La imagen difuminada. Tal parecía que la íbamos a tener en la mente por siempre. Tal parecía que no había otra forma de percibir o ubicar al territorio palestino más que a través de la icónica imagen: un adolescente o muchachito, por lo general con el rostro cubierto, lanzando violentamente, a mano limpia o con resortera, una piedra sobre algún soldado o tanque de guerra israelí. Curiosamente, es la misma imagen que ha servido por años a ambos bandos, palestinos e israelíes, para llevar agua a su molino, sea este políticamente justo o no.
Como sea, en los días recientes la diplomacia palestina ha dado muestras de que su tarea a mediano y largo plazo es seria, sucinta y consistente. Y es que, por mayoría (138 países miembros a favor, nueve en contra y 41 abstenciones), el pasado 10 de septiembre la ONU aceptó a Palestina como "Estado observador". Así las cosas, la organización mundial de las naciones democráticas del mundo reconoce de manera implícita la soberanía de los palestinos respecto de los territorios ocupados por Israel.
Y aunque "Estado observador" no significa ser un Estado con plenos derechos ante la ONU (la luz verde para el caso la da el Consejo de Seguridad), este nuevo estatus de Palestina definitivamente refuerza la legitimidad de su lucha ante el mundo en contra de la ocupación.
El antecedente directo y México. El 31 de octubre de 2011, Palestina se convirtió en el Estado miembro número 195 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La Conferencia General de dicho organismo sesionó en París, votando la histórica resolución con 107 votos a favor, 52 abstenciones y 14 votos en contra. El inteligente y visionario Ministro de Relaciones Exteriores palestino, Riyad al-Malki, abría así una gran posibilidad para el objetivo mayor: el asiento en la ONU.
En su discurso de hace cuatro años dijo "es un momento histórico que le restituye a Palestina algunos de sus derechos... Palestina es cuna de las religiones y de las civilizaciones y, como tal, necesita la ayuda de la UNESCO para proteger de manera más efectiva el patrimonio histórico y cultural de la región".
La marcada influencia de Estados Unidos para votar en contra de la resolución no se hizo esperar, arrastrando hacia sus intereses la postura gris de la abstención por parte de Canadá, Alemania, México, Italia y Japón, por dar algunos nombres.
Luego de la resolución, Estados Unidos dijo que seguiría apoyando las causas de la UNESCO, pero que a partir de entonces revisaría con mayor detenimiento qué programas merecerían su financiamiento (cada depósito de la potencia sugiere unos 60 millones de euros, aproximadamente). Y es que Estados Unidos, de la mano de Israel, ya había acumulado 20 años de boicot contra el reconocimiento que al final recientemente aconteció.
Por supuesto, eso mermó más las posibilidades financieras de la UNESCO, dejando al organismo a una cuarta parte de su capacidad real de operación.
Descrito lo anterior, en su postura oficial defendiendo su abstención, México argumentó que a pesar de los pasos dados para lograr la paz duradera en Medio Oriente, estaba claro que aún no se resolvían temas fundamentales para poder propiciar la creación de un Estado Palestino soberano e independiente. Esencialmente, México aludía a que las pláticas de paz entre Israel y las autoridades del territorio palestino podrían verse afectadas con el materializado reconocimiento por parte de la UNESCO, y que eso, más que ayudar, perjudicaba el proceso de paz para ese ya añejo conflicto.
La decadencia diplomática. Desde la aceptación de Palestina en el seno de la UNESCO, Estados Unidos echó a andar su enorme poder de veto, dejando un sabor amargo entre el conjunto de las naciones, pues no quería de ningún modo y bajo ninguna circunstancia que Palestina fuera siquiera contemplada para ocupar un asiento en la ONU. Esta visión, hay que decirlo, fue compartida tanto por el gobierno como por el congreso estadunidense. Una verdadera aplanadora, pues.
Al leer varios reportes y análisis, uno puede pensar que Estados Unidos teme, y ve con muy malos ojos, entre otras muchas cosas, el acercamiento de Riyad al-Malki con Rusia, y quizás tenga razón, pero, ¿su estrategia diplomática respecto de Medio Oriente, en lo general, y del conflicto palestino-israelí, en lo particular, seguirá reduciéndose solo a esas ya repetitivas pláticas de paz, cuyos resultados concretos, a varias décadas de distancia, han dejado tanto qué desear?
Al margen de esta cuestión, el problema central que deja ver la potencia mundial es que a la hora de ciertas decisiones que requieren altura de miras para el bienestar del orbe, como es el caso, sencillamente es capaz de inclinarse por el aislamiento, dejando ver una peligrosa actitud pueril, atrasada y poco civilizada por parte del país más poderoso del mundo del que, por lo mismo, se esperaría una estrategia y una actitud muy diferentes, pero, sobre todo, mucho más democráticas, mucho más abiertas a otras posibilidades más congruentes con las nuevas condiciones de la realidad, por lo menos la del territorio palestino y las amplias zonas de la ocupación israelí.
La bandera de la ONU. En los próximos días se espera que la bandera palestina ondee en la sede de la ONU en Nueva York, colocando al país árabe con ese estatus precisamente a la par de Estados observadores como el del Vaticano, por el momento.
Samantha Power, la embajadora de Estados Unidos ante el organismo dijo que el reconocimiento, por lo menos para su país, no sustituye las pláticas de paz. Ron Prosor, el representante de Israel sugirió que "ningún voto puede transformar un gesto simbólico vacío en un Estado".
No obstante, la estrategia diplomática palestina parece estar cerrando una pinza muy bien armada ahora que EU tiene que diversificar sus intereses en la región, ahora que Israel está siendo señalado más que nunca por el mundo y ahora que, sobre todo, y de una manera sin precedentes, ha logrado que la Corte Penal Internacional aceptara en junio pasado un dossier que incluye crímenes de guerra por parte de dirigentes israelíes.
Por lo pronto, "el gesto simbólico vacío", desde la efectiva estrategia palestina, espera coronarse en los días que corren. La bandera palestina, en principio, ya tendrá que haber sido desplegada y ser perfectamente visible en la sede de la ONU a propósito de la visita del presidente de los palestinos, Mahmoud Abbas, quien pronunciará un discurso ante su Asamblea General el 30 de septiembre.