Pasan los días y Colombia sigue conquistando Guadalajara. Lo hace a su manera, con música, color, banderas y una alegría que parece no conocer límites.
Si un día antes el banderazo había tomado la Glorieta de la Minerva, esta vez la cita era para sufrir, cantar y celebrar junto a la selección cafetera.
La diosa griega sabe de campeones. Ha sido testigo de incontables festejos deportivos y desde temprano se preparó para una nueva historia.
Las pantallas encendidas anunciaban que la noche sería especial y los parceros respondieron como saben hacerlo: con tambores, camisetas amarillas, banderas tricolores y canciones que hicieron del corazón de Guadalajara una extensión de Bogotá, Medellín o Barranquilla.
Ante el triunfo de Colombia en el Estadio Guadalajara, La Minerva se ha convertido en el escenario de una fiesta bajo la lluvia.
— Telediario Guadalajara (@TelediarioGDL) June 24, 2026
Créditos: Usi Toledo pic.twitter.com/TUKeMD2l3X
Ya nadie canta que Guadalajara es la casa de Colombia como una simple ocurrencia. La frase se ha convertido en realidad. El amarillo, azul y rojo cubrieron la glorieta mientras miles de voces transformaban el monumento más emblemático de la ciudad en un auténtico carnaval cafetero.
Sonó el silbatazo inicial y con él llegaron las ilusiones depositadas en James Rodríguez, Luis Díaz, Camilo Vargas y compañía.
El himno colombiano retumbó con fuerza, elevándose al cielo tapatío y recorriendo simbólicamente los más de tres mil kilómetros que separan a Guadalajara de la capital colombiana. Por un instante, la distancia desapareció.
Llegaron las ocasiones, los gritos ahogados y la tensión propia de una selección que buscaba un resultado histórico.
Ante el triunfo de Colombia en el Estadio Guadalajara, La Minerva se ha convertido en el escenario de una fiesta bajo la lluvia.
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La lluvia apareció para poner a prueba la fidelidad de los miles de aficionados que permanecieron firmes bajo el agua, aferrados a la esperanza de un gol.
Y entonces llegó. Al minuto 76 explotó la Minerva. Lo que la lluvia intentó apagar durante varios minutos fue encendido por una sola jugada. El festejo fue inmediato. Saltos, abrazos, lágrimas y cánticos que hicieron temblar la glorieta.
Cuando sonó el silbatazo final, Colombia tenía tres puntos históricos y Guadalajara otra noche inolvidable.
Una ciudad que los colombianos han hecho suya por estos días y que, con la Minerva como testigo y la fiesta de fondo, confirmó que hay noches en las que simplemente no se puede dormir.
RGS