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Domingo , 24.03.2019 / 05:47 Hoy

Vivir con VIH (Segunda parte)

Mujeres diagnosticadas con VIH viven con doble discriminación, tanto de género como por ser portadoras del virus; algunas de ellas se unieron a la lucha por los derechos así como a organizaciones.

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La epidemia del VIH llegó a México en los años 80. El desconocimiento, la ignorancia y la mortandad generada por el virus provocó una crisis en el sector salud y su mecanismo para atender esta epidemia tuvo que evolucionar. En ese proceso hubo decenas de víctimas mortales del VIH.

En el marco de esa lucha también se inscribe la lucha de las mujeres con VIH. Personas que enfrentaron una doble discriminación: por género y por ser portadoras de VIH. Muchas de ellas se unieron a la lucha por los derechos de los portadores del virus porque sus familiares o amigos lo eran y necesitaban una atención médica adecuada. Participaron activamente en la formación y consolidación de organizaciones que, posteriormente, lograrían incluir los medicamentos retrovirales en el Cuadro de Medicamentos Básicos del Seguro Social.

GEORGINA: LA LUCHA POR LA VIDA


Georgina Gutiérrez tiene 56 años. Es la presidenta del Movimiento Mexicano de Ciudadanía Positiva. Ella se integró en los 80 al activismo en pro de las personas con VIH. Su novio había sido diagnosticado como portador y pronosticaban que sólo viviría seis meses. Ella se documentó al respecto y al entender que el virus afecta el sistema inmune cuestionó a los médicos sobre el tratamiento. “Yo les decía ‘ya entiendo que el tiene sida, ¿pero a parte qué tiene?’. Me respondían ‘es que él tiene una anemia y es lo que lo está matando’. Entonces yo les pregunté ‘¿y qué hay para eso?’. ‘Pues le podríamos poner unas transfusiones sanguíneas [pero] para qué desperdiciamos sangre si ya se va a morir’, fue la respuesta de los médicos.”.

Los médicos también daban por hecho que ella era portadora pues había tenido relaciones sexuales sin protección con su novio. La forzaron a hacerse los análisis más de una vez. “¡Tú debes tener SIDA!”, le decían los doctores. “Y ahí fue donde como que me empecé a empoderar y darme cuenta que teníamos derechos; que éramos ciudadanas y ciudadanos con derechos”, asegura.

Exigió y obtuvo el tratamiento adecuado en ese momento para su novio quien no vivió sólo seis meses, sino muchos años más. Después de esa experiencia personal, decidió unirse con otras personas que atravesaban ese proceso discriminatorio y juntos comenzaron su lucha. En los plantones de las protestas de los años 90 “íbamos con unos pasamontañas blancos, porque teníamos muchísimo miedo a la discriminación. Los compañeros decían ‘si me descubren me van a correr de mi trabajo, ¿y de qué vivo?. ´’Si me descubren van a señalar a mis hijos aunque no tengan sida y los van a sacar de la escuela’”.

Para Georgina, las mujeres con VIH viven una doble discriminación. “Yo creo que las mujeres tenemos también esa desventaja de la violencia de género, de la inequidad de género que sigue habiendo, de menor toma de decisiones, por supuesto, y biológica. Las mujeres tenemos de 10 a 12 veces más probabilidades de adquirir cualquier ETS”.

Asegura conocer muchos casos en los que mujeres “fueron violentadas en sus derechos sexuales y reproductivos. A varias de ellas les quitaron el útero en cuanto supieron el diagnostico […]. Ósea, cercenar una parte fundamental del ser humano […] y que te digan ‘como tienes VIH, ya no puedes coger’; ‘como tienes VIH, ya no puedes tener hijos y me voy a asegurar quitándote la matriz”, señala.

A través de la organización que dirige, Georgina se ha puesto en contacto con muchas amas de casa y personas que exigen sus derechos. Trabaja con pacientes VIH positivos en distintas partes del país, incluyendo a la población portadora del virus que vive al interior del penal de Santa Martha, en la Ciudad de México. “Mi llamado es a seguir siendo sensibles. A ser cada vez más respetuosos […] y admitir que vivimos en una sociedad y en un mundo diverso, que tenemos que aprender a conocernos y reconocernos para avanzar […], para seguir avanzando como humanidad”, concluye.

RUTH: DISCRIMINACIÓN FAMILIAR


Ruth López tiene 54 años. Hace 12 años le informaron que era VIH positivo. Para obtener su diagnóstico tuvo que recorrer diversos hospitales durante un año, pues en ninguno le realizaron los estudios correctos; sólo le daban medicamentos para la diarrea que padecía.

Ruth nunca pensó que podría contraer VIH. Enterarse de ello le generó un fuerte shock, mismo que se agravó cuando la doctora que la diagnosticó le pronosticó sólo tres meses más de vida. Acudió al INCAN, donde le indicaron que tener VIH no era sinónimo de muerte y que, si tomaba los medicamentos correctos y seguía al pie de la letra el tratamiento, podría vivir muchos años más.

Pero el calvario de Ruth no terminó ahí. Enfrentó la enfermedad sólo con el apoyo de su mamá y dos de sus hermanos. Al fallecer su madre, ésta le heredó la casa que habitaban para que pudiese costear sus gastos médicos. “Mi madre ya falleció, y ahorita mis hermanos me quieren sacar de la casa, cuando mi mamá me dio una sucesión de derechos. […]Hicieron unos papeles falsos en los que ellos dicen que son los únicos hijos, cuando nosotros somos 12 hermanos”.

Desde entonces ha recibido muchas agresiones por parte de familiares. “Me han llegado a pegar, hasta me han sacado la pistola para querer matarme”, asegura. “Me dicen que para qué quiero yo la casa si ya me voy a morir”.

Ruth trabajaba en un salón de belleza, pero se vio forzada a abandonar su labor debido a los comentarios discriminatorios. “Yo trabajaba en una sala de belleza y se oían comentarios de la gente diciendo que yo era una sidosa. Ya no fui a trabajar porque ya no llegaba gente debido a que yo tenía SIDA y creían que los podía infectar”.

Actualmente Ruth colabora en el Movimiento Mexicano de Ciudadanía Positiva. Ahí, afirma, aprendió a defenderse de las agresiones, y encontró el apoyo que necesitaba para ver la vida de una forma distinta. “Yo pienso vivir todavía más porque tengo una familia a quien yo les hago falta”, señala Ruth.

FLOR: BUROCRACIA Y DISCRIMINACIÓN


Hace 22 años Flor fue diagnosticada con VIH. Hoy, a sus 65 años, Flor Nájera sigue luchando por los derechos de las personas con VIH. Complicaciones de salud la llevaron al hospital donde le hicieron los estudios y determinaron que era portadora del VIH.

Había trabajado 20 años en el Colegio de Bachilleres; incluso fue líder sindical. ”Trabajé dos años después de que supe mi diagnóstico. Más ya no, porque no podía con ese estigma y discriminación que yo misma tenía”

Así es como ella se acercó a los grupos de ayuda y conoció a Georgina, con quien ha trabajado desde hace ya muchos años y con quien colaboró en la creación del Movimiento Mexicano de Ciudadanía Positiva A.C.

Dentro de la asociación ella comenzó a informarse sobre el VIH y a trabajar con otras personas portadoras del virus. “Empecé a empoderarme, a saber que yo tenía derechos”. Estas actividades cambiaron su forma de asumir su condición como portadora de VIH. “Yo creo que Dios me mandó una misión. Más que un castigo, es una misión y tengo que cumplirla”, afirma.

En la actualidad ella funge como representante de muchas personas con VIH que, por distintas razones, no pueden recoger su medicamento de manera mensual; el trabajo o situaciones familiares hace que muchos pacientes registrados en la Ciudad de México no puedan asistir a surtir sus recetas médicas. A través de la asociación lograron establecer un acuerdo con instituciones de salud pública para que Flor pudiese surtir las recetas de sus compañeros. No obstante, a pesar del acuerdo, mes con mes se enfrenta a una burocracia que dificulta su labor.

Flor considera que es una discriminación de género, ya que cuando algunos de sus compañeros hombres acuden con recetas de terceros los medicamentos les son surtidos sin complicaciones. Hace tres meses enviaron un documento a todas las áreas de gobierno para informar la situación. No han recibido respuesta.

Esta situación le resulta alarmante ya que le recuerda las épocas en que muchos de sus amigos y compañeros de los grupos de ayuda fallecieron sin recibir atención médica, debido a las trabas burocráticas y la discriminación. Flor urge a quienes deben atender este tipo de procedimientos en las instituciones de salud a poner más atención en los mecanismos y facilitar la atención médica y los medicamentos necesarios a quienes lo requieran.

JOS

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