega directamente a nuestros riñones y a nuestro corazón y nosotros creemos que estamos haciendo un bien”, advirtió.
En el caso de los medicamentos de libre acceso, el autocuidado responsable implica revisar las dosis, contraindicaciones y advertencias; evitar combinar productos que contengan el mismo principio activo y no prolongar su consumo más allá del periodo recomendado.
Las personas con diabetes, hipertensión, enfermedad cardiaca o renal, así como quienes toman otros tratamientos, deben consultar a un profesional antes de utilizar medicamentos o suplementos.
Las infecciones urinarias también deben atenderse oportunamente. Robles explicó que un cambio en el olor de la orina puede relacionarse con una infección y que, si no se trata, puede afectar directamente a los riñones.
Los antibióticos deben tomarse bajo indicación médica y durante el tiempo prescrito, aun cuando los síntomas desaparezcan antes de terminar el tratamiento.
Cuando aparecen simultáneamente espuma persistente en la orina, sabor metálico, calambres, falta de aire, dolor de cabeza o presión arterial muy elevada, la persona debe buscar atención médica y no limitarse a modificar su dieta o aumentar el consumo de agua.
“Que nos cuidemos nosotros, que nos auto cuidemos, no sustituye los grandes retos que tiene el sistema de salud”, puntualizó.
Ante señales persistentes, recomendó acudir a los servicios de primer nivel, solicitar una medición de presión arterial y glucosa, así como análisis de orina y función renal. También planteó recurrir a asociaciones de pacientes cuando existan dificultades para identificar la institución o el servicio al que se debe acudir.
Para Robles, la principal lección después de la diálisis y el trasplante es no asumir que un síntoma persistente es consecuencia inevitable del trabajo, la edad o el estrés.
“Lo que me regaló todo este proceso médico fue la posibilidad de aprender el lenguaje de mi cuerpo, escucharlo y estar muy atenta a las señales”, subrayó.
En el foro participarán Víctor Mundo, director médico de la división Consumer Health de Bayer; Armando Lara Longoria, director médico nacional de Farmacias del Ahorro; Marisol Robles, presidenta de la Fundación Mario Robles Ostos; Aída Jiménez Corona, directora de la Sección Técnica de Salud Global, y Fernando Fon, director ejecutivo de la Asociación Mexicana de Medicamentos de Libre Acceso, AFAMELA.
La discusión abordará cómo reconocer señales de alerta, hasta dónde llega el autocuidado, cuándo es necesaria la intervención médica y de qué manera deben utilizarse los medicamentos de libre acceso.
La Fundación Mario Robles Ostos ofrece orientación a pacientes y familiares a través de iSaludRenal, en Facebook e Instagram. El primer paso es informar si la persona cuenta o no con seguridad social para recibir orientación sobre las instituciones y servicios a los que puede acudir.
LJ