Una bomba tanto deportiva como mediática. De esta forma se podría definir el regreso de Nicolás Castillo al futbol mexicano, esta vez para vestir la casaca del América, equipo que desembolsó cerca de nueve millones de euros para hacerse de los servicios del ariete chileno.
Sin embargo, la contratación del andino, nuevamente ha obedecido un círculo vicioso para las Águilas, el cual lleva casi cinco décadas repitiéndose, el cual –en pocas palabras- consta de echar mano de una figura de los Pumas.
Se ha hecho costumbre. Ya sea traído del extranjero, o bien, surgido en la cantera universitaria, jugador que brille en el Pedregal, tarde o temprano, irá a parar a Coapa. Los casos que se han presentado a lo largo de la historia, casi completarían un XI.
BORJA, EL PRIMER CASO
El primer indicio ocurrió en marzo de 1969; uno de los fichajes con más polémica en la historia del futbol de nuestro país. Prácticamente, de un día para otro, Enrique Borja pasó de Pumas al América, por una cantidad superior a los 400 mil pesos de aquel tiempo. En principio, el delantero de Universidad no aceptó el cambio, puesto que él quería seguir en el cuadro auriazul.
Tras una serie de controversias, Borja firmó con las Águilas en julio de ese mismo año, lugar en donde se mantendría hasta 1977. En este lapso, el atacante fue tres veces campeón de goleo, ganó dos títulos de liga, un Campeón de Campeones, una Copa y una Concahampions.
EXPONENTES DE CANTERA
Pasaron casi dos décadas para que América volviera a adquirir una joya ya probada en los Pumas. Y qué mejor forma de hacerlo que repatriarar a Hugo Sánchez, quien después de 12 años de exitosa trayectoria en España, con el Atlético y el Real Madrid, volvió a nuestro país para jugar con los azulcremas.
Tan sólo estuvo una temporada en Coapa antes de regresar a la península ibérica; el máximo exponente de la cantera de Universidad Nacional, del que se hubiese esperado que regresara a la cuna, terminó por ponerse la playera amarilla.
Mismo caso con Luis García, en 1994, elemento que fue exportado por los Pumas a España y que, luego de tres años en dicho balompié, regresó a México, únicamente para vestir la indumentaria americanista. Su paso por Coapa fue más duradero, puesto que estuvo en el equipo hasta el Verano 97’, jugando 78 encuentros y anotando 40 goles.
En ese mismo 1997, América volvió a fichar otra joya salida de los auriazules. Alberto García Aspe, campeón con Pumas en la temporada 90-91’, volvió a México tras un paso efímero por River Plate. Dos años en el nido, en donde sólo pudo cosechar 11 dianas en 64 apariciones.
NO TAN SONADOS
Adolfo Ríos debutó en los Pumas en 1985, en donde se mantuvo durante cinco años más, hasta que en 1991, emigró al Veracruz y, posteriormente, al Necaxa. Para 1999, llegó a las Águilas, en donde se consolidó como titular, siendo una pieza clave en el campeonato del Verano 2002.
En esa misma época, estuvo Braulio Luna, elemento que se hizo notar en Univerdiad y que, para 1998, apareció en el América, club que lo arropó hasta el 2001.
Sambueza, por su parte, sí mostró su calidad en Pumas, pero su paso no fue duradero. Regresó a Argentina y, a la postre, volvería a México para jugar en Estudiantes Tecos. Fue ahí en donde Miguel Herrera, ya como estratega azulcrema, lo llevó a Coapa, en donde se volvió medular en los títulos del Clausura 2013 y Apertura 2014.
En últimos años, quizá los casos que más se recuerden sean los de Efraín Juárez, quien fue repatriado desde Escocia para llegar al América en 2012; aunque no tuvo la regularidad esperada, logró ser parte del equipo que logró el título en el Clausura 2013. El más reciente es el de Carlos Emilio Orrantía.