Murió Emma Bonino a los 78 años. Fue líder del Partido Radical y fue reconocida por ser una figura clave en la legalización del aborto y el divorcio en la Italia católica de 1970, contra la oposición del Vaticano.
Su partido, +Europa, anunció su muerte.
“Su vida fue una larga lucha contra todo lo que niega la libertad: contra el aborto clandestino, el hambre en el mundo, el férreo control de la política de partidos, la mutilación genital femenina, la justicia punitiva, el genocidio y toda forma de autoritarismo”, señaló la formación.
Su trayectoria política
Incluso después de que se apagara la estrella política de los Radicales, Bonino siguió siendo una figura política clave y activista de derechos humanos en Italia durante más de cinco décadas. Se desempeñó como comisaria europea para el entonces primer ministro Silvio Berlusconi y fue cofundadora del observatorio contra la pena de muerte Manos Fuera de Caín. Pero su intento de convertirse en la primera presidenta de Italia en 1999 fracasó.
Las generaciones más jóvenes la conocían como una analista política muy solicitada, que aparecía con frecuencia en la televisión italiana con su agudo ingenio y sus incisivas observaciones. Tras su diagnóstico de cáncer en 2015, aparecía en público con coloridos pañuelos en la cabeza.
Nacida el 9 de marzo de 1948 en Bra —no lejos de la ciudad noroccidental italiana de Turín, donde la fábrica del fabricante de automóviles Fiat impulsaba la economía—, pasó su infancia en una granja, donde a menudo le encargaban pastorear cerdos, un estilo de vida que describió como “mortalmente aburrido” en una entrevista televisiva de 2023.
Bonino se involucró por primera vez en la política italiana porque quería cambiar la ley. A los 26 años se quedó embarazada y abortó, aunque en ese momento era ilegal.
Legisladora veterana en la política italiana y activista de diversas políticas de reforma, fue elegida seis veces diputada de la Cámara baja y dos veces senadora. En 2017 se convirtió en la líder de +Europa, una lista partidaria liberal y federalista europea que lanzó antes de las elecciones generales italianas de 2018.
Con una presencia explosiva en la política durante su carrera de 50 años, Bonino fue una de las pocas figuras políticas italianas que logró importantes avances tanto en el país como a nivel internacional.
Bonino ganó proyección europea en un cargo que le debió al entonces primer ministro de centroderecha Berlusconi, quien en 1995 le ofreció uno de los dos puestos de Italia en la Comisión Europea.
Como comisaria, forjó la política de protección del consumidor de la Unión Europea y creó la Oficina Humanitaria de la Comisión Europea, que hoy es la principal agencia humanitaria europea. Fue esta última cartera, la de asuntos humanitarios, la que más sintió como propia.
Bonino se desempeñó como ministra de Exteriores, de Comercio y de Asuntos de la Unión Europea en gobiernos italianos de centroizquierda en las décadas de 2000 y 2010.
Nunca se casó y mantuvo fuertes vínculos con su familia en Piamonte. En una entrevista de 2020 con Vanity Fair, dijo:
“Mi padre murió antes de que pudiera demostrarle que podía lograr algo. Nunca entendió mi inquietud. Solía decirme: Emma, eres como la poesía japonesa: hermosa, pero no puedo entenderla”.
Con los años, Bonino cultivó una profunda amistad con el difunto papa Francisco, pese a sus posturas contrapuestas sobre cuestiones éticas clave, entre ellas el aborto y la eutanasia.
A Bonino le sobreviven sus hermanos, Domenica y Giovanni, y los hijos de ambos.
AH