De acuerdo con el más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre niños y conflictos armados, 2025 se convirtió en uno de los años más devastadores para la infancia a nivel mundial.
El documento registró más de 38 mil violaciones graves contra niñas, niños y adolescentes, entre ellas asesinatos, mutilaciones, reclutamiento forzado y violencia sexual, en un contexto donde el uso de nuevas tecnologías militares, como la inteligencia artificial y los drones, ha intensificado los conflictos armados.
Impacto de las nuevas tecnologías en la guerra
El informe, presentado anualmente por Antonio Guterres, secretario general de la ONU ante la Asamblea General, incluye la llamada "Lista de la Vergüenza", un registro de gobiernos y grupos armados responsables de cometer violaciones graves contra los derechos de la infancia en contextos de guerra.
Entre los actores señalados permanece Israel debido al elevado número de afectaciones documentadas contra niñas, niños y adolescentes durante el conflicto en Gaza.
En entrevista a MILENIO, el integrante de la organización Tejiendo Redes Infancia, Juan Martín Pérez, quien detalló que el incremento de estas violaciones responde no solo a la intensidad de los conflictos armados, sino también al desarrollo de nuevas tecnologías militares que han transformado los conflictos bélicos.
Organismos internacionales como Naciones Unidas, Access Now y Amnistía Internacional han manifestado su preocupación por el creciente uso de inteligencia artificial en sistemas de armamento, una tecnología que, al no contar con una regulación internacional suficiente, representa nuevos riesgos para la población civil.
"La evidencia científica demuestra que mientras mayor es la distancia entre quien dispara y la persona que recibe el ataque, la probabilidad de multiplicar los asesinatos aumenta", señaló el especialista.
Se advierte que estas herramientas deshumanizan la toma de decisiones durante los conflictos y reducen los controles humanos sobre el uso de fuerza letal.
El activista explicó que la violencia contra las infancias también responde a una visión del mundo denominada adultocentrismo, en el que niñas, niños y adolescentes son percibidos como personas "en desarrollo" y no como sujetos plenos de derechos.
"Somos sociedades formadas culturalmente por desigualdades, no solo entre hombres y mujeres, sino entre países del norte que roban y expropian los recursos de la zona sur, así como de personas blancas que abusan de su posición contra pueblos africanos o indígenas", expresó.
Añadió que esta lógica termina por minimizar el valor de la vida de las infancias, colocándolas entre las principales víctimas de los conflictos armados.
Infancias en riesgo
Recordó que los Estados tienen la obligación de garantizar la protección de niñas, niños y adolescentes conforme a la Convención sobre los Derechos del Niño, así como de instrumentos del Consejo de Seguridad y del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Sin embargo, las consecuencias de la guerra van mucho más allá de las víctimas directas. Los conflictos afectan gravemente el acceso a la educación, los servicios de salud, la alimentación, el descanso y las condiciones necesarias para un desarrollo integral.
Las afectaciones también alcanzan la salud mental, con altos niveles de estrés postraumático, ansiedad y depresión, además de limitar las oportunidades de construir un futuro proyecto de vida digno.
El especialista señaló que las niñas y adolescentes enfrentan un riesgo considerablemente mayor de sufrir violencia sexual, embarazos tempranos, uniones forzadas y trata de personas con fines de explotación sexual. Por su parte, los varones son más propensos al reclutamiento forzado, la explotación laboral y la participación obligada en grupos armados.
"Cuando la violencia les atraviesa el cuerpo, la piel, su vida y futuro, pueden llegar a pensar que esa es la única forma posible de existir en este mundo", advirtió.
Por ello, subrayó la importancia de proteger a las infancias y de implementar mecanismos de reparación que permitan romper los ciclos intergeneracionales de violencia.
Asimismo, Pérez consideró que la permanencia de numerosos conflictos armados responde a intereses económicos y geopolíticos que fortalecen a la industria armamentista como el caso de Israel en Medio Oriente, que promueve procesos de militarización en distintas regiones del mundo.
Un fenómeno replicado en América Latina con el incremento del militarismo y gobiernos autócratas de ultraderecha.
"Es nuestra responsabilidad asumir el compromiso de escucharles, de hacerles partícipes y cambiar el rumbo de la humanidad que hoy se encuentra en el camino de la guerra y la violencia", afirmó.
Finalmente, hizo un llamado a que gobiernos, familias y comunidades asuman un papel activo en la protección de los derechos de la infancia.
"Las infancias tienen derecho a vivir libres de violencia y nosotros, como sociedad, tenemos la oportunidad de construir redes que realmente los protejan", concluyó.
LGG