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  • El reportero frente al narco: Jorge Martínez narra cómo es hacer periodismo en zonas de riesgo

  • En una charla con suscriptores de MILENIO, el reportero compartió los desafíos éticos, el miedo y el impacto emocional de reportar en zonas de guerra y narcotráfico, como el ingreso a la cabaña que pertenecía a 'El Mencho'.
El periodista Jorge Martínez compartió sus experiencias cubriendo zonas de conflicto en el conversatorio de MILENIO. | Foto: Daniel Augusto
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Cubrir al narco, el debate del reportero frente a situaciones de estrés, cómo es estar en una zona de conflicto después de un acontecimiento relevante y la urgencia de hacer periodismo en tiempo real fueron algunos de los temas que abordó el periodista especializado en coberturas complicadas y peligrosas, Jorge Martínez, en un conversatorio con suscriptores M+.

En el conversatorio, moderado por Víctor Hugo Michel, director de información de MILENIO, habló de su cobertura tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, su paso por Guerrero en medio de una guerra de drones, y cómo fue su cobertura en La Guaira, tras los sismos que golpearon Venezuela.

El reportero habla del miedo, pero no como una falla profesional, sino como una reacción humana, y esa idea atravesó la conversación; “Se vale, en el sentido humano, tener miedo; es algo muy natural”, dijo.

La reconstrucción del día que abatieron a 'El Mencho'

Uno de los casos más relevantes que recordó fue el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes y la llegada a la zona en las horas posteriores a Tapalpa Country Club. “Me dicen: ‘Hay que moverse a Guadalajara”, relató. Salió en domingo. Se desplazaron al aeropuerto, pero los vuelos estaban cancelados.

La propuesta era viajar por tierra. Decidieron rentar una camioneta e irse cinco personas, incluido el fotógrafo. Viajaron toda la noche por la autopista. Al tiempo que Víctor Hugo Michel recordó que había 21 estados con situaciones violentas y Jorge estaba llegando a enfrentamientos.

“Es un consenso. El camarógrafo lo hacemos a mano alzada, lo hacemos por carretera; la dinámica cambia”, explicó Martínez. Decidieron ir a Guadalajara, pero hacer una parada en Morelia. Llegaron, hicieron check-in y a las 4 ya estaban partiendo a Guadalajara. En los límites de Jalisco y Michoacán, casi 10 horas no vieron ni fuerzas federales ni municipales. “Nadie”, subrayó.
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Algunos de los suscriptores se acercaron para platicar con el reportero Jorge Martínez. | Foto: Daniel Augusto

El mayor temor era la frontera, los límites de Michoacán. Vieron un par de ministeriales atendiendo una volcadura. Nada. Hubo una indicación de replegarse. Cuando Jorge iba en trayecto, ya habían reventado: fueron barridos por los narcotraficantes. Posteriormente, supieron que fuerzas especiales habían organizado un operativo para llegar a ese hombre que estaba protegido por una guardia pretoriana. Un grupo se fue a Puerto Vallarta y ellos fueron a Tapalpa.

“En el fondo de esa brechita está Tapalpa. No veo a nadie, le digo al camarógrafo y al fotógrafo: 'Avancemos”, narró. Sale una motocicleta. Jorge pregunta dónde fue el desorden. Afuera de la vivienda hay un tanque de gas LP tirado. No es tan grande; las cabañas estaban a 100 metros. Estaban un poco desesperados.

¿Cómo estaban los vecinos? “No había absolutamente nadie”, respondió. Había espacio para una reunión, una fiesta. Quizá desde el sábado se habían juntado, esperando. El camarógrafo le dice: “Ahí está el tanque”.

Hay que bajarse. La puerta estaba reventada. Seguramente golpearon la puerta a golpes. Una mancha roja: hay sangre, dije. “No hay nadie. Es sangre, no, no es sangre; son unos berries aplastados”, recordó. Siguieron avanzando. Había nervios.

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La charla fue moderada por Víctor Hugo Michel, director de información de MILENIO. | Foto: Daniel Augusto

Recuerda su paso por la última morada del último gran capo: una cabaña de dos pisos, lujosa, pero nada extravagante. Si se compara con el CDS, que son imperiales; esa casa era discreta, para una persona. Jorge agarró su celular y empezó a caminar. “Si vienen, ¿qué vamos a hacer, qué le vamos a decir?”, pensó. Acordaron no tocar nada, respetar sin tocar nada. “No queríamos mover nada. Si de por sí estás en la cadena de custodia”, dijo.

Le llamó mucho la atención el orden que mantenía el capo: la ropa interior perfectamente clasificada, los calcetines clasificados hasta por colores, la ropa planchada, las cremas, la melatonina de 10 mg, las bolsas de ropa de Estados Unidos, los zapatos en cajas abiertas. También encontró objetos religiosos. “Muchos de los criminales agarran hacia San Judas, hacia la Santa Muerte, San Charbel”, comentó.

Le pedía protección, cuidado, que lo guiara espiritualmente. “Ese choque emocional: una de las personas más violentas del país y además tener esa devoción de pedirle protección. ¿Cómo es esta doble moral?”, reflexionó.

Fueron el primer medio en llegar. “Dimensiones que nuestras imágenes dieron la vuelta al mundo”, dijo. Antes de ingresar, pensó que les fuera bien si llegaban y los encontraban, o se los llevaban con ellos. Estaba en casa de su familia cuando lo lograron. “Había mucha emoción; fueron las primeras fotos, las primeras imágenes”. Había medios internacionales que les decían: “Véndemelas”.

De Jalisco a Guerrero, relata, en otra cobertura, llegaron por el padre Filiberto, un sacerdote que fue el punto de partida para una tregua. Lograron entrar a Tlacotepec y documentar lo que veían. Lo primero que encontraron fueron camionetas con gente armada. En la zona de El Caracol, ver a niños armados fue un shock. “Han querido meterse al pueblo, han querido violar a mi mamá, a mis hermanas. Tengo que defender a mi familia”, le dijeron.

Sabían disparar, pero no sabían cargar el rifle. Un maestro, una sola escuela para atender. “Ni los doctores quieren venir”, agregó.

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El reportero habla del miedo, pero no como una falla profesional, sino como una reacción humana

Las preguntas del público

¿Qué ha sido lo más difícil como reportero?, se le preguntó.

“Una fue en Michoacán. Me topé con el CJNG y no supe qué hacer”, confesó.
El camarógrafo se baja, pide la factura; querían enlace a las 9 de la noche. Prenden el LiveU. “Siento la mirada de alguien, veo a alguien con rifle. En mi miedo empecé a caminar, vi una luz, me metí a una tienda. ‘Deme un agua’. Escuché un camión. Ya vienen por mí, pensé. Agarré el agua. Me dice: son 16 pesos. Hice una cara. Se le hizo muy cara, me pregunta. ‘¿Dónde están tus compañeros?’”.

Ya de regreso a Tepalcatepec no conversaron nada; le soltaron el reclamo: “No nos podemos separar. Perdón, no supe qué hacer”, dijo. “Es diferente cubrir nota roja que topárselo de frente”.

—¿Por qué haces esto?

“Me encanta, me fascina, me hierve la sangre cuando vamos a estos lugares”, respondió.

El reportero, también recuerda su paso por La Guaira, Venezuela. 

“Desde que empecé a trabajar he visto 5 mil personas muertas, pero ver a 10 mil personas aplastadas en La Guaira... Despertaba con ese temor de un temblor".

Un joven me decía: ‘Quisiera ver a mi familia, pero ya no tengo a quién hablarle’. Cuando me empezó a platicar, un joven: ‘Ayúdame a sacar a mi mamá, mi mamá está abajo’, era una loza de 4 pisos”.

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Los suscriptores de MILENIO escucharon de primera mano las experiencia al cubrir zonas de conflicto. | Foto: Daniel Augusto

—¿Todo esto tiene un costo para el reportero?

“Sí, vives con estrés, yo ya no puedo... vi a unos niños aplastados... la Cruz Roja, ya huele a putrefacción, todos los días había réplicas, nuestro hotel tenía daños, era convivir con la parte emocional. Incluso el taxista tenía familia, dejó a su familia para sacarnos a nosotros, nos dieron de comer”.

—¿Cómo le haces?

“Cuando llego al hotel, a la casa, en temas de accidentes, escenas difíciles. 15 de septiembre. Cuando llegas y ves 3 hombres desnudos, con bigotes y sombrero como de película... qué crueldad... Luego le tomas humor negro; platicando con psicólogos es una barrera”.

—¿Recibiste algún tipo de amenazas? —se le pregunta desde el público.

“Afortunadamente no. Supe de otros compañeros que me contaron que los tuvieron retenidos. Les llamaron a su hotel, les dijeron que era un comandante, y los tuvieron con el jefe de plaza. Ellos saben”.

—¿Dirías que hay respeto del crimen a la prensa?

“No todos los asesinatos de periodistas. Hay gente que se dedica a la extorsión. En Veracruz hay organizaciones que ayudan a periodistas y hay gente que miente para tener esos beneficios”.
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Jorge Martínez detalló los riesgos, dilemas y protocolos del periodismo de nota roja. | Foto: Daniel Augusto

—¿Tienes en mente que hablas a veces con delincuentes?

“No los puedes tomar como amistad, ni como fuentes confiables. Siempre va a haber ofrecimientos de todo. Lo mejor es mantener una línea de mucho respeto. Son desconfiados. Y ven moros con tranchetes.
Tú tienes que demostrar a lo que vienes”. Al terminar la entrevista, apaga la cámara y le quita las baterías. “Yo no soy juzgado, ni juez, ni policía”, sentencia.

—¿En qué poblaciones está mucho más marcado el control del crimen?

“Tamaulipas, la frontera chica. A mí me marcaba mucho Michoacán, Tierra Caliente, Tamaulipas. Fui, nos andaban correteando. Estábamos haciendo una nota de los pueblos mágicos entre la violencia”.

La conversación terminó con una pregunta: ¿Volverías a cubrir? La respuesta de Jorge Martínez fue breve: —Sí.

AH

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