Tras activar con los ojos una maquinaria especial, a la que confirmó su intención de poner fin a su vida, una italiana de 55 años, completamente paralizada a causa de la esclerosis múltiple progresiva, pudo finalmente morir a través del suicidio asistido, legal en el país europeo desde 2019.
Primer suicidio asistido por una máquina ocular
Identificada únicamente con el nombre de Libera (que significa libre), la mujer dio su visto bueno tres veces con la mirada para proceder a la suministración del fármaco letal, que una tercera persona no le podía dar a menos que estuviera dispuesta a enfrentar la acusación de homicidio, pues la eutanasia (o recibir ayuda de terceros para morir) es todavía ilegal en Italia.
Un cuarto de hora después, entre las 11:30 y las 12:00 horas locales del miércoles 25 de marzo, la paciente murió.
Se trató de la primera vez que un suicidio asistido fue llevado a cabo gracias al apoyo de una máquina de comando ocular, que fue creada por el Consejo Nacional de Investigación (CNR, por su sigla en italiano).
Esta permitió accionar la infusión endovenosa del fármaco utilizado en el suicidio asistido, dijo la organización Luca Coscioni, que acompañó a Libera durante dos años de batalla legal y mediática para ejercer su derecho a morir.
Explicó que la pantalla de la máquina está conectada a una bomba de infusión que se abre para hacer llegar al paciente el fármaco contenido en una bolsa intravenosa colocada en el brazo.
De esa manera Libera pudo superar el obstáculo de la tetraparesia espástica del cuerpo, que le impedía cualquier tipo de movimiento, incluido el necesario para poner en marcha el botón de activación de la maquinaria especial.
Libera ejerce su derecho
El dispositivo mecánico fue fabricado bajo pedido del tribunal de Florencia, que a finales del año pasado acogió el pedido urgente de Libera para ejercer su derecho a morir, luego de que amenazara con con emprender “otras vías con efecto inmediato”, ayudada por la asociación Luca Coscioni, pues en un comunicado dijo haber superado “el límite de resistencia humana al dolor físico y psíquico”.
“Libera veía a la muerte como el único modo para dejar de sufrir”, declaró el médico Paolo Malacarne, que asistió a la enferma.
Dijo que la paciente quería estar completamente segura de poder ejercer su derecho a morir con la maquinaria especial y que cuando recibió el visto bueno no dudó ni un momento.
“No tuvo un solo momento de arrepentimiento, de dolor o de llanto, solamente de liberación. Es dramático decirlo, pero así ha sido”, señaló Malacarne.
“Espero con todo mi ser que nadie deba volver a esperar dos años para ejercer un derecho que le pertenece. Nadie debería ser obligado a luchar tanto tiempo por aquello que le debe ser garantizado”, fueron las últimas palabras de Libera en un mensaje que hizo público a través de la asociación Luca Coscioni.
LJ