Con un baño de multitudes en el puerto de Bari (sur), la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, celebró el 4 de septiembre el récord de encabezar el gobierno más longevo de la historia republicana del país europeo, aunque, según sus críticos, sin grandes reformas que presumir.
Lo que en otros países sería una situación normal: un Ejecutivo que se apresta a llegar al final natural de la legislatura (previsto en 2027), en Italia resulta excepcional dada la atávica inestabilidad y las crisis gubernamentales que tradicionalmente han caracterizado a la política local y que han producido 68 gobiernos en 80 años.
“Italia ha dejado de ser un caso de observación en Europa pues en las cumbres internacionales todos se preguntaban antes: ‘¿Cuánto durará este (gobierno italiano)?’”, dijo Meloni en el mitin del viernes por la tarde en Bari, al que asistieron, según medios locales, unas cuatro mil personas y no las 10 mil calculadas por los organizadores.
La primera ministra defendió que “la estabilidad es la primera gran reforma” de su Ejecutivo, iniciado el 22 de octubre de 2022, tras las elecciones en las que su partido, Hermanos de Italia, obtuvo 26 del 44 por ciento total de los votos de la coalición gobernante (que incluye a Forza Italia, fundado por Silvio Berlusconi, y a la Liga, de Matteo Salvini)
Permanencia récord
Con mil 413 días al frente del Ejecutivo, Meloni superó el viernes por un día la duración del segundo gobierno de Berlusconi (2001-2005), aunque en la práctica es la séptima primera ministra que más ha permanecido en el poder, pues Berlusconi se mantuvo por 3 mil 339 días; Giulio Andreotti por 2 mil 678; Alcide De Gasperi por 2 mil 591; Aldo Moro por 2 mil 279; Amintore Fanfani por mil 659 y Romano Prodi por mil 416.
La diferencia es que todos ellos debieron reorganizar varias veces sus ejecutivos y pedir el voto de confianza del Parlamento (dando lugar a nuevos gobiernos), lo que hasta ahora Meloni no ha hecho.
Y es que Italia es una república parlamentaria en la que los gobiernos nacen o mueren con el voto de confianza de diputados y senadores. Para cambiar un Ejecutivo o simplemente para debilitarlo se necesitan mayorías parlamentarias alternativas a la gobernante, pero sorprendentemente el partido de Meloni mantiene hasta ahora 26 por ciento de consensos y con las otras fuerzas políticas de la coalición controla sin problemas ambas cámaras parlamentarias.
Antes de la fundación de la República italiana en 1946, el récord de duración de un Gobierno, con 7 mil 754 días, lo detentaba el dictador fascista Benito Mussolini, cuya herencia política fue recogida por el Movimiento Social Italiano, en el que Meloni inició su carrera política y del cual deriva Hermanos de Italia.
Pocos resultados
Para la mayoría de los analistas, un aspecto positivo del gobierno de Meloni es que ha mantenido la estabilidad económica y las cuentas en orden, con la prima de riesgo o riesgo país (que sintetiza la confianza de los mercados en una nación y condiciona el coste de su financiación) que bajó de 233 puntos en 2022 a los 80 actuales y un déficit que pasó de 8.1 por ciento a 3.1 por ciento en el mismo periodo.
Sin embargo, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se mantiene casi estancado, con un aumento de menos del 1 por ciento previsto para 2026, mientras la tasa del desempleo es de 5.6 por ciento, aunque los salarios italianos son de los más bajos de la Unión Europea (UE).
“El país está parado, la estabilidad es en realidad inmovilismo y el gobierno no ha hecho nada para no tocar los intereses de los sectores que lo han votado, pues su prioridad ha sido mantener el consenso”, afirma Veronica De Romanis, economista de la Universidad LUISS de Roma.
En un encuentro con la prensa extranjera, la experta resaltó que la estabilidad de la que presume Meloni debe ser un instrumento y no un objetivo.
“El objetivo de un país es crecer y Meloni no ha tenido una verdadera política económica, el déficit ha bajado sin que hiciera nada”, señaló.
Asimismo, todos los grandes proyectos que la primera ministra anunció con bombo y platillo para cambiar a Italia han fracasado.
En marzo, los italianos dieron un portazo en un referéndum a la propuesta del gobierno de una reconfiguración profunda del Poder Judicial, con la modificación de varios artículos de la Constitución. En particular, la propuesta contemplaba la separación de las carreras de jueces y fiscales, en lo que los críticos vieron un intento de debilitar la independencia del ministerio público y aumentar el control político pues la iniciativa incluía también la elección de algunos de sus miembros entre los nombres votados por el Parlamento.
Otra reforma propuesta por Meloni fue la de externalizar el problema de la migración ilegal, con la creación de centros de detención de indocumentados en Albania. Pero la iniciativa fue paralizada por los jueces.
Igualmente, en 2024 el Tribunal Constitucional rechazó la reforma federalista, que apuntaba a dar mayores poderes a las regiones, mientras la propuesta de reforma del sistema de pensiones no ha avanzado, así como tampoco la de bajar impuestos, con una presión fiscal estimada en 43.1 por ciento, la más alta en una década.
“Yo creo que la definición mas exacta de Meloni es la de una líder de una derecha nacionalista, pero pragmática, capaz de alcanzar niveles de acuerdo y vías diferentes a la intransigencia, como lo ha demostrado en su relación con Europa, moderando el nacionalismo que es su marca originaria, para encontrar su lugar, a pesar de que a menudo la oposición la acusa de ambigüedad”, resumió a MILENIO la exdiputada y periodista Flavia Perina.
La ruptura con Trump
En las relaciones internacionales, uno de los más sonados fracasos de Meloni ha sido su ruptura con el presidente estadunidense, Donald Trump, de quien se preciaba ser la “interlocutora en Europa”.
Tras la elección de Trump para su segundo periodo en noviembre de 2024, el mandatario estadunidense decía que Meloni era una persona “llena de energía y fantástica”. La primera ministra italiana fue la única líder de la UE en asistir a la toma de posesión del magnate en enero de 2025.
Trump recibió varias veces a Meloni y en octubre de 2025 exaltó en su red Social Truth el libro de la primera ministra italiana en su versión en inglés, titulado Yo soy Giorgia, mis raíces, mis principios.
“Giorgia está haciendo un trabajo increíble para el maravilloso pueblo italiano”, dijo Trump, según el cual, Meloni era “fuente de inspiración para todos”.
A inicios de 2026, el gobierno italiano aceptó participar como observador en el polémico Consejo de Paz en Gaza propuesto por el presidente estadunidense y el 23 de enero pasado Meloni llegó a decir que esperaba proponer a Trump para el Premio Nobel por la Paz.
La ruptura se produjo el 15 de abril, luego de que, tras un silencio criticado por diversas fuerzas políticas, Meloni dijo que eran “inaceptables” las palabras del mandatario estadunidense contra el papa León XIV, al que calificó de “terrible”, “débil” en política exterior y lo acusó de apoyar el plan de Irán de tener un arma nuclear.
En una entrevista con el diario Corriere della Sera, Trump también atacó a Meloni por su falta de apoyo en la ofensiva contra Irán en el estrecho de Ormuz.
“Pensaba que era diferente, no es la misma persona de antes y a ella no le importa si Irán tiene un arma nuclear que haría saltar por los aires a Italia en dos minutos”, tronó el republicano.
Meloni y Trump se vieron en la cumbre del Grupo de los 7 de Evián en junio, pero el 19 de ese mes el mandatario estadunidense atacó a la italiana en una entrevista con la televisora privada La7, en la que dijo que la primera ministra le había “suplicado” hacerse una fotografía con él.
“Me dio lástima”, dijo el estadunidense.
Meloni le respondió diciendo que ni Italia, ni ella suplicaba, aunque no respondió a sus sucesivos ataques.
El factor Vannacci
Sorprendentemente la principal amenaza para el gobierno de Meloni no ha llegado de la oposición de centroizquierda, dividida e incapaz de acordar el nombre de un líder unitario, sino de un personaje situado más a la derecha del espectro político: el exgeneral Roberto Vannacci, fundador del nuevo partido Futuro Nacional y quien reivindica ser el “verdadero” representante de una “derecha pura”.
En los sondeos de cara a las elecciones previstas a más tardar para el otoño de 2027 (pero que podrían adelantarse justamente para no dar mayor espacio de crecimiento a Vannacci), Futuro Nacional ya ha superado en las preferencias a los partidos Forza Italia y Liga, miembros de la coalición gubernamental al lado de Hermanos de Italia
Incluso, el diario británico Financial Times presentó a Vannacci como “el caballo de Troya” de Rusia en Italia.
Autor del libro El mundo al revés , en el que hace alarde de su racismo, sexismo y homofobia, el exgeneral fue inicialmente invitado a formar parte de la Liga en 2024, pero en febrero pasado se independizó y creó su propio partido, con el que promueve un modelo de sociedad resumido en la frase “patriarcado mediterráneo”.
Un punto central de su programa es el combate a la migración y, específicamente, apoyar la “remigración”, es decir, la deportación de indocumentados y extranjeros.
LJ