En un torneo donde las camisetas representan países, una llamó especialmente la atención entre la multitud. No era la de Japón, sino la de las Chivas.
Quien la portaba era Kiromitsu Haratake, originario de Kumamoto, Japón, pero desde hace tres años vecino de Guadalajara.
El tiempo ha sido suficiente para adoptar una de las mayores tradiciones futboleras de la ciudad y convertirse en aficionado de Chivas.
Con una sonrisa reconoce que eligió la playera rojiblanca simplemente porque le gusta. Guadalajara terminó por contagiarle la pasión por Chivas, un equipo al que asegura seguir desde que llegó a vivir a la Perla Tapatía.
Aunque ya presume con orgullo los colores rojiblancos, cuando llega el momento de elegir entre su club adoptivo y su país, la respuesta no tarda en aparecer.
Entre risas admite que la decisión es complicada, pero en una Copa del Mundo el corazón pesa más que cualquier otra cosa.
"¡Japón!", responde convencido al ser cuestionado sobre quién preferiría ver campeón. "Porque es Copa Mundial".
Historias como la de Kiromitsu reflejan cómo el futbol rompe fronteras.
Un japonés que encontró en Guadalajara un nuevo hogar y en Chivas una nueva pasión, pero que durante el Mundial sigue alentando al país que lo vio nacer.
FCM