En cada momento de tensión en Irán —protestas internas, sanciones internacionales o escaladas militares con Israel— su nombre reaparece desde el exilio. No como actor institucional dentro del país, sino como figura simbólica de una alternativa al sistema político instaurado tras la Revolución Islámica de 1979.
Reza Pahlavi, hijo del último sha Mohammad Reza Pahlaví, lleva más de cuatro décadas intentando convertir un linaje dinástico en una plataforma política. No controla territorio, no encabeza una estructura formal dentro de Irán y no forma parte del entramado institucional de la República Islámica. Su influencia es discursiva y depende, en buena medida, de la memoria del régimen que lo precedió.
Para entender su papel en el presente, sus actuaciones políticas —casi todas fuera de Irán— y el nexo que tiene durante cada una de las intervenciones internacionales que hay en Teherán hay que volver al pasado monárquico y de la nación de Oriente Medio.
El régimen del sah: modernización, petróleo y control político
Reza Pahlavi es hijo de Mohammad Reza Pahlavi, quien gobernó Irán hasta su derrocamiento en 1979. Durante su mandato, el país experimentó un proceso acelerado de modernización conocido como la Revolución Blanca, que incluyó reformas agrarias, expansión educativa, industrialización y una política exterior estrechamente alineada con Estados Unidos.
Dentro de Asia, Irán se consolidó como un actor regional con fuerte peso petrolero y vínculos estratégicos con Occidente. Sin embargo, ese desarrollo económico convivió con un sistema autoritario. El poder se concentraba en la figura del monarca y la disidencia era limitada. La policía secreta SAVAK reprimía a opositores y el margen para la participación política independiente era reducido.
El descontento social, la desigualdad y la percepción de dependencia frente a Washington alimentaron una coalición amplia que terminó por derribar al régimen bajo el liderazgo del ayatolá Ruhollah Khomeini. La monarquía fue abolida y sustituida por la República Islámica, un sistema teocrático en el que el poder último recae en el líder supremo.
Exilio, narrativa y límites políticos
Tras la revolución, la familia imperial abandonó el país. Reza Pahlavi inició entonces una vida en el exilio, principalmente en Estados Unidos, México y Egipto. Con el paso de los años, su discurso evolucionó: aunque mantiene el título simbólico de príncipe heredero, ha planteado que el futuro de Irán debe definirse mediante un proceso democrático y secular, sin imponer necesariamente una restauración monárquica automática.
Su base de apoyo se concentra en sectores de la diáspora iraní y en quienes asocian el periodo previo a 1979 con estabilidad o apertura internacional. Sin embargo, esa memoria es disputada. Para amplios sectores dentro de Irán, el régimen monárquico de los Pahlavi también simboliza represión y concentración de poder.
Coberturas de medios como The New York Times han señalado en distintos momentos que la oposición iraní en el exilio permanece fragmentada y sin una estructura unificada capaz de articular un liderazgo interno claro.
En ese contexto, la figura de Pahlavi funciona más como referente simbólico que como dirigente operativo.
La Guardia Revolucionaria y el núcleo duro del régimen
Uno de los principales obstáculos para cualquier escenario de transición en Irán es la estructura de poder construida tras 1979. En el centro de esa arquitectura se encuentra la Islamic Revolutionary Guard Corps, conocida como la Guardia Revolucionaria.
Este cuerpo no solo tiene funciones militares, sino también influencia económica y política significativa. Análisis publicados por Reuters han documentado cómo la Guardia Revolucionaria se ha convertido en un actor clave para sostener al sistema, tanto en el control interno como en la proyección regional de Irán.
En ese esquema, el liderazgo supremo —actualmente en manos de Ali Khamenei— se apoya en una red institucional que combina autoridad religiosa, aparato militar y control de seguridad. Cualquier intento de transformación política enfrentaría no solo resistencia ideológica, sino una estructura consolidada durante más de cuatro décadas.
Entre la memoria y la coyuntura
En el contexto actual de escalada con Israel, la figura de Reza Pahlavi reaparece en el debate internacional como posible rostro de una alternativa futura. Ha intensificado sus llamados a la presión internacional contra el régimen y a la movilización civil dentro del país.
Sin embargo, su margen real de influencia dentro de Irán es limitado. No dirige protestas en el terreno ni controla estructuras políticas internas. Su peso es narrativo: encarna la posibilidad de un cambio que remite a un pasado abolido y a un sistema que ya no existe.
En una región donde las tensiones militares conviven con disputas históricas no resueltas, Reza Pahlavi representa más una pregunta abierta que una opción inmediata: si el sistema nacido en 1979 enfrentara una transformación profunda, ¿quién capitalizaría ese vacío?
Por ahora, el heredero sigue en el exilio. El poder efectivo continúa en Teherán y las crisis en Medio Oriente siente tocan base en Irán.