El cartel no busca eufemismos ni pide permiso. Escrito con plumón grueso sobre un cartón fluorescente, baila al ritmo de las playeras verdes con filos rojiblancos colgadas en este tendedero montado sobre Correo Mayor, en el Centro Histórico. El anuncio muestra la realidad del mercado: “CLON $150”.
A unos metros de Palacio Nacional, la fiebre mundialista ha dictado su propia economía. Ahí, entre cables y puestos de ropa, los ambulantes dejan en fuera de lugar a cualquier tienda de prestigio, cuya versión original Adidas —o al menos eso presume su etiqueta— es de mil 999 pesos ya con el descuento, porque el precio de lista puede alcanzar hasta los 3 mil 109 pesos.
Entrar a este cuadrante del Centro es hundirse en un universo donde es imposible entender los estratos de la piratería. Ya no es solo la copia burda; hay "clones espejo", "versiones de jugador" y saldos que confunden hasta al ojo más entrenado. Un mercado que se diferencia por telas, hilos sueltos, bordados, escudos termosellados, hologramas y códigos QR.
En los locales que también venden tenis, la oferta sube a 220 pesos por la playera blanca o la verde, con una textura que intenta imitar la porosidad del diseño original. Unos metros más adelante, en otra tienda, el precio se mantiene en los 200, pero la tela cambia: se siente distinta al tacto, más densa, y trae un empaque que dice Adidas. Para los que buscan el "kit" completo, aparece la oferta imbatible: la blanca a 170 pesos, pero ya incluye los shorts.
—¿A cómo, jefe? —pregunta el transeúnte frente a un perchero de alambre que exhibe el orgullo nacional en poliéster.
—La de aficionado te sale en 200 y la de jugador en 250 —suelta sin pestañear—. En la tienda esa madre está en más de tres mil. También Adidas, que no se pase de...
En el aparador de banqueta tiene la blanca de visitante, la de la Copa Oro y la clásica verde con su calendario azteca estilizado.
Señala los detalles: el logo de Originals con su trifolio o el de Performance con las tres franjas. Son réplicas que a los hermanos Dassler, creadores de la marca, habrían dejado perplejos.
—Mira la tela, ya trae "Clima Cool". Si tú la buscas en línea, es igualita, hasta trae sus códigos QR —insiste el vendedor, mientras muestra la etiqueta interior que, al escanearse, conduce a la página oficial.
La fiebre mundialista no se detiene en el textil. Si uno se interna en las plazas de mayoreo de mercancía de origen asiático, donde el olor a vinil domina el ambiente, el negocio de los accesorios se vuelve una ganga: llaveros, alcancías y merchandising no oficial, pero que se le parece.
Por ejemplo, en Tiara Mayorista (Importadora Jhasselin S.A. de C.V.) se puede adquirir a Zayu, Maple o Clutch, las mascotas del Mundial 2026, convertidas en figuras de PVC que desafían cualquier registro de marca.
El llavero de estas figuras se remata a tan solo 19 pesos; si el cliente decide llevarse más de cuatro piezas, el precio cae a los 17. Son figurillas que, al consultar el catálogo de mercancía oficial de la FIFA, simplemente no existen.
Aquí no importa si el jaguar tiene una expresión de susto, si el águila es lila cuando debería ser blanca o si el reno de goma está mal pintado; lo que importa es que, por un dólar, cualquiera puede llevarse un pedazo del Mundial.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) sabe bien que México es un punto crítico en la distribución global de mercancía ilícita.
En su reporte 2025 sobre los Mercados Notorios de Falsificación y Piratería, pone especial énfasis en la falsificación de artículos deportivos y la venta en tres centros neurálgicos donde la ilegalidad ocurre de manera abierta: Tepito en la Ciudad de México, así como el Mercado San Juan de Dios y El Santuario en Guadalajara.
De acuerdo con el documento, estos espacios no solo operan como puntos de venta al menudeo, sino como centros de distribución masiva que surten a mercados locales en todo México y Centroamérica, generando pérdidas multimillonarias para las empresas.
El gobierno de México ya comenzó a perseguir la piratería mundialista. La Secretaría de Marina (Semar), la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la Ciudad de México y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) dieron un manotazo directo a la estructura financiera del "Barrio Bravo": aseguraron 200 mil piezas deportivas, equivalentes a 30 toneladas de mercancía pirata, en la calle de Aztecas.
Pero en Correo Mayor aún no tocan el silbatazo final.
—¿Y ahora con los operativos, qué onda?
El comerciante se encoge de hombros y responde resignado:
—Si vienen, pos ya ni pedo...
HCM