En la tranquila localidad de Cornelius, Carolina del Norte, Michael Smith orquestó durante 7 años una operación que parece sacada de una novela de ciencia ficción.
Su objetivo no era crear arte, sino explotar el algoritmo de las plataformas más grandes del mundo: Spotify, Apple Music, Amazon Music y YouTube Music, tras no encontrar la fórmula para ganar el dinero suficiente con sus propias creaciones.
¿Cómo estafó a los grandes de la música?
El primer problema de Smith era el contenido, pues para generar dinero en el streaming, necesitas canciones virales y Smith recurrió a la Inteligencia Artificial. Se alió con el director de una empresa de música generativa para producir cientos de miles de pistas de forma automática.
Eran canciones sin alma, con nombres generados al azar como "Zygotic Wash" o "Calorie Event" y atribuidas a artistas inexistentes eran parte del catálogo en donde Smith no buscaba fans, buscaba formas masivas de reproducción.
Dichas pistas de "música instantánea", eran un producto diseñado no para ser escuchado por humanos, sino para ser procesado por servidores y para que esas canciones generaran dinero, alguien tenía que escucharlas, así fue como Smith construyó una granja de bots monumental.
Luego de adquirir miles de correos electrónicos en bloque y poder registrar hasta 10 mil cuentas de usuario simultáneamente es que arrancó el proyecto de uno de los fraudes más grandes en la historia de la música.
¿Cómo engañó a la seguridad de las plataformas?
Para evitar que los sistemas de seguridad de Spotify o Apple detectaran un tráfico inusual, Smith usó servicios de la nube y VPNs. En lugar de reproducir una sola canción un millón de veces, sus bots reproducían miles de canciones diferentes de manera aleatoria, imitando el comportamiento de oyentes reales dispersos por el mundo.
El esquema fue asombrosamente lucrativo, pues en su apogeo Smith generaba más de 660 mil reproducciones diarias, lo que le reportaba cheques de regalías por más de 1.2 millones de dólares, es decir 21 millones 477 mil 840 pesos mexicanos al año.
En total desvió más de 8 millones de dólares (143 millones 185 mil 600 pesos mexicanos) que, por derecho, debieron distribuirse entre artistas reales que sí tienen una audiencia humana.
Lo cierto es que la justicia finalmente lo alcanzó y tras un largo proceso éste año Michael Smith compareció ante un juez federal en Nueva York y se declaró culpable de conspiración para cometer fraude electrónico.
Este caso no es solo un robo de dinero, es un hito legal y es la primera vez que se lleva a juicio penal un fraude basado en la manipulación de streaming mediante IA.
El caso ha obligado a las plataformas a endurecer sus filtros contra la "música basura" generada por IA y ha puesto en evidencia lo fácil que es engañar a un sistema diseñado para recompensar la cantidad sobre la calidad.
KVS