Los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York, Estados Unidos, cambiaron para siempre la seguridad de la aviación comercial. Lo que antes eran controles concentrados principalmente en pasajeros y equipaje se convirtió en un sistema mucho más amplio y complejo, que abarca aeronaves, aeropuertos, carga, correo, zonas restringidas y hasta el espacio aéreo.
México fue parte de esta adaptación, pero a 25 años de los ataques, donde el país sumó controles y tecnologías que hoy forman parte de cualquier viaje en avión, todavía enfrenta un reto de fondo: demostrar de manera permanente que sus autoridades cuentan con la capacidad para supervisar que las medidas de seguridad se cumplan y evolucionen al ritmo de las nuevas amenazas.
Los secuestros simultáneos de cuatro aviones comerciales —que causaron cerca de tres mil muertos y más de 6 mil heridos— obligaron a rediseñar, desde sus cimientos, el sistema mundial de aviación civil, cambios que fueron recopilados por MILENIO para esta investigación.
En las semanas y años siguientes, gobiernos, organismos multilaterales y aerolíneas reescribieron normativas que hasta entonces daban por sentado que un secuestro se resolvía negociando, pero no contemplaban las intenciones terroristas.
A 25 años de esos sucesos, las normativas oficiales modificaron el futuro de los viajes aéreos en cuatro ejes: navegación aérea, equipamiento y protocolos en aeronaves, seguridad a bordo y controles de acceso a aeropuertos y previos al embarque.
¿Cuáles fueron los cambios tras el ataque a las Torres Gemelas?
La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) reforzó el marco legal mediante el Anexo 17 del Convenio de Chicago, que establece estándares internacionales de seguridad de la aviación y obliga a los Estados a mantener programas nacionales en la materia.
En Estados Unidos, además, se creó en noviembre de 2001 la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés), encargada de establecer y supervisar controles de seguridad en sus aeropuertos.
- Aeropuertos y zonas restringidas: Se endurecieron los controles de acceso a las áreas operativas y de embarque, así como la identificación del personal autorizado.
- Cabina de pilotos: Las puertas que separan a los pilotos de los pasajeros fueron reforzadas para impedir accesos no autorizados.
- Pasajeros y equipaje: Aumentaron las revisiones de personas y maletas y se incorporaron tecnologías para detectar armas, explosivos y otros objetos prohibidos.
- Carga y correo: Los controles dejaron de concentrarse en los pasajeros y se extendieron a mercancías, correo y suministros que llegan a las aeronaves.
- Vigilancia: Los aeropuertos incrementaron el uso de cámaras, sistemas de identificación y mecanismos para detectar posibles amenazas.
¿Qué medidas ahora son parte de los viajeros?
Muchas de las reglas que los pasajeros consideran normales tienen su origen en las vulnerabilidades detectadas después de los atentados de 2001 y en otros intentos de ataque posteriores.
Puertas de los aviones blindadas
Los secuestradores del 11-S lograron tomar el control de las aeronaves. Una de las respuestas inmediatas fue reforzar la separación entre la cabina de pasajeros y el espacio donde trabajan los pilotos.
Las puertas fueron diseñadas para resistir intentos de acceso no autorizado y proteger a la tripulación encargada de operar la aeronave.
Revisión de equipaje documentado
La seguridad también se extendió a las maletas que viajan en la bodega. Los aeropuertos incorporaron sistemas para detectar explosivos y otros objetos peligrosos.
Además, se establecieron procedimientos para comprobar que las valijas correspondan a pasajeros que efectivamente abordaron el avión, conocidos como ‘positive passenger bag match’.
La carga y el correo también quedaron sujetos a controles antes de ser transportados en vuelos comerciales.
Cuidado en cabina
Los objetos punzocortantes, como cúteres, quedaron entre los artículos restringidos porque pueden utilizarse como armas.
El endurecimiento de estas reglas estuvo relacionado con las fallas de seguridad expuestas por los secuestros de 2001 y con el uso de objetos de este tipo por parte de los atacantes.
¿Por qué te hacen quitarte los zapatos?
Aunque suele asociarse con el 11-S, esta medida se reforzó a partir de otro intento de atentado.
En diciembre de 2001, Richard Reid intentó detonar explosivos ocultos en sus zapatos durante un vuelo de American Airlines entre París y Miami. El ataque fue frustrado por pasajeros y tripulación.
El episodio llevó a reforzar la revisión del calzado y convirtió el procedimiento en una medida habitual en numerosos aeropuertos.
No puedes pasar una botella grande de agua
Las restricciones a los líquidos también surgieron de una amenaza posterior.
En 2006, autoridades británicas desarticularon un plan para utilizar explosivos líquidos en vuelos entre Reino Unido y Estados Unidos. Los materiales podían ocultarse en recipientes de uso cotidiano. Después de ese caso se endurecieron las restricciones para transportar líquidos, aerosoles y geles en el equipaje de mano. Las medidas se extendieron posteriormente a numerosos aeropuertos del mundo.
No pueden acompañarte hasta la puerta de embarque
El acceso a las zonas restringidas también cambió.
Antes del 11-S, familiares y amigos podían acompañar a los pasajeros hasta las áreas de embarque en Estados Unidos. Después de los atentados, el acceso quedó limitado principalmente a personas con boleto y personal autorizado.
El objetivo fue reducir el número de personas que pueden ingresar a las zonas donde se concentran pasajeros y aeronaves.
Algunos pasajeros reciben revisiones adicionales
Después de los atentados, se desarrollaron listas de vigilancia y sistemas de preselección de pasajeros.
En Estados Unidos se crearon mecanismos para impedir que determinadas personas abordaran vuelos y para identificar a viajeros que debían someterse a revisiones adicionales antes de abordar.
Segunda revisión de carga y correo
La seguridad dejó de concentrarse exclusivamente en los pasajeros.
Las autoridades establecieron controles para la carga, el correo y los suministros que llegan a las aeronaves. También se reforzó el control sobre las áreas operativas de los aeropuertos, cuyo acceso quedó limitado a personal autorizado.
¿Qué tecnología cambió la forma de vigilar un avión?
Con el paso de los años, los aeropuertos comenzaron a incorporar tecnología para enfrentar amenazas cada vez más complejas.
Los sistemas de inspección evolucionaron de revisiones físicas hacia herramientas capaces de analizar el contenido del equipaje, identificar objetos y sustancias y vigilar grandes extensiones de las terminales.
Entre ellas se encuentran los escáneres de tomografía computarizada para equipaje de mano, capaces de generar imágenes tridimensionales del contenido de las maletas. En algunos aeropuertos, su incorporación permitió flexibilizar determinadas restricciones sobre líquidos.
La tecnología también llegó a la videovigilancia, la identificación de pasajeros, la revisión de documentos y los sistemas para detectar conductas o situaciones consideradas de riesgo.
Y las amenazas tampoco se quedaron en las que existían hace 25 años: drones, ciberseguridad y nuevas formas de introducir objetos o sustancias peligrosas obligan a actualizar constantemente los controles. Ahí es donde el reto deja de ser únicamente tecnológico y pasa a ser institucional.
México: bajas en seguridad, una consecuencia
El país tuvo que demostrar en los últimos años que sus autoridades pueden cumplir con los estándares internacionales de seguridad y supervisar de manera efectiva al sector.
Fue degradado en dos ocasiones por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés): primero en 2010 y posteriormente en 2021.
La segunda degradación tuvo consecuencias directas para la industria mexicana, ya que, mientras México permaneció en Categoría 2, las aerolíneas nacionales enfrentaron restricciones para abrir nuevas rutas o incrementar frecuencias hacia Estados Unidos.
México recuperó la Categoría 1 el 14 de septiembre de 2023, después de que la FAA determinó que la autoridad aeronáutica mexicana volvía a cumplir con los estándares internacionales establecidos para la supervisión de la seguridad operacional.
Pero regresar a la Categoría 1 no significa que las revisiones hayan terminado.
La FAA evalúa a las autoridades de los países cuyas aerolíneas operan vuelos regulares hacia y desde Estados Unidos mediante su Programa de Evaluación de la Seguridad de la Aviación Internacional (IASA, en inglés).
México también está sujeto a las auditorías de la OACI, organismo integrado por 193 Estados que establece estándares internacionales para la aviación civil.
El reto, por tanto, no es aprobar una evaluación y dar el problema por cerrado, sino mantener de manera permanente los controles, procedimientos y capacidad institucional que permitan responder a las siguientes revisiones.
“Uno de los principales retos es alinearnos con todas las auditorías que nos hace la FAA o la Organización de Aviación Civil Internacional y que se aterrizan aquí a nivel nacional; además de las verificaciones que hace la autoridad aeronáutica mexicana”, señaló el subdirector de operación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), el capitán de Navío Héctor Fabián Cortés Álvarez.
El funcionario explicó que las observaciones obligan al aeropuerto a realizar ajustes internos de manera constante.
“Terminamos de atender las observaciones de este año justo cuando ya se está empezando la verificación del siguiente año. Tenemos que realizar siempre ajustes internos, realmente es muy dinámico”, agregó.
Ese proceso muestra uno de los principales desafíos para México: la seguridad aérea no puede tratarse como una certificación que se obtiene una vez, sino como un sistema que debe revisarse y actualizarse de manera permanente.
¿Cómo se está blindando el AICM?
El principal aeropuerto del país, uno de los más importantes de América Latina, también está incorporando nuevas herramientas para responder a las amenazas actuales y a las exigencias de los organismos internacionales.
Sistemas de revisión de pasajeros
El AICM incorpora sistemas de inspección de última generación para fortalecer los filtros de seguridad y detectar posibles amenazas antes de que los pasajeros ingresen a las zonas restringidas.
Inspección de carga
La modernización alcanza los sistemas utilizados para revisar mercancías y carga que ingresan al aeropuerto y que posteriormente pueden ser transportadas en aeronaves.
Sistema antidrones
El aeropuerto trabaja en la integración de un sistema para detectar drones, una amenaza que no estaba presente en los mismos términos cuando se diseñaron los controles posteriores al 11-S.
Vigilancia y circuito cerrado
Los sistemas de videovigilancia permiten ampliar el monitoreo de las instalaciones y detectar situaciones que puedan representar un riesgo para pasajeros, trabajadores o aeronaves.
Validación de documentos
La seguridad también depende de verificar la identidad y documentación de los pasajeros antes de permitirles avanzar hacia las zonas restringidas.
Hacia un aeropuerto 4.0
El AICM busca pasar de un aeropuerto digital a un modelo inteligente, en el que la tecnología permita automatizar procesos críticos y reducir el margen de error humano.
Para ello, también se construye un centro de control aeroportuario que integrará herramientas de analítica de datos para identificar patrones y anticipar riesgos.
El pendiente en México está en la autoridad
La modernización tecnológica, sin embargo, no resuelve por sí sola las debilidades de un sistema de seguridad aérea.
Para el especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial de la UNAM, Rogelio Rodríguez Garduño, uno de los principales retos para México consiste en fortalecer la capacidad de la autoridad aeronáutica para supervisar permanentemente al sector.
La Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) es el órgano encargado de regular, controlar y supervisar la aviación civil y el transporte aéreo en México.
Rodríguez Garduño considera que su estructura actual como órgano administrativo desconcentrado limita su capacidad de decisión y operación.
El especialista plantea avanzar hacia una estructura que permita a la autoridad contar con mayor autonomía para tomar decisiones, administrar sus recursos y responder de manera más oportuna a las necesidades del sector.
El punto es relevante porque las observaciones de organismos internacionales no sólo representan un problema de cumplimiento regulatorio; también evidencian la capacidad que tiene México para vigilar que sus aeropuertos, aerolíneas y demás actores de la industria mantengan los estándares exigidos.
25 años después, la seguridad sigue cambiando
A 25 años del 11-S, la seguridad aérea ya no consiste únicamente en impedir que un pasajero suba con un arma.
Está presente desde que una persona llega al aeropuerto, pasa por un filtro, entrega su equipaje, cruza una zona restringida y aborda un avión. También está en la carga que llega a una terminal, en las puertas de la cabina, en las cámaras de vigilancia y, cada vez más, en sistemas capaces de detectar amenazas que ni siquiera existían en 2001.
Por eso, quitarse los zapatos, limitar los líquidos, revisar una maleta o impedir que un familiar llegue hasta la puerta de embarque no son medidas aisladas. Cada una responde a una vulnerabilidad detectada en algún momento y forma parte de un sistema que continúa evolucionando.
Para México, el desafío es todavía mayor: no basta con recuperar una categoría o corregir las observaciones de una auditoría. El objetivo es construir una capacidad permanente de supervisión que permita detectar las brechas antes de que las señalen desde el exterior.
MD