A menos de 3 meses de los próximos comicios del 3 de noviembre, una racha de triunfos de candidatos socialistas y progresistas en las elecciones internas alteró la relación de fuerzas dentro del Partido Demócrata y ofreció a los republicanos la posibilidad de etiquetarlos como “comunistas”, a fin de conquistar a votantes moderados, opinaron politólogos y estrategas.
En Nueva York, candidatos respaldados por el influyente alcalde socialista Zohran Mamdani —entre ellos Claire Valdez, Darializa Ávila Chevalier y Brad Lander— derrotaron a figuras apoyadas por el aparato tradicional demócrata; dos de ellos se identifican como socialistas democráticos y compiten en distritos fuertemente demócratas.
En Míchigan, Abdul El-Sayed —un médico musulmán, progresista, epidemiólogo y especialista en salud pública de origen egipcio— venció en la carrera por un escaño en el Senado federal por menos de un punto a Haley Stevens —candidata respaldada por buena parte de la dirigencia partidaria— pese a los más de 32 millones de dólares de gasto externo que se gastaron en su contra.
David Barker, del Programa de Gobernanza Política de la Institución Brookings de Washington, observa que las primarias demócratas de 2026 fueron no tanto una historia de izquierda contra centro, sino más de bien de políticos “insurgentes” contra "el establishment”, donde los candidatos ganadores se definen más por el populismo de la clase trabajadora que por el radicalismo ideológico.
“Estos candidatos no parecen radicales en absoluto para los votantes indecisos, lo que disuelve la supuesta disyuntiva entre los candidatos que entusiasman a su base electoral y aquellos que tienen un atractivo que trasciende las diferencias, porque cada vez son más iguales”, señaló.
Las primeras conclusiones sugieren en ese sentido que una campaña basada en el costo de vida, sanidad pública, impuestos a los más ricos, rechazo del dinero corporativo y críticas a la política estadunidense hacia Israel puede movilizar suficientes votantes para derrotar a la jerarquía partidista tradicional.
El triunfo de El-Sayed —quien hizo campaña enfundado en jeans, playera negra y manga corta— es visto como el más emblemático de todos, toda vez que ganó con todo el establishment apoyando a su rival, lo que según Anthony Jesuale, profesor de ciencias políticas en la Universidad Central de Michigan, muestra la capacidad de convocatoria del mensaje de El-Sayed.
“Logró que personas que no suelen votar en primarias, o que nunca habían tenido la oportunidad de hacerlo, se animaran a participar en ellas. Y eso es difícil de conseguir, sobre todo cuando se tiene un déficit publicitario y hoy en día es mucho más complicado llegar a la gente en un entorno mediático tan polarizado”, indicó Jesuale.
La campaña de El-Sayed por la candidatura interna se resumió en una trilogía retórica: “Dinero fuera de la política, dinero en tu bolsillo y Medicare para todos”.
Contra los “comunistas”
A pesar de que son temas que están en la mente de los votantes, que según las encuestas están más preocupado por el costo de la vida que por cualquier otro tema, su rival republicano Mike Rogers intentó etiquetas como ideas radicales.
“La opción este noviembre es sencilla: sentido común o completa locura… Abdul no es simplemente otro liberal. Es un extremista.. Está encabezando un movimiento basado en el fanatismo ideológico”, según Rogers, el expresidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes y aliado cercano de Donald Trump.
Es una estrategia de ataque resucitada por Trump, quien había llamado a su rival demócrata en las elecciones presidenciales de 2024 “Camarada Harris” y que ha sido calcada por algunos republicanos del ala más conservadora para tratar de posicionar las elecciones como una batalla ideológica contra lo que quieren proyectar como los candidatos más extremistas de Estados Unidos.
Tras las primarias de Nueva York. Trump escribió que Estados Unidos “nunca será un país comunista” y celebró irónicamente que Zohran Mamdani había conseguido la victoria de “comunistas sólidos”, además de que describió como “verdaderamente comunistas” las propuestas de los candidatos respaldados por el alcalde.
Y esta semana, después de las primarias de Míchigan, Trump llamó inicialmente a El-Sayed “un comunista que no cae bien en Detroit”. “Grandes noticias para el Partido Republicano. El-Sayed, un comunista perdedor”.
En un acto posterior en Las Vegas volvió a llamarlo comunista y lo acusó de odiar a Israel y a los judíos, afirmación que El-Sayed rechazó.
En el caso de Nueva York, donde la demócrata socialusta Darializa Ávila derrotó al titular, Adriano Espaillat, líder de la bancada hispana de la Cámara de Representantes, el profesor de Ciencia Política en la Universidad de Buffalo, Shawn Donahue cree que Mamdani mostró su capacidad como “kingmaker” (“creador de reyes”) en los distritos donde intervino directamente, toda vez que su apoyo funcionó también en las victorias de Claire Valdez y Brad Lander.
Aunque las elecciones en Nueva York llamaron la atención por la influencia de Mamdani, los analistas coinciden que Míchigan —un estado históricamente “columpio o bisagra” que puede batear a la derecha lo mismo que a la izquierda— es el laboratorio decisivo.
Las victorias en distritos profundamente demócratas fortalecen la bancada progresista pero no prueban por sí solas que esa estrategia funcione entre independientes y votantes moderados a la hora de las elecciones generales del 3 de noviembre.
LG