A menos de un kilómetro del Estadio Azteca, en la colonia Campestre Churubusco, se encuentra una tienda que ha sido testigo silencioso de algunos de los capítulos más importantes del fútbol en México. Se trata de Soccerman, un negocio familiar que abrió sus puertas en 1955 y que, desde entonces, ha acompañado mundiales, Juegos Olímpicos y generaciones enteras de aficionados.
Ricardo, heredero del negocio, cuenta que la tienda fue pionera en la venta de artículos especializados cuando aún no existía la comercialización masiva de playeras oficiales.
Durante los Juegos Olímpicos de 1968, equipos africanos que no recibieron su equipaje encontraron solución en esta tienda, donde se les confeccionaron uniformes de emergencia.
Dos años después, en la Copa Mundial de la FIFA 1970, cuando todavía no era común que las marcas vendieran camisetas al público, el negocio ya era referencia para los aficionados que buscaban vestir como sus ídolos.
Con el paso del tiempo llegaron las grandes marcas y la fiebre por las camisetas oficiales. Soccerman presume haber traído por primera vez a México la playera del Real Madrid cuando vestía la marca Kelme, además de importar números oficiales directamente desde España. También fueron pioneros en introducir espinilleras europeas de alta calidad al mercado nacional.
Una de las historias que más ha alimentado la mística del lugar se remonta a la Copa Mundial de la FIFA 1986. De acuerdo con investigaciones periodísticas, el utilero de la selección argentina habría comprado en esta tienda las playeras de visita utilizadas ante Inglaterra.
En ese partido, Diego Maradona marcó primero el polémico gol conocido como la “Mano de Dios” y después el llamado “Gol del Siglo”. Años más tarde, esa camiseta alcanzaría cifras millonarias en subastas internacionales.
Ricardo recuerda que en aquella época no existía la cultura de conservar camisetas como piezas históricas. Hoy, dice, los coleccionistas han transformado el mercado y algunas ediciones especiales duplican o triplican su valor con el tiempo.
Durante décadas, la tienda vivió jornadas de auténtica euforia. Hubo momentos en que eran los únicos en todo el país con ciertas playeras oficiales en existencia, lo que provocaba filas y compras al mayoreo por parte de comerciantes.
Sin embargo, también han resentido el impacto de la piratería.
Ricardo asegura que la venta masiva de camisetas no oficiales ha reducido considerablemente el margen para negocios tradicionales que apuestan por el producto original.
Con un nuevo Mundial en puerta para México, la expectativa vuelve a crecer. La esperanza, dice el comerciante, es que visitantes nacionales y extranjeros opten por adquirir productos oficiales y que la pasión por el fútbol reactive la economía local.
Mientras tanto, Soccerman continúa operando como un punto emblemático para los amantes del balompié, un negocio familiar que, a la sombra del Estadio Azteca, ha vestido buena parte de la historia futbolística del país.
HCM