El asesinato del presidente estadunidense John Fitzgeral Kennedy marcó el fin de una era que fue inmortalizada en la imaginación de los norteamericanos como “Camelot”, al terminar con la joven vida del galante líder y con las esperanzas de cambio que había llevado consigo a Washington.
El nombre de la mítica fortaleza y reino del legendario rey Arturo es empleado muchas veces para referirse al presidente demócrata asesinado en 1963.
La misma Jacqueline Kennedy promovió el mito de Camelot y lo sugirió como un símbolo de la administración de su marido en una entrevista con la revista Life poco después del asesinato de JFK, un 22 de noviembre, hace ya 40 años en Dallas, Texas.
La primera dama se refirió a una canción del popular musical de Broadway Camelot, sobre el rey Arturo, que a su esposo le gustaba escuchar, con una alusión a un “brillante momento que fue conocido como Camelot”.
“Habrá grandes presidentes nuevamente”, dijo entonces. “Pero no habrá otro Camelot”, remató.
Kennedy ganó las elecciones a nombre del Partido Demócrata en 1960 con 43 años, el candidato más joven en ser elegido presidente y el primero nacido en el siglo XX. Supo utilizar con efectividad la televisión, entonces un medio relativamente nuevo, para impulsar su campaña contra Richard Nixon, lo que le ayudó a asegurar su estrecha victoria.
“La antorcha ha sido pasada a una nueva generación de estadunidenses”, dijo en su discurso inaugural, presentando su administración como algo completamente nuevo, con el foco en la “nueva frontera” de los años 1960.
Su imagen juvenil se vio fortalecida por su vida personal junto a su bella esposa, Jacqueline Lee Bouvier y sus dos pequeños hijos, Caroline y John John, inmortalizados en las famosas fotografías de John John casi bebé jugando bajo el escritorio de su padre en el Salón Oval y Caroline paseando con su pony en el jardín de la Casa Blanca.
Jacqueline se dedicó a redecorar la Casa Blanca y la pareja puso especial énfasis en el arte y la cultura.
Antes de que se cumpla el 50 aniversario de la muerte de Kennedy, el museo dedicado al periodismo Newseum de Washington ha ilustrado cómo esta imagen de Camelot fue capturada por los propios Kennedy, quienes contrataron al fotógrafo Jacques Lowe para que documentara los meses previos de la familia antes de que JFK se presentara como candidato a presidente.
El asesinato de Kennedy aquel 22 de noviembre de 1963 en Dallas hizo trizas todo eso, pero al acortar su carrera política contribuyó a crear una visión idealizada que ayudó a reforzar la imagen de un Camelot en la mente de muchos estadunidenses.
Las alusiones a la leyenda artúrica y las preguntas sobre lo que podría haber sido, ayudaron a ocultar el lado oscuro de la gestión de Kennedy, en la que hubo infidelidades que podrían haber afectado a la presidencia en años posteriores.
La sensual actuación de Marilyn Monroe cantando “Happy Birthday Mr. President” en un vestido tan estrecho que al parecer se lo tuvieron que coser una vez puesto, hizo elevar las cejas de más de uno y se convirtió en un símbolo de la indiscreción de JFK. Con los años, se sumaron más testimonios. Una ex becaria de la Casa Blanca, Mimi Alford, contó en un libro, Once Upon a Secret (Érase una vez un secreto), publicado en 2012, que tuvo un amorío de 18 meses con el mandatario, a lo que sumó un presunto abuso de drogas.
A lo largo de los años se le han atribuido varios romances con mujeres famosas, como Marilyn Monroe y Jayne Mansfield. Las cartas de amor que intercambió con una aristócrata sueca, con quien mantuvo una relación incluso después de casarse con Jacqueline, fueron vendidas por más de 115 mil dólares hace tres años.
En su libro publicado este año, These Few Precious Days: The Final Year of Jack and Jackie (Esos pocos años preciosos: el año final de Jack y Jackie), Christopher Andersen citó a amigos y conocidos de los Kennedy que afirmaron que Jacqueline sabía de los amoríos de su marido.
“Eso no significa que se tomara sus engaños a la ligera”, escribió Andersen. “No le gustaba que Jack anduviera por ahí. Estaba muy enojada con eso”, dijo George Smathers, amigo de JFK. Pero estaba dispuesta a mirar a otro lado mientras él fuera cuidadoso”, añadió.
Sin embargo, en público, los Kennedy mostraban la impronta de una familia joven y feliz, imagen que por otro lado sigue alimentando su mística.