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Viernes , 19.04.2019 / 05:43 Hoy

Las medias verdades en Caracas... El reto de informar en Venezuela

En una nación enfrentada por posiciones políticas, la labor periodística se vuelve un reto para prooficialistas y opositores.

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Aquí todo son medias verdades. En Venezuela la libertad de expresión está en entredicho. Con el agravamiento de la crisis económica, política y social, se han reducido los espacios para ejercer el periodismo y la crítica en el país. En lo que va de 2017, el gobierno de Nicolás Maduro ha ordenado el cierre de 41 emisoras de radio y un canal de televisión, según el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS).

“Los comunicadores que han perdido su empleo en los medios radioeléctricos se han ido a los portales web”, señala a MILENIO el presidente del Colegio Nacional de Periodistas, Tinedo Guía. “A través de esos portales se abre un abanico de información que contrarresta a los 600 medios que sirven al gobierno”, afirma quien fue la cara de las noticias en Radio Caracas Televisión (RCTV), canal obligado a suspender sus transmisiones durante el gobierno de Hugo Chávez.

En Venezuela los medios privados coexisten con un robusto sistema de medios públicos diseñado por Chávez, una especie de seguro contra golpes de Estado, luego del intento fallido de derrocarlo en 2002. En estos canales, estaciones de radio y periódicos se privilegia la agenda gubernamental y la crítica, a veces insultante, a los líderes de la oposición.

“A mí me gustaría vivir en el país que muestra Venezolana de Televisión, donde la gente se la pasa bailando y no pasa nada”, critica Vladimir Villegas, uno de los periodistas más seguidos en el país. Su programa en el canal privado Globovisión es referencia: en un país dividido y enfrentado por posiciones políticas, ha logrado sentar en su mesa a chavistas y opositores por igual.

“Son dos países distintos, unos hablamos croata y otros cantonés, no nos estamos entendiendo, hay un problema de incomunicación entre los venezolanos”, asegura Villegas, quien hace unos días discutió al aire con su propio hermano, Ernesto Villegas, actual ministro de Comunicación de Maduro.

“Aquí hay dos medias verdades que se confrontan en la calle, en la prensa y en los procesos electorales: la media verdad del gobierno y la media verdad de la oposición”, afirma en entrevista Maryclen Stelling, miembro del Observatorio Global de Medios en Venezuela.

Para Stelling, el país vive —desde hace años— un “anclaje mediático”, fenómeno en que las audiencias solo consumen los medios que difunden sus creencias, sean chavistas o antichavistas. “Te quedas anclado a ese canal o periódico porque refuerza la media verdad que quieres creer”, explica la académica.

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El presidente Maduro, siguiendo el ejemplo de Chávez, es casi omnipresente en el espectro radioeléctrico. Sea en cadenas nacionales, eventos oficiales o programas televisivos como Los domingos con Maduro, donde habla durante horas ante un grupo entusiasta de funcionarios y seguidores. Incluso tiene su propia emisión musical La hora de la salsa, transmitida en Radio Miraflores.

La directora de la estación, inaugurada hace nueve meses en las entrañas del palacio presidencial de Miraflores, recibe a MILENIO en su cabina. “Es una emisora que pretende darle espacio privilegiado a la gestión de gobierno, pero también nos abrimos a otras voces”, asegura la periodista Esther Quiaro.

Bajo el lema “La voz de la verdad”, con instalaciones e insumos de primer nivel, Radio Miraflores ofrece distintas opciones musicales, programas conducidos por los ministros de Estado e integrantes de organizaciones sociales. Eso sí, sin ocultar su tendencia chavista.

“Es honesto que quien me escucha que tenga claro quién soy, que tengo una militancia política y que acompaño al gobierno bolivariano”, dice la comunicadora con más de 20 años de experiencia, ganadora del Premio Nacional de Periodismo.

Para la directora de Radio Miraflores, es necesaria una reflexión sobre la honestidad de los periodistas venezolanos. “La realidad que mostramos tiene una mediación. Convertir esa mediación en verdad es manipular, ya no es un ejercicio periodístico, sino de propaganda política”, concluye.

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Venezuela ocupa el lugar 130 entre 180 países que conforman la actual Clasificación Mundial de Libertad de Prensa, elaborada anualmente por la organización francesa Reporteros sin Fronteras.

Según el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), desde el inicio de las protestas contra Maduro y hasta finales de julio, 376 periodistas han sido agredidos en el país. En 60 por ciento de los casos, los responsables fueron agentes del Estado.

Decenas de medios impresos han desaparecido por presiones gubernamentales y los que subsisten son cada vez más delgados por la falta de papel. Por si fuera poco, el gobierno ha emprendido una batalla con los medios internacionales, bloqueando la señal de emisoras críticas al régimen como CNN en Español y NTN24 de Colombia.

Ante este contexto, y las medias verdades de la prensa nacional, han surgido iniciativas ciudadanas que pretenden enfrentar la censura y la desinformación. Es el caso de Bus TV, grupo integrado por jóvenes que difunde en el transporte público las noticias que considera importantes.

“Nos ponemos de acuerdo a través de los teléfonos y acordamos la ruta. Orientamos y balanceamos el noticiero para poner el dedo en la llaga con ciertas noticias que nos interesan”, explica uno de los voluntarios, Oswaldo Maccio.

Sus incursiones en los camiones que recorren Caracas suelen terminar en aplausos. Sosteniendo un marco de cartón, que asemeja una pantalla de televisión, informan a los pasajeros y abren el debate en cuestión de minutos. “Queremos recordarle a la gente lo bien que se siente estar informado. Que sepan que hay gente preocupada porque las noticias sigan llegando”, afirma Maccio.

Un esfuerzo hormiga quizá, pero sin duda trascendente. Una luz de esperanza en un país donde la verdad escasea...

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